Analizando históricamente el Ministerio del tiempo: Capítulo 18 - Separadas por el tiempo

Parece que se ha colado una asesina en serie en el capítulo de hoy. Quien pareciera la cándida Enriqueta que trabajara en casa de Amelia, resultará ser alguien que no dudó en prostituir y matar niños. La historia, lamentablemente, es real y no forma parte de ninguna rocambolesca leyenda urbana.

Enriqueta Martí, una mujer de carácter harto complicado y vida bastante convulsa, se prostituyó a sí misma y a aquellos niños que secuestraba  por las calles de Barcelona. No contenta con ello, mercadeó también con su sangre y entrañas y dado que se codeaba con gente de clase social acomodada, no pagó todo lo que debía por ello. En prisión, finalmente, se encargaron de ella.

Hoy os presentamos a este personaje de nuestra historia más negra, pero también conoceremos a un grupo de mujeres, mucho más valiosas para todos y que por fortuna está siendo poco a poco rescatado del olvido. Se trata de Las Sinsombrero, un grupo de pensadoras y artistas españolas que pertenecieron a la Generación del 27 y que os analizamos como bien se merecen a continuación.

La vampiresa de la calle Ponent

Por Carmen Herranz

Retrato de Enriqueta Martí Foto: El Punt Avui.

En este capítulo aparece el personaje de Enriqueta Martí, conocida como la vampiresa de la calle de Ponent, en Barcelona.

Esta mujer de apariencia normal en realidad era una asesina en serie que comerciaba con los restos de sus víctimas realizando medicamentos, pociones…con ellos.

Enriqueta Martí era una joven que empezó trabajando de niñera, aunque poco después comenzó a ejercer como prostituta. En su nueva profesión conoce a su marido, un pintor con el que se casa a la edad de 27 años.

Ya desde el principio, Enriqueta Martí mostraba tener un carácter extraño e impredecible y casarse no impidió que la mujer siguiera frecuentando los bajos fondos de Barcelona ni que dejara el mundo de la prostitución. Así el matrimonio fracasó desde un principio y cuando la detuvieron ya llevaban años haciendo vida separada.

Cuando se separó del pintor, la vampiresa mostraba una doble vida: durante el día se dedicaba a mendigar por las calles, vestida con harapos y con niños que no eran suyos. Por la noche se vestías con ropas lujosas, se paseaba por teatros y casinos ejerciendo de madame y buscando clientes entre la clase acomodaba. En estos sitios buscaba clientes para llevarlos a un piso que regentaba en la calle Minerva en el cual explotaba a niños de entre 3 y 14 años que cogía de la calle.

Estos niños no sólo eran explotados sexualmente, la retorcida mujer también los asesinaba y convertía sus restos en ungüentos medicinales o con la promesa de tener la eterna juventud que vendía a las clases altas. Cuando la gente empezaba a sospechar la mujer se cambiaba de inmueble siguiendo con sus actividades en otros lugares.

En 1912, Enriqueta Martí secuestró a una niña de cinco años llamada Teresita Guitart. Tras 17 días de cautiverio la niña apareció con el pelo rapado y vestida con harapos en un piso de la calle de Ponent junto a restos de sangre y otros restos humanos de pequeño tamaño.

Las autoridades detuvieron a la vampiresa y las niñas fueron devueltas a sus familias. La policía encontró durante el registro del piso restos humanos de pequeño tamaño.

La prensa exageró el caso de Enriqueta Martí, creando para ello un monstruo.

Una de las niñas identificó a la mujer y relató el horror de ver cómo Enriqueta Martí mataba a otros niños. Las fuentes oficiales dijeron que Enriqueta Martí murió de un cáncer de útero sin embargo, corrió el rumor de que fueron las presas de la cárcel se cobraron la justicia por su mano y la mataron de una paliza.

 

La otra versión de los hechos: una mujer desquiciada por la pérdida.

Actualmente, Enriqueta Martí hubiera recibido atención psiquiátrica, no era una asesina en serie. Según Jordi Corominas i Julián o la historiadora Elsa Plaza llegaron a una conclusión diferente: Enriqueta Martí perdió a su hijo de diez meses a causa de la malnutrición y eso la desquició. Reconstruyendo el caso, hubo dos niñas, Teresita a quien en verdad secuestró y Angeleta, la hija que su cuñada había tenido estando viuda.

En cuanto a los restos se afirmó en un primer momento que procedían de animales y la sangre del cáncer de útero que padecía; aunque luego la prensa, necesitando atraer a la población tras la Semana Trágica (1909) tergiversó la realidad. De hecho, Elsa Plaza esclarece que la misma semana en la que se detiene a Enriqueta Martí se destapó un prostíbulo infantil en donde había policías del caso implicados.

Sea cual fuere lo que sucedió en aquel piso en realidad, el caso de Enriqueta Martí sirvió para tapar una realidad: el rapto y la prostitución infantil en la Barcelona de la primera mitad del siglo XX. Muchos de ellos eran llevados por las mafias para trabajar en las fábricas francesas.

Las Sinsombrero

Por Alfonso Cuesta

Cuando Irene viaja al Madrid de 1932 para investigar el caso acaba conociendo a Teresa Méndez, la gemela perdida de Julia y, a la sazón, una de las desconocidas integrantes de Las Sinsombrero, las mujeres de la Generación del 27.

Las sinsombrero, las mujeres del 27

Cartel del proyecto transmedia 'Las Sinsombrero'. Arriba (izda. a dcha.): Marga Gil Roësset, Rosa Chacel, Josefina de la Torre y Ernestina de Champourcín. Abajo (izda. a dcha.): María Zambrano, Concha Méndez, María Teresa León y Maruja Mallo.

¿Por qué se llamaban ‘las sinsombrero’? Llevar sombrero a principios del siglo XX era considerado un símbolo de estatus social y económico, tanto para hombres como mujeres. Aunque entre los hombres era aceptable cierta relajación de dicha costumbre en espacios cerrados, entre las mujeres era sin embargo habitual llevar el sombrero incluso dentro de los teatros.

El movimiento sinsombrerista surgió como reacción a dichas costumbres, y fue incluso analizado en los periódicos de la época por famosos escritores como Ramón Gómez de la Serna. El no portar sombrero era visto desde fuera como un símbolo de modernidad, e incluso de rebeldía, que no casaba con la mentalidad predominantemente conservadora de la época. En este sentido es de especial relevancia el testimonio que nos dejó al respecto Maruja Mallo, en un acontecimiento que pudo tener lugar entre 1923 y 1925 en el centro de Madrid:

Todo el mundo llevaba sombrero, era algo así como un pronóstico de diferencia social. Pero un buen día, a Federico (García Lorca), a Dalí, a mí y a Margarita Manso, otra estudiante, se nos ocurrió quitarnos el sombrero. Y al atravesar la Puerta del Sol nos apedrearon, insultándonos como si hubiéramos hecho un descubrimiento como Copérnico o Galileo.

Ahora que ya sabemos el porqué del nombre vamos a analizar quienes fueron Las Sinsombrero. Como ocurre con cualquier otra generación artística es difícil delimitar la nómina de integrantes; pero en este caso concreto, al tratarse de mujeres, el desdén y el olvido (incluso el de sus compañeros de generación masculinos) han hecho la tarea aún más difícil.

Podemos generalizar diciendo que se trata de una generación de artistas nacidas entre 1898 y 1914 que estudiaron y residieron en Madrid. Muchas pasaron por la Residencia de Señoritas (adscrita a la famosa Residencia de Estudiantes) y por el Lyceum Club Femenino, una asociación feminista inaugurada en 1926 y cuya primera presidenta fue María de Maeztu. Dentro de los espacios no físicos también coincidieron a menudo en publicaciones como la Revista de Occidente o La Gaceta Literaria.

Entre los miembros más conocidos de Las Sinsombrero podemos citar a la filósofa María Zambrano (1904-1991), las pintoras Maruja Mallo (1902-1995), Margarita Manso (1908-1960), Rosario de Velasco (1904-1991) y Ángeles Santos (1911-2013), las escritoras Concha Méndez (1898-1986), Rosa Chacel (1898-1994) y María Teresa León (1903-1988), la poetisa Ernestina de Champourcín (1905-1999) o las polifacéticas Josefina de la Torre (actriz y poetisa, 1907-2002) y Marga Gil Roëset (escultora, ilustradora y poetisa, 1908-1932).

Las sinsombrero Marga Gil Roësset

Consuelo y Marga Gil Roësset durante una representación teatral en el jardín de su casa a mediados de la década de 1920.

Con la excepción de esta última, quien se suicidaría siendo muy joven, el resto de las integrantes hubieron de sufrir la Guerra Civil Española y, la mayoría, también el exilio. De hecho, algunas de ellas (como Zambrano y Chacel) fueron miembros de La Alianza de Intelectuales Antifascistas para la Defensa de la Cultura, surgida a finales de julio de 1936 a raíz de la sublevación militar.

Al morir Franco, al igual que ocurrió con muchos otros exiliados políticos, Las Sinsombrero regresaron a España, donde sin embargo muchas se sintieron sorprendidas (y defraudadas) al comprobar que mientras en los medios se hablaba mucho de la vuelta de Carrillo, Ibárruri, Alberti, etc. a ellas apenas se las reconocía a pesar de haber continuado su labor artística, con gran éxito, durante el exilio.

El menosprecio desde entonces ha sido habitual, y no ha sido hasta muy recientemente que han surgido nuevas iniciativas para rescatar del olvido a este grupo de sorprendentes mujeres, quienes sin duda merecen la consideración de generación de oro dentro del ámbito artístico femenino de este país.


Bibliografía

BALLÓ, Tània. "Las Sinsombrero: sin ellas la historia no está completa." Barcelona: Espasa, 2016

BALLÓ, T. TORRES, S. JIMÉNEZ NÚÑEZ, M. "Las Sinsombrero". Documental, 2015

COROMINAS I JULIAN, J. "Barcelona, 1912: el caso de Enriqueta Martí." Sílex, 2014

NIEVA DE LA PAZ, Pilar. “Voz autobiográfica e identidad profesional: Las escritoras españolas de la generación del 27”. En: Hispania 89.1. 2006, 20-26

PLAZA, E. "Desmontando el caso de la vampira del Raval." Barcelona: Icaria, 2014

Historia 2.0

Cuéntanos que opinas

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de usuario. Si continúas navegando estás dando tu consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies ACEPTAR

Aviso de cookies