Analizando históricamente El Ministerio del Tiempo: Capítulo 13 - Un virus de otro tiempo

Una gripe muy poco española

Por Laia San José Beltrán

Una de las epidemias más sonadas de la historia – por su alcance y por lo documentada que está – es la que conocemos con el nombre de Gripe Española, Spanish Flu o Spanish Lady y sucedió en 1918. Sin embargo, de española, en sí, tenía más bien poco. O nada.

¿Por qué se le llamó, entonces, Gripe Española? Pues porque recibió mayor atención y más difusión por parte de la prensa española que por parte de ninguna otra. Pero no porque naciese en España, o porque la descubriese un español, no. En el momento del estallido de la epidemia el mundo se encontraba sumergido en el final de la Primera Guerra Mundial, la Gran Guerra, y España era un país neutral que no había participado en la misma. En los países que sí participaban en la guerra y que se vieron infectados por la epidemia la información sobre el suceso –y especialmente sobre sus terribles consecuencias– se censuró tajantemente, para no minar la moral tanto de la población como de aquellos que se encontraban en el campo de batalla luchando por su país. Como España no censuró la información, parecía que era el único país que estaba sufriendo la epidemia y que ésta se había originado aquí.

Curiosamente, en España no se llamó en ningún momento Gripe Española, sino que recibió nombres de lo más peculiares. Se la bautizó como “El soldado de Nápoles”, en referencia a la zarzuela “La canción del olvido” que se había estrenado en Madrid durante los inicios de la epidemia. ¿Por qué este nombre tan extraño para una enfermedad? Pues porque decían que la gripe era tan pegadiza como el estribillo de la canción “El soldado de Nápoles”.

El soldado de nápoles en los periódicos españoles de la época - Wikimedia Commons.

El soldado de nápoles en los periódicos españoles de la época - Wikimedia Commons.

Se ha considerado la mayor catástrofe sanitaria de todo el siglo XX ya que, en menos de un año, se produjeron entre 25 y 50 millones de muertes, aunque otras fuentes aseguran que la cifra ascendió a entre 50 y 100 millones de víctimas. Ello se debe a que su tasa de mortalidad era tremendamente elevada (entre el 10 y el 20% de los infectados fallecía, frente al 0,1% de la gripe estacional) y afectaba, sobre todo, a adultos saludables ya niños. Se estima que se infectó entre un tercio y el 50% de la población según la zona y que murió entre el 3% y el 6% de la población mundial.

¿A quién afectaba? Pues frente a los patrones de mortalidad estándar de la gripe estacional – la que sufrimos cada año cuando llega la época – que incluyen a personas inmunodeprimidas, niños y ancianos, la gripe española afectaba especialmente a jóvenes y adultos – además de los colectivos de riesgo de la gripe estacional –. Para verlo con un ejemplo, en Estados Unidos el 99% de los infectados entre 1918 y 1919 fueron varones menores de 65 años. De los infectados, la mitad tenían entre 20 y 40 años. ¿Por qué no afectaba a ancianos, cuando son el colectivo más castigado por este tipo de enfermedades? Se apunta a que las personas mayores de 65 años serían inmunes a la Gripe Española por haber pasado con anterioridad la Gripe Rusa de 1889-1890 y que ésta primera sería una mutación de la segunda. Por otro lado, la gripes estacional suele llegar con el cambio de tiempo otoño – invierno, de ahí su nombre. La Gripe Española llegó en primavera y verano.

La Gripe Española en cifras mortales

  • China --> 30 millones, el 35% aproximadamente de su población.
  • India Británica --> Entre 10 y 17 millones de personas.
  • África Subsahariana --> Alrededor de 2 millones de personas.
  • Sudáfrica --> Sin cifras exactas. Murieron y desaparecieron comunidades enteras.
  • EEUU --> Casi 700.000 personas. Y comunidades enteras en Alaska.
  • Italia --> 400.000 personas.
  • Francia --> 400.000 personas.
  • Japón --> 390.000 personas.
  • Brasil --> 300.000 personas.
  • España --> 300.000 personas.
  • Samoa Occidental --> 40% de la población.
  • Reino Unido --> 250.000 personas.
  • Australia --> 80.000 personas
  • Chile --> 24.000 personas.
  • Venezuela --> 25.000 personas.
 Hospital improvisado en Kansas durante el brote. - Wikimedia Commons.


Hospital improvisado en Kansas durante el brote. - Wikimedia Commons.

¿Dónde se originó? Las hipótesis sobre dónde se produjo el primer foco son muchas, desde el lejano oriente, allá por China y mutado en EEUU, pasando por Kansas o Austria. La hipótesis más aceptada –que no concluyente– a es la que sitúa el primer foco en Fort Riley (en el actual estado americano de Kansas) a principios de marzo de 1918. Se dice que ese mismo día enfermaron más de cien soldados y que a los pocos días la cifra ascendía a más de 500 y había alcanzado Nueva York también. Rápidamente mutó y se expandió. En agosto de 1918 ya la encontrábamos en Best, un distrito francés por cuyo puerto entraban en aquel momento la mitad de las tropas aliadas procedentes de Estados Unidos para combatir en Europa durante la Primera Guerra Mundial. Otras hipótesis hablan de los hospitales y acuartelamientos que había en Étaples, Francia, y que el virus habría llegado procedente de las aves, que habría mutado a los cerdos, que estaban muy cerca del frente y habrían iniciado el contagio en humanos dando lugar a la primera oleada de la gripe. Desde Francia se expandiría al resto de países Europeos, entre ellos España, y a todos aquellos territorios en los que las tropas de la Primera Guerra Mundial estuvieron presentes combatiendo.

¿Por qué se expandió con tanta rapidez y tanta virulencia? Pues, como causa pero no como origen de la guerra. Los cuarteles estaban muy cerca unos de otros, se producían constantes movimientos de tropas a grandes distancias debido a los avances y mejoras de la tecnología en cando a los sistemas de transporte y comunicación, los soldados –debilitados por el estrés de la guerra, los ataques químicos, la mala alimentación y la nefasta higiene en las trincheras– tenían el sistema inmunológico absolutamente debilitado, lo que favorecía la infección y, con sus movimientos por todo el mundo, el contagio masivo.

Además, los síntomas de la enfermedad eran de extrema gravedad y se consideraban raros para ser una gripe, por lo que en un primer momento se diagnosticó como dengue, cólera o fiebre tifoidea. Los infectados sufrían hemorragias en la nariz, el estómago, intestino y oídos, así como petequias en la piel. La mayoría de las muertes se produjeron por neumonía bacteriana, como consecuencia secundaria de la gripe, o por las hemorragias masivas.

Soldados estadounidenses convalecientes de la gripe española en 1918 en Langres (Francia). age fotostock

Soldados estadounidenses convalecientes de la gripe española en 1918 en Langres (Francia). age fotostock

Por otro lado, las medidas preventivas no fueron suficientes y efectivas y la segunda oleada de la gripe fue mucho peor que la primera. En los entornos civiles, donde la cepa de la gripe era leve, la gente enferma se quedaba en sus casas y se recuperaba– o fallecía –mientras continuaban con sus vidas y con sus labores. En los entornos de guerra la cosa fue muy diferente; los infectados leves se quedaban en los hospitales de trinchera, mientras que los graves eran enviados a hospitales de campaña transportados entrenes en los que también viajaban mercancías y población civil, con lo que se propagó la enfermedad por todo el mundo, en vez de contenerla.

Se le ha tildado del mayor holocausto médico de la historia, sin embargo, tal vez no sea del todo acertada esta afirmación si pensamos en la Peste Negra de mediados del siglo XIV. Es posible que en cifras totales la Gripe Española de 1918 matase a muchas más personas que la Peste Negra de 1348, sin embargo, en proporción no fue así ya que el total de la población de 1348 distaba muchísimo de ser el total de la población mundial de principios del siglo XX, muchísimo más numerosa. Se estima que la Peste Negra acabó con un tercio de la población total, una cifra, cuando menos, espeluznante.

Como curiosidad; para poder estudiarla en el futuro, ya que en aquel entonces no se pudo, se congelaron víctimas de la gripe para emplear muestras de su tejido cuando fuese posible.

Aunque no todas las zonas afectadas perdieron la misma cantidad de población o tuvieron consecuencias exactas lo que sí fue una constante es la sacudida que la gripe supuso para la vida cotidiana; gran parte de la población quedó incapacitada, comercios cerrados por falta de personal y de clientes, falta de personal médico y de sepultureros, por lo que tuvieron que emplearse fosas comunes sin ataúdes y sin entierros propiamente dichos, territorios insulares incomunicados y gran vacío demográfico en rangos de población masculina joven.

Edvard Munch. Autorretrato después de la gripe española, 191

Edvard Munch. Autorretrato después de la gripe española, 191

Fue tanto el alcance que incluso conocemos personajes famosos que perecieron a causa de esta epidemia, como por ejemplo el arquitecto Otto Wagner, el pinto austríaco Koloman Moser, el líder bolchevique Yákov Sverdlov, el político británico Mark Skyes, el famosísimo economista, político y sociólogo alemán Max Weber o el príncipe Erik de Suecia y Noruega.

Otra de las consecuencias que tuvo esta epidemia fue directamente sobre la Primera Guerra Mundial; inclinó la balanza de poder durante los últimos coletazos de ésta en pro de la causa alidada ya que Alemania y el Imperio Austrohúngaro sufrieron cuantiosísimas bajas, bastantes más que Gran Bretaña o Francia.

La Gran Guerra se libró entre julio de 1914 y noviembre de 1918 entre el bando de las Potencias Centrales –Imperio Austrohúngaro, Imperio Alemán, Imperio Otomano y Reino de Bulgaria– y el bando de los Aliados –Francia, Gran Bretaña, Imperio Ruso, Reino de Italia, Estados Unidos, Imperio de Japón y Grecia–.

Bibliografía

GARCÍA GONZÁLEZ , Alberto. «Avances y tendencias actuales en el estudio de la pandemia de gripe de 1918-1919». Vínculos de Historia, núm. 2 2013, 309-330.

MONTES-SANTIAGO, Julio. «El beso mortal de la “Dama Española”.  La gripe de 1918: un asesino de artistas geniales», Galicia Clin 2010; 71 (1): 37-39.

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Carmen Amaya; del Somorrostro al mundo

Por Marta Elías Viana

La Capitana

No se sabe a ciencia cierta en qué año nació Carmen, pero se calcula que debió ser en 1918. Su padre era guitarrista profesional, de apodo “el Chino”, y su madre bailaora esporádica. Su tía, conocida como “la Faraona” (antes que Lola Flores, no debemos confundirlas) sí se dedicaba al flamenco de forma profesional. En este ambiente, la propia Carmen y cinco de sus seis hermanos siguieron el mismo camino.

Carmen comenzó bailando junto a su tía y su prima desde pequeña, acompañándolas por distintos tablaos de Barcelona, e incluso una actuación en París. Pero fue en 1931 cuando el periodista Sebastià Gasch destacó por primera vez su baile en la revista “Mirador”. Su fama empieza a crecer en los años siguientes y la familia se traslada de las barracas a un piso en el Barrio Chino. Desde entonces y hasta el comienzo de la Guerra Civil, Carmen comparte escenario con las figuras más importantes del flamenco y participa en una serie de papeles que la consolidan como artista. “María de la O” (1936) es su papel más conocido y el primero en el que fue protagonista.

Parte del reportaje que dedicó la Revista norteamericana "Life" a Carmen Amaya

Unos pocos meses después de ese papel, Carmen y su familia salen desde Lisboa camino a Buenos Aires, donde el éxito de su espectáculo fue tal que se prorrogó un año y derivó en una gira por todo el continente americano, primero en Latino América y culminando en Nueva York en 1940. Los siguientes años fueron su etapa dorada, participando en películas de diversos países y actuando en los escenarios.

En 1947, tras la muerte de su padre en Argentina el año anterior, vuelve a España ya en calidad de estrella internacional y continuó presentando sus espectáculos en los teatros de las ciudades más importantes de Europa y América hasta 1963, cuando la insuficiencia renal congénita que padecía no le permitió continuar. Por su propia voluntad, los últimos días los pasó en el Mas Pinc en Begur (Girona), hasta su fallecimiento el 19 de noviembre de 1963.

El Somorrostro

En el espacio que actualmente ocupa la playa desde el Hospital del Mar a la calle Marina se extendía el barrio de barracas del Somorrostro. No se sabe con certeza su origen, aunque se lo menciona por primera vez en 1875. La vida allí era problemática, y no sólo por las condiciones de insalubridad y delincuencia habituales en aquella clase de emplazamientos. Además, la barriada sufría directamente el efecto de los temporales con inundaciones.

La fama la debe a ser el lugar de nacimiento de Carmen Amaya. Gracias a ello, el barrio apareció también en el

Vista aérea del Somorrostro en los años 50. Enciclopedia del Poble Nou en 135 veus

Vista aérea del Somorrostro en los años 50. Enciclopedia del Poble Nou en 135 veus

cine en la película “Los Tarantos” (1963), en la que participaba la propia bailaora, y hemos podido ver referencias a este lugar en la literatura.

Su final está marcado por la visita de Francisco Franco en 1966 con motivo de los actos de la Semana Naval. Ya se habían ido eliminando tramos para abrir la ciudad al mar. En uno de ellos se instaló en 1959 una fuente en homenaje a Carmen Amaya al que asistió la propia artista. Pero la excusa para poner fin a ese problema fue evitar que el caudillo viera las barracas. En aquel momento terminaron de realojar a sus ocupantes en viviendas sociales en Badalona y la barriada desapareció definitivamente.

Desde 2010, un tramo de playa en el que antaño se erguía el barrio se ha rebautizado como “Playa del Somorrostro” en su recuerdo.

El barraquismo en Barcelona: su auge desde los años 20

El fenómeno del barraquismo en la ciudad comenzó crecer de forma significativa a partir del año 1920, cuando las obras de construcción del metro atrajeron a un gran número de inmigrantes. Para el año siguiente, la falda de Montjuïc se había convertido en un enclave de unas dos mil barracas. A lo largo de la década, el número se incrementó exponencialmente al añadirle otro atractivo laboral: los preparativos de la Exposición Universal de 1929. De dos mil pasaron a ser quince mil y a extenderse a otras zonas periféricas. En este momento, las barriadas de barracas comenzaron a convertirse en un problema para la ciudad por ser un foco de delincuencia, al margen de las pésimas condiciones sociales y sanitarias.

En 1922 se empezó a tratar el problema con el objetivo de hacer desaparecer el barraquismo, pero no fue hasta 1927 cuando el Patronato de la Habitación de Barcelona proyectó cuatro grupos de viviendas sociales. La medida redujo la población alojada en estas barriadas, pero no solucionó el problema.

Una nueva oleada de inmigración llegó a la ciudad al terminar la Guerra Civil, llegando entonces a una expansión sin precedentes de los barrios de barracas tanto en zonas periféricas como del interior, incluyendo terrenos de propiedad privada. A partir de 1949 se tomaron nuevas medidas, como la sustitución del Patronato de Habitación por el Instituto Municipal de la Vivienda que llevó a cabo un censo detallado.

BIBLIOGRAFÍA
COCA ROS, JOAQUÍN “El barraquismo barcelonés cumplió sesenta años”. Artículo del Martes 17 de Agosto de 1982. Página 13. La Vanguardia. Disponible en la Hemeroteca de La Vanguardia.
http://www.lavanguardia.com/hemeroteca/20110625/54174821976/desaparece-el-somorrostro.html
www.tablaodecarmen.com

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Las Exposiciones Universales

Por Marta Elías Viana

¿Qué fueron en su origen y cómo surge la idea de las Exposiciones Universales?

Las Exposiciones Universales fueron una forma para las potencias de la segunda mitad del siglo XIX de presumir de sus logros y “competir” con las demás naciones bajo el manto de las relaciones comerciales. Nos encontramos en el contexto de dos procesos clave como son el imperialismo y la revolución industrial, y en los que asistimos a lo que se podría llamar un primer proceso de globalización en el que se hacía necesaria una nueva forma de relación entre los imperios. Al primer aspecto, más técnico, se le incorporó otro cultural que les permitía darse a conocer. Para el visitante común, fue éste último el más importante- En el siglo XIX, la información acerca de las demás naciones era limitada y, normalmente, subjetiva según la relación que mantuvieran con el propio país o sus antecedentes históricos. Las Exposiciones fueron una revelación para aquellos que pudieran visitarlas por placer o por trabajo. Es el caso de las crónicas de diversos periodistas, como Emilia Pardo Bazán, que describieron sus impresiones de forma literaria.

Francia ya poseía una tradición de exposiciones dentro de sus fronteras desde 1790 e imitada en otros países a nivel nacional. Sin embargo, la visita del príncipe Alberto —esposo de la reina Victoria— a la celebrada en París en 1844 le dio la idea de celebrar una en Londres para mostrar sus progresos a escala mundial. Así nació en 1851 a la primera Exposición Universal, celebrada en el Palacio de Cristal del Hyde Park en Londres. Ésta llevó el título de “Gran Exposición de los Trabajos de la Industria de todas las Naciones” y se considera también la primera en incorporar productos manufacturados además de tecnológicos y artísticos como sus predecesoras. El propio edificio del Palacio de Cristal fue una de las maravillas construidas expresamente para este evento. Además tiene el honor de ser el primero en construirse con un sistema de módulos.

La evolución de las Exposiciones Universales

Desde este momento, las conocidas como “Universales” son las llamadas “Registradas” por la Oficina Internacional de Exposiciones (BIE), y cuya duración abarca de entre 6 semanas a 6 meses. Existe otro tipo de exposición también de carácter mundial, que son las “Internacionales” o “Reconocidas” y se distinguen de las Universales por ser de una duración más corta, de entre 3 semanas y 3 meses.

A lo largo de los tiempos, el objetivo inicial de presentar avances y establecer lazos comerciales derivó, sobre todo a partir de la primera mitad del siglo XX, en un intercambio cultural que primaba sobre los demás aspectos. A finales de este siglo, su finalidad vuelve a transformarse y se centra en la autopromoción de cada país hasta llegar a la actualidad, donde se incorporan los tres elementos. Sin embargo, las Exposiciones Universales no tienen en la actualidad el peso de las de finales del XIX.

Cada país aportaba sus propios productos y logros, compitiendo en destacar en algún campo, y edificaba su propio pabellón para presentarlos. A veces, el atractivo podía ser la exhibición de un objeto, como el de una de las copias originales de la Constitución Americana en la Exposición Universal de Sevilla de 1992, o el de la Compra de Luisiana en la de San Luis de 1904. Otras veces, el mismo país que albergaba la exposición se esmeraba en impresionar con la infraestructura. El caso más conocido es el de la Torre Eiffel, construida para la Exposición de París de 1889 y que ha acabado convirtiéndose en el símbolo de la ciudad. El contenido a exportar abarcaba una amplia cantidad de categorías, desde la alimentación hasta la ciencia. En algunos casos, las Exposiciones Universales coincidían con la celebración de unos Juegos Olímpicos en otra ciudad del mismo país.

Litografía aérea de la Exposición Universal de París de 1889

Litografía aérea de la Exposición Universal de París de 1889

Las principales Exposiciones Universales desde finales del siglo XIX y los avances que conllevaron

1888 Barcelona: Su repercusión fue más bien urbanística. Se construyeron en la propia área de exhibición, el parque de la Ciutadella, edificios como el Arco del Triunfo —construido como entrada—, el Castillo de los Tres Dragones o la propia Cascada Monumental. Pero También en el resto de la universidad quedan vestigios; el monumento a Colón, el Palacio de Justicia o la instalación de Las Golondrinas, las famosas embarcaciones turísticas. La anécdota aquí fue que Gustave Eiffel propuso al Ayuntamiento de Barcelona la construcción de la torre, pero les pareció demasiado rara y rechazaron el proyecto. Al año siguiente lo presentó en París, con el resultado que ya conocemos.

1889 París: Como ya hemos mencionado, la estrella de esta Exposición fue la Torre Eiffel. Destacaron también los pabellones monumentales de Argentina y Chile, ambos desmontados al finalizar y trasladados a sus respectivos países. El pabellón Argentino fue demolido en 1932, pero el chileno se conserva en la actualidad.

1893 Chicago: Su peculiar característica fue incorporar un parque de atracciones con una gran noria con capacidad para más de dos mil pasajeros. Gracias a ese acierto, la Exposición se salvó de la bancarrota.

1897 Bruselas: Lo más destacable, a diferencia de las anteriores, no sería a día de hoy motivo de orgullo. La atracción principal fue la representación del Congo traída por el rey Leopoldo II, en la que se exhibía a 267 africanos entre hombres, mujeres y niños. Los visitantes les lanzaban comida hasta que la organización tuvo que colocar un cartel indicando que “los negros son alimentados por el comité organizador”.

1900 París: Una vez más, fueros las construcciones el elemento destacable, pero ya no al nivel de la Exposición de 1889. De ésta salieron el actual Museo de Orsay, el Grand y el Petit Palais y el puente de Alejandro III.

1904 Saint Louis: Se presentó la bebida carbonatada Dr. Pepper y se popularizaron alimentos que ya eran famosos en Estados Unidos, como la hamburguesa.

Tras éstas, a lo largo del siglo XX se sucedieron una serie de exposiciones con una temática principal como hilo conductor, pero cuyas innovaciones o construcciones han sido efímeras y no han perdurado, o lo han hecho en malas condiciones.

La Expo ’92 de Sevilla

Aunque no llegamos a verla en el capítulo de esta semana, muchos la tenemos fresca en la memoria por ser parte de nuestra historia reciente. Los elementos más populares y recordados son la conmemoración del V Centenario del Descubrimiento de América, que fue el tema bajo el nombre de “La Era de los Descubrimientos”, y, por supuesto, su mascota Curro. Para ello se construyeron réplicas de las tres carabelas y de la nao Victoria. Ésta última protagonizó un sonado incidente cuando la botaron y se volcó, teniendo que rescatar a Curro —la actriz que iba dentro, claro— de ésta.

La Expo, que recibió más de 40 millones de visitantes, duró seis meses y participaron en ella 112 países. Para la ciudad supuso una revolución tanto urbanística como en el ámbito de los transportes, siendo dotada de nuevas redes viarias, una nueva estación, la llegada del tren de Alta Velocidad y la ampliación del aeropuerto. En cuanto a las instalaciones, la mayoría fueron demolidas o abandonadas. Solo unas pocas se reutilizaron después.

BIBLIOGRAFÍA
http://elpais.com/diario/1991/11/23/espana/690850817_850215.html
http://www.artehistoria.com/v2/contextos/5147.htm
http://www.expo92.es/
http://www.expo92.es/otrasexp/index.php
FREIRE LÓPEZ, ANA Mª “Las Exposiciones Universales del siglo XIX en la literatura española: la visión de Emilia Pardo Bazán en sus libros de viajes”. Ponencia de 1997 disponible en Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes: http://data.cervantesvirtual.com/manifestation/254181
LASHERAS PEÑA, ANA BELÉN “España en París. La imagen nacional en las Exposiciones Universales, 1855-1900” Santander 2009. Tesis disponible en: http://hdl.handle.net/10803/10660

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La Cueva de Altamira 

Por Sergio de la Gándara

Aunque no se trate de un evento que cobre suma importancia en el devenir del episodio, nos ha parecido importante dedicarle unas líneas a la escena en la que envían a dos agentes a “restaurar” las pinturas de la Cueva de Altamira. A pesar de que no es muy realista la representación histórica que se nos muestra, si se menciona la bajada de temperaturas que se produjo en la Península Ibérica en dicha época. Para terminar, desde aquí condenamos cualquier "restauración" en la que dejan el regalito que podemos ver al final del capitulo....

Descubrimiento

El hallazgo se le atribuye a Modesto Cubillas, quién en 1868 se lo comunicó a Marcelino Sanz de Sautuola que acabó visitando dicho emplazamiento en 1875. Éste último acudió a la Exposición Universal de París donde conoció de las cuevas en las que se estaba trabajando en el sur de Francia. Sautuola decidió a su vuelta iniciar sus primeros trabajos en Altamira, y finalmente en 1880 publicó Breves apuntes sobre algunos objetos prehistóricos de la Provincia de Santander.

En dicha publicación, el autor hacía un análisis de la cueva y sus pinturas atribuyéndoselas al paleolítico, pero el escepticismo de la comunidad internacional vertió críticas desde perspectivas intelectuales, evolucionistas, creacionistas. Finalmente, en 1902 Cartailhac publicó “Les cavernes ornées de dessins. La grotte d’Altamira, Espagne. Mea culpa d’un sceptique” donde reconocía su valor y desde donde catapultó a Altamira a un reconocimiento internacional.

Arte

El Techo de los Polícromos @MNCIA Fotogrfía: Pedro Saura

El Techo de los Polícromos @MNCIA Fotografía: Pedro Saura

 

El elemento más importante de la cueva es el Techo de los Polícromos donde aparecen representados caballos, bisontes, ciervos, además de manos y secuencias de puntos. En las figuras de mayor tamaño, superior al metro, la técnica utilizada se trata de dibujar el contorno con líneas negras para después rellenar con pintura roja, e incluso en algunos casos se utilizó el color negro proporcionado por el carbón para ejemplificar el cambio de coloración en el vientre o el pelo. Además, el grabado aparece en diversos ejemplares.

Además, se utilizan abultamientos de la roca para darle volumen a la figura, y cierta perspectiva representando al animal de perfil y la cornamenta de frente, categorizado por Breuil como “perspectiva torcida”.

El animal más representado es el bisonte, con un total de 17 ejemplares en distintas posiciones, entre los que destaca uno de los bisontes encogidos por su gran realismo desde una perspectiva naturalista. Aunque la representación de mayor tamaño es una cierva que ocupa una superficie de 2,25m de largo, que asimismo posee una técnica y un realismo de alto nivel.

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El Techo de los Polícromos @MNCIA Fotografía: Pedro Saura

BIBLIOGRAFÍA

http://museodealtamira.mcu.es/Prehistoria_y_Arte/la_cueva.html

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María Pita, una mujer contra toda una Armada

Por Patricia Á. Casal

Imagen de María Pita copia del cuadro de Fernández Cersa (1987) cedida por cortesía del Patrimonio Artístico Municipal

Ha pasado a la historia como María Pita, pero lo cierto es que se llamaba Mayor Fernández de la Cámara y Pita.

Se sabe que su nacimiento se produjo alrededor de 1556, en Santiago de Sigrás, una parroquia del oeste del ayuntamiento de Cambre (cerquita de A Coruña) y que trabajó ayudando en el negocio de sus padres, propietarios de una tienda. En 1581 contrajo matrimonio por primera vez, lo que repetiría hasta en tres ocasiones más, quedando viuda en todas ellas. Sus cuatro maridos le dejaron cuatro hijos, y cuentan que no contrajo matrimonio una quinta vez porque así se lo exigió en testamento su último marido.

Inglaterra y la Felicísima Armada

Corría el año 1589 e Inglaterra no acababa de salir del asombro causado por la fallida visita de La Armada Invencible e Isabel I de Inglaterra puso en pie de guerra a una flota gigantesca para

Sin Francis Drake

atacar Santander (donde estaba amarrada una buena parte de la armada española) y más tarde Lisboa, segunda capital del imperio. Para esta tarea se mandó a Sir Francis Drake que decidió «obviar» una orden directa de la reina, saquear A Coruña, y así evitar un conflicto directo con la Armada.

Los soldados de la Unión Jack desembarcaron cerca de A Coruña y tras largos días de lucha feroz y fuego intenso, la población ofreció resistencia tras los muros de la Ciudad Vieja. Tanto mujeres como niños colaboraron en la defensa de la ciudad… pero el enemigo consiguió finalmente abrir una gran brecha de acceso en la muralla.

Es entonces cuando María Pita historia que cabalga entre el mito y la realidad se dice que enfadada al ver caído a su marido durante el asalto a la

Imagen de María Pita vistiendo uniforme de Alférez Mayor, obra de F. Gutiérrez. Propiedad del Museo Militar de A Coruña. Copia obtenida por cortesía del Coronel Navas, Director del Museo.

ciudad vieja, derriba y mata al alférez inglés (de una pedrada, un ladrillo, lo atravesó con una pica… quién sabe) arrebatándole su bandera. Se dice que este hecho se llevó a cabo al grito de "quien teña honra, que me siga” (“quien tenga honra, que me siga"), lo que desmoralizó a la tropa inglesa y provocó la retirada de, nada más y nada menos, 26.000 ingleses. Una vez acabada la batalla, ayudó a recoger los cadáveres y a cuidar a los heridos. Junto con María Pita, otras mujeres de A Coruña ayudaron a defender la ciudad; una de las más conocidas fue Inés de Ben, herida por dos balas inglesas en la batalla.

A la vista de esta heroicidad, el ánimo de los abatidos coruñeses se transformó, y se lanzaron sobre los enemigos que emprendieron precipitadamente la huida. Cabe destacar que a A Coruña llegaron noticias de que llegaban refuerzos por tierra y al ver todo lo que habían perdido: 1300 hombres, 3 buques y 4 barcazas de desembarco hundidas por los cañones del fuerte y de los barcos españoles (Rodríguez González, 2005), decidieron retirarse.

Como mero apunte, después del fracaso en el asedio de A Coruña, Francis Drake y su tripulación pusieron rumbo a Lisboa para provocar el levantamiento de los portugueses contra los españoles. Pero las epidemias, el mar bravo, que solo tenían 44 caballos para transportar todos los materiales, que se habían quedado sin alimentos, sin munición y un sin fin de desgracias más, el 16 de junio decidieron ordenar la retirada. La expedición de la Contraarmada está considerada como uno de los mayores desastres militares de la historia de Gran Bretaña.

Para concluir con la historia de nuestra María Pita, en la ciudad de A Coruña, se levantó una estatua de bronce en una plaza con su nombre, en donde aparece la heroína alzando una lanza y con el cuerpo sin vida del alférez inglés que atacó la ciudad a sus pies.

Al enviudar por última vez, el rey Felipe II le concedió una pensión que equivalía al sueldo de un alférez más cinco escudos mensuales y le concedió un permiso de exportación de mulas de España a Portugal.

[alert-note]Este ha sido un pequeño resumen de su gesta, por el espacio disponible, pero si quieres investigar más sobre este personaje te dejo aquí una lista con un montón de bibliografía sobre el tema porque vale mucho la pena esta historia [/alert-note]

 Bibliografía

  • Perelló Renedo, Esteban (2000). María Pita e dezaseis dias de maio. Hércules ediciones.
  • SAAVEDRA VÁZQUEZ, María del Carmen (2003). María Pita: una aproximación a su vida y a su tiempo.

Ilustración de Marta Hernández realizada para Historia 2.0 ©MARTA HERNÁNDEZ. Todos los derechos reservados /All rights reserved. PROHIBIDA su utilización.

Ilustración de María Pita hecha por Marta Hernández para Historia 2.0 ©MARTA HERNÁNDEZ. Todos los derechos reservados /All rights reserved. PROHIBIDA su utilización.

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D. Gregorio Marañón y Posadillo

Por Sergio de la Gándara

Como no podía ser de otra manera, también dedicamos un brevísimo apartado a Don Gregorio Marañón y Posadillo, médico y una de las figuras intelectuales españolas más importantes de principios del siglo XX.

El doctor Gregorio Marañón en un rincón de su biblioteca. De la revista Caras y Caretas, 17 de enero de 1931

El doctor Gregorio Marañón en un rincón de su biblioteca. De la revista Caras y Caretas, 17 de enero de 1931

Nacido en el Madrid de la Restauración, pertenece a una familia de siete hermanos en la que perdió a su madre a los tan solo 3 años de edad, aunque crece en un ambiente cultural elevado en el que pronto se relaciona con los amigos de su padre, entre los que podemos destacar Benito Pérez Galdós y Marcelino Menéndez Pelayo.

Ya en 1902 entró en la Facultad de San Carlos a estudiar Medicina, donde tuvo como maestros a Santiago Ramón y Cajal, y en 1910 recibió el Premio Extraordinario de Licenciatura. Como hemos podido ver en el capítulo, poco después tras la I Guerra Mundial llegó la conocida como “Gripe Española” siendo designado para una comisión internacional que investigara dicha enfermedad. A su vuelta a España su fama creció considerablemente como investigador en algunos campos, como pudo ser la endocrinología o la diagnosticación en consulta.

Poco después, y tras entrar en algunas de las Reales Academias Españolas, inició un periodo de activismo político tras el golpe de Primo de Rivera en aras de la defensa de la república, consiguiendo ser diputado en las elecciones de 1931, aunque ante la radicalización hacia la izquierda que se produce en el seno de las instituciones, en 1932 se retira de la vida política.

Con la llegada de la Guerra Civil, se queda unos meses en Madrid pero pronto se tiene que exiliar a París donde residirá hasta 1942. Durante la contienda había criticado duramente a ambos bandos, pero al ser una figura respetada por el régimen y que además mejoraba la imagen exterior de España, recupero su cátedra y enarboló la bandera de la libertad sin adscribirse a ningún bando, de hecho él mismo publicó en el prólogo de Ensayos Liberales (1946):

"Ser liberal es, precisamente, estas dos cosas: primero, estar dispuesto a entenderse con el que piensa de otro modo; y segundo, no admitir jamás que el fin justifica los medios, sino que al contrario, son los medios los que justifican el fin. El liberalismo es, pues, una conducta y, por lo tanto, es mucho más que una política."

Durante los siguientes años de vida, se dedicó a sus dos pasiones: la medicina y la historia. En el primer campo se centró en el desarrollo de la endocrinología con publicaciones como el Manual de Diagnóstico etiológico (1946). En el caso de la historia se centra en ensayos de índole biográfico de figuras como Antonio Pérez, Ramón y Cajal, El Conde-Duque de Olivares, Luis Vives, Tiberio o el Greco.

Para terminar, nos despedimos con una maravillosa cita:

“El libro bueno es el amigo que todo lo da y nada pide. El maestro generoso que no regatea su saber ni se cansa de repetir lo que sabe. El fiel transmisor de la prudencia y de la sabiduría antigua. El consuelo de las horas tristes. El que hace olvidar al preso su cárcel y al desterrado su nostalgia. El sedante de los grandes afanes, que va dondequiera que vayamos con nuestro dolor. El mentor de las grandes decisiones. El que ablanda el corazón en los momentos de dureza, o nos vigoriza cuando empezamos a flanquear. Y después de ser todo esto, tiene la soberana grandeza de no hipotecar nuestra gratitud. Una vez leído lo volvemos sencillamente al estante, o lo dejamos olvidado en el asiento de un tren. Es igual. Ni nos guardará rencor si no se lo hemos agradecido.”

Gregorio Marañón y la esposa del político francés Édouard Herriot, por las calles de Toledo el 2 de noviembre de 1932. ALFONSO (ARCHIVO GREGORIO MARAÑÓN Y BERTRÁN DE LIS)

Gregorio Marañón y la esposa del político francés Édouard Herriot, por las calles de Toledo el 2 de noviembre de 1932. ALFONSO (ARCHIVO GREGORIO MARAÑÓN Y BERTRÁN DE LIS)

Bibliografía:

LÓPEZ VEGA, A. (2011): "Gregorio Marañón: radiografía de un liberal", Taurus, Madrid.

http://www.modernismo98y14.com/gregorio-maranon.html

https://es.wikiquote.org/wiki/Gregorio_Mara%C3%B1%C3%B3n

Historia 2.0

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