Analizando históricamente el Ministerio del tiempo: Capítulos 15 y 16 - Tiempo de Valientes

En estos dos trepidantes capítulos caracterizados por la acción, nos trasladamos Filipinas y al Sitio de Baler en 1898, Julián aterriza el 12 de octubre, justo cuando los indígenas consiguen arrasar a las tropas españolas. Mientras tanto otra batalla se libra en el Ministerio, ya que en el presente el Ministerio se encuentra en apuros debido a las presiones por parte del Gobierno para justificar las cuentas y los gastos, su misión es encontrar las facturas y entre tanto otras sorpresas les deparan.

En este análisis trataremos de daros una visión en conjunto del contexto en el que se mueve el capítulo, es decir, acerca del conflicto hispano-estadounidense y posteriormente, del evento conocido como los Últimos de Filipinas y la Guerra Hispano-Filipina.

La Guerra Hispano-estadounidense

Por Marta Elías

Seguro que hemos escuchado muchas veces que “más se perdió en Cuba” cuando quieren quitarle hierro a nuestras preocupaciones, especialmente a nuestros abuelos o gente de esa generación hacia arriba. La reminiscencia de esa expresión da muestra de la huella que la Guerra de Cuba dejó en la sociedad, puesto que no fue un conflicto aislado, sino un desastre que repercutió en la España de principios del siglo XX a distintos niveles. Pero veamos primero el desarrollo de los acontecimientos.

El origen: La Guerra de Cuba

A finales del siglo XIX, en plena Europa imperialista,cada nación buscaba ampliar sus horizontes, y las colonias eran el objetivo de todas. Se trataba de una fuente de riqueza material y económica, y con ventajas a nivel, industrial, político, demográfico y hasta religioso, ya que con ello los misioneros aprovechaban para difundir el cristianismo entre la población local de los lugares ocupados. Pero precisamente por todo eso eran también el origen de muchos conflictos, a pesar del intento de repartir pacíficamente los nuevos territorios para

Caricatura del reparto de colonias por parte de las potencias europeas

Caricatura del reparto de colonias por parte de las potencias europeas

evitar disputas. Ese fue el objetivo de la Conferencia de Berlín de 1884 en el caso de África. Pero este reparto era algo exclusivo de las potencias europeas, y Estados Unidos puso los ojos sobre las colonias españolas en territorios americanos, especialmente en la más próspera: Cuba.

Ésta, por su parte, había seguido la misma evolución que otras antiguas colonias. La formación de una burguesía local y de un sentimiento nacionalista empezaba a chocar con las imposiciones, especialmente fiscales, de la Madre Patria. Desde 1868 hasta 1898, se sucedieron en Cuba tres guerras en las que se luchaba por la independencia de la isla. La primera, la Guerra de los 10 años (1868-1878), terminó con la Paz de Zanjón sin haber cumplido ninguno de los objetivos del bando revolucionario. Esa tensión se manifestó en la Guerra Chiquita (1879-1880). Si bien se consiguió la abolición de la esclavitud, el tema de la independencia seguía latente. Para este fin, el intelectual José Martí fundó el Partido Revolucionario Cubano, que organizó la Guerra del 95. Esta vez sí, dicho conflicto desembocó en la independencia en 1898.

¿Y qué pinta Estados Unidos en un enfrentamiento entre una potencia europea y sus colonias? Estados Unidos había intentado hacerle ofertas por ella a España en repetidas ocasiones, pero ésta siempre las había rechazado. Ante esta situación, muchos pedían ayuda a los EE.UU. para que interviniese en el conflicto. Con la Doctrina Monroe, que decía lo de “América para los americanos”, encontraban un motivo justo para mediar en un proceso que se desarrollaba en su continente y, en concreto, en “la puerta de casa”, por así decirlo. Además, como ya hemos señalado, tenían el foco puesto en Cuba, y era una oportunidad de oro para controlar la isla si los sublevados ganaban la guerra.

La intervención de Estados Unidos

Hacía falta una excusa para justificar su presencia en la isla, y ésta tuvo nombre propio: Maine.

Restos del acorazado Maine tras su explosión

Restos del acorazado Maine tras su explosión

El acorazado de segunda clase Maine atracó en La Habana sin previo aviso a las autoridades españolas y con el pretexto de proteger a los ciudadanos norteamericanos residentes en Cuba y sus intereses. Contra todo pronóstico, y a pesar del desafío que suponía esa maniobra, el capitán general español en Cuba, Ramón Blanco, y el capitán del buque norteamericano Charles Sigsbee trabaron amistad enseguida. Sin embargo, unas tres semanas después de su llegada, el acorazado explotó con 256 tripulantes a bordo. Desde el primer momento, Estados Unidos se negó a colaborar en una investigación conjunta y afirmó que había sido culpa de una mina externa colocada por los españoles. La investigación de éstos concluyó que era imposible y que todo indicaba que había sido un accidente en el polvorín del propio buque, pero la prensa americana aprovechó para iniciar una campaña mediática sensacionalista y la opinión pública los condenó a pesar de las pruebas e indicios que contradecían esa teoría.

Portada del New York Journal sobre el tema

Portada del New York Journal sobre el tema

Estudios actuales han corroborado que la investigación española estaba en lo cierto, y que lo más probable es que se tratara de una maniobra intencionada del gobierno estadounidense para tener una excusa para declararle la guerra a España contando con la aprobación del pueblo. Exigió a las tropas españolas su retirada de Cuba, pero éstas se negaron insistiendo en su inocencia. Con este incidente dio comienzo el que en España sería bautizado como “Desastre del 98”. Cuba consiguió su independencia y se convirtió en protectorado estadounidense, pero la guerra se extendió a las demás colonias y terminó con la cesión a Estados Unidos de Puerto Rico, Guam y Filipinas y la venta de las colonias de Oceanía a Alemania.

Consecuencias para España

Con la pérdida de las colonias se produjo una crisis que impactó duramente en la sociedad, la política y la economía. Surgieron entonces diversos movimientos intelectuales, como el de la Generación del 98 o el Regeneracionismo, que en ambos casos transmitían el pesimismo de ese tiempo. Los primeros lo hacían de forma literaria y los segundos, de manera más realista y rigurosa. En política, la crisis de identidad generalizada dio un empujón a los nacionalismos regionales que comenzaban a despuntar y que aun perduran hoy. Las consecuencias sociales, sin embargo, dejaron una huella profunda y duradera que se extendería a muchos conflictos de inicios del siglo XX. Pero esa es otra historia, y parte de ella la veremos más adelante.

Los Últimos de Filipinas

Por Sergio de la Gándara

En agosto de 1896 se produjo finalmente el levantamiento indígena de Filipinas, como hemos visto anteriormente, enmarcado en el el contexto de la guerra hispano-estadounidense, que responde a un modelo de insurrección colonial. Esta insurrección, responde a una deficiente administración colonial que se agudiza durante la España Isabelina y se recrudece con la inestabilidad política, además hubo un fuerte apoyo estadounidense a ciertos círculos separatistas filipinos. En un principio, estos movimientos fueron atajados en 1886 pero conllevó una canalización de este descontento a través de sociedades secretas.

En este contexto, teniendo en cuenta que el ejército de Filipinas estaba compuesto mayormente por indígenas, provoca deserciones y hace que a partir de 1890 el nacionalismo crezca exponencialmente al crear una nueva sociedad radical llamada Katipunan, constituyéndose como una sociedad revolucionaria adaptada al ideario indígena. En consecuencia, se crea el caldo de cultivo para una revolución incitada por esta sociedad, cuya traducción al castellano es “Suprema y Venerable Asociación de Hijos del Pueblo”.

Inicio de la Revolución

La contienda se inicia en agosto de 1896 produciéndose el primer encuentro en Malbón con la victoria de los insurgentes. Por ello, el Capitán general Ramón Blanco, el 29 de agosto solicita mil hombres al Ministro de Guerra. Hasta diciembre el territorio sublevado va aumentando, por lo que el gobierno central decide relevarlo y enviar al General Camilo Polavieja, que toma posesión el 13 de diciembre del mismo año.

Emilio Aguinaldo, líder de la revolución filipina y primer presidente de la República de Filipinas.

En esta nueva fase, se suceden victorias para uno y otro bando pero finalmente España consigue dominar la costa de Manila y Cavite dejando controlados a los rebeldes, pero debido a la negativa de Cánovas de enviar refuerzos dimite y es relevado por Fernando Primo de Rivera[i], que toma el mando en abril de 1897. Con la llegada de Primo de Rivera se consigue controlar algunos pueblos rebeldes y se llega a la conocida “Paz de Biacnabato” en diciembre obligando al líder insurgente a exiliarse a Hong Kong. Pero al iniciarse la guerra hispano-estadounidense en marzo de 1898, los americanos envían ayuda a los rebeldes filipinos y Aguinaldo vuelve a Filipinas.

En este contexto, cuando los españoles habían sido derrotados y Filipinas pasa a formar parte de Estados Unidos con las consecuencias que eso conllevará y que hemos visto en el apartado anterior, se produce el Sitio de Baler, también conocido como los últimos de Filipinas.

Los últimos de Filipinas

La sublevación en Baler se inicia el 27 de junio de 1898. En un principio solo había un cabo con 4 soldados indígenas pero debido a la situación solicitan refuerzos recibiendo 50 cazadores bajo el mando de un joven teniente, pero pronto son atacados y masacrados. Por ello, desde Manila vuelven a enviar una nueva compañía formada por 50 unidades, de tal forma que cuando se inicia el asedio se encuentran 55 hombres del bando español.

Plano de la iglesia durante el asedio: 1. Puerta principal 2. Baptisterio (en cuya pared se abrieron tres aspilleras) 3. Puerta lateral (hacia el camino que iba al río) 4. Entrada a las trincheras que protegían las puertas 5. Huerto 6. Línea del coro 7. Altar mayor 8. Puerta de acceso a la sacristía 9. Sacristía (con pared totalmente aspillerada) 10. Puerta de la sacristía al corral 11. Boquete de acceso al foso de la trinchera de la sacristía 12. Paso del primer patio (donde se hallaba el «convento») al corral (o segundo patio) 13. Pozo construido por los defensores 14. Letrina construida en una de las ventanas 15. Urinario 16. Patio de aseo embaldosado 17. Trinchera con foso protegiendo las puertas de la iglesia 18. Ventanas aspilleradas 19. Horno de pan y cocina 20. Barandilla del presbiterio 21. Parapetos construidos encima de los muros de la iglesia 22. Pozo de aguas negras 23. Entrada al antiguo convento (terraplenada por el interior) 24. Trinchera protegiendo la puerta de la sacristía 25. Foso y trinchera sobre el muro de la sacristía

Pronto se inician los combates pero se ven superados en número, por lo que el Capitán de la Morena decide refugiarse en la Iglesia, lugar donde guardaban los víveres y la munición, además de abrir un pozo. Pronto el asedio se intensificó y aparte de disputas de convivencia, varios enfermaron de beriberi y al cabo de unos meses, además de algunos soldados, fallecieron el 2º Teniente, el Capitán de las Morenas y el capellán.

El 14 de enero de 1899 los filipinos intentan contactar con ellos mediante un documento que transcribimos a continuación (DE LA VEGA, 1999:48):

"Habiéndose firmado el Tratado de Paz entre España y los EE.UU. y habiendo sido cedida la soberanía de estas Islas a la última nación citada, se servirá Ud. evacuar la plaza, trayéndose el armamento, municiones y las arcas del tesoro, ciñéndose a las instrucciones verbales que de mi orden le dará el Capitán de Infantería D. Miguel de Olmedo Calvo. Dios guarde a Ud. muchos años. Manila, 1 de febrero de 1899. Diego de los Ríos''.

Pero debido a intentos de engaños anteriores y que el documento no llevaba la codificación oficial, pensó que se trataba de una estratagema e hizo caso omiso.

El asedio continuó durante siete meses, provocando algunas deserciones por parte tanto de españoles como de indígenas. Los filipinos intentaban terminar con el asedio de forma intermitente. Uno de los asaltos más duros fue el del 30 de marzo de 1899, aunque los disparos del cañón de 75mm. no surtían efecto en los gruesos muros de la iglesia.

A los 282 días de sitio se empezaron a acabar algunos productos como el arroz, las habichuelas o el tocino, por lo que empezaban los efectos del hambre. Por ello, los asaltos fueron más duros intentando incendiar la iglesia o con incursiones diarias.

En mayo de 1899 se presenta un nuevo emisario proveniente de Manila, pero el teniente, con desconfianza, no se fiaba y rechazó sus argumentos y el abandono de Baler. Mientras planificaba una salida nocturna, Martín Cerezo se paró a leer uno de los periódicos que le había dejado el emisario, donde encontró una noticia acerca del abandono de Filipinas por parte de los españoles y por tanto, se rindieron y acabaron con el sitio de Baler. Para ello, formuló su rendición por escrito (DE LA VEGA, 1999:52):

"En Baler a 2 de junio de 1899, reunidos jefes y oficiales españoles y filipinos, transigieron en las siguientes condiciones: Primera: Desde esta fecha quedan suspendidas las hostilidades por ambas partes. Segunda: los sitiados deponen las armas, haciendo entrega de ellas al jefe de la columna sitiadora, como también de los equipos de guerra y demás efectos del gobierno español; Tercera: La fuerza sitiada no queda como prisionera de guerra, siendo acompañada por las fuerzas republicanas a donde se encuentren fuerzas españoles o lugar seguro para poderse incorporar a ellas; Cuarta: Respetar los intereses particulares sin causar ofensa a personas".

Tras 337 días, termino el asedio de Baler. Poco después iniciaron su regreso hacia Manila, donde fueron recibidos por el Primer Presidente de Filipinas, Emilio Aguinaldo, que les entregó un artículo donde se relataba su hazaña (DE LA VEGA, 1999:53):

"Habiéndose hecho acreedora a la admiración del mundo de las fuerzas españolas que guarnecían el destacamento de Baler, por el valor, la constancia y heroísmo con que aquel puñado de hombres aislados y sin esperanza de auxilio alguno, han defendido su bandera por espacio de un año, realizando una epopeya tan gloriosa y tan propia del legendario valor de los hijos del Cid y de Pelayo; rindiendo culto a las virtudes militares e interpretando los sentimientos del ejército de esta República, que bizarramente les ha combatido; a propuesta de mi secretario de Guerra, y de acuerdo con mi Consejo de Gobierno, vengo en disponer lo siguiente: Los individuos de que se componen las expresadas fuerzas no serán considerados como prisioneros, sino por el contrario, como amigos; y en su consecuencia, se les proveerá, por la Capitanía General, de los pases necesarios para que puedan regresar a su país"

Los supervivientes del destacamento de Baler fotografiados el 2 de septiembre de 1899 en el patio del cuartel Jaime I de Barcelona

[i] No confundir con el dictador Miguel Primo de Rivera, se trata de su tío.

BIBLIOGRAFÍA:

DE LA VEGA VIGUERA, Enrique (1999): "El Sitio de Baler: Los Últimos de Filipinas", Boletín de la Real academia Sevillana de Buenas Letras: Minervae Baeticae,  nº 27, pp. 43-55

MARTÍN RUIZ, J. A. (2013): "Los que huyeron del desastre: los desertores del destacamento español en Baler, Filipinas (1898-1899)", RUHM, , Vol. 2, Nº. 4, pp. 174-187.

LARIO, ÁNGELES (coord.) (2010) "Historia contemporánea universal: Del surgimiento del Estado contemporáneo a la Primera Guerra Mundial". Madrid. Alianza Editorial.

WIKIPEDIA "Guerra hispano-estadounidense". Recuperado en: https://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_hispano-estadounidense (Última consulta 04/05/2016)

Historia 2.0

2 comments

  1. Odiseo 9 Mayo, 2016 at 15:07 Responder

    Un par de cosas sobre el artículo de la pérdida de Filipinas:

    1- Echo de menos una mención a José Rizal, cuya injusta ejecución por un pelotón de soldados españoles fue fuente de gran indignación para el pueblo filipino, que desde entonces se volvió más decidido que nunca a luchar para conseguir su independencia cuanto antes.

    2- La noticia que leyó el teniente Martín-Cerezo que le hizo convencerse de que debía rendirse no fue “una noticia acerca del abandono de Filipinas por parte de los españoles”, ya que a esas noticias no les daba crédito por considerarlas falsificaciones, sino una escueta nota acerca del traslado de un amigo suyo que de ningún modo podía ser una falsificación.

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