Analizando históricamente El Ministerio del Tiempo: Capítulo 14 - Tiempo de magia

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Joaquín Argamasilla

Por Irene Godino Cueto

El joven Argamasilla nos dejó a todos intrigados en este capítulo de la serie al no saber si volveremos a verle más adelante, por desconocer de qué tipo serán sus misiones como nuevo agente del ministerio y por las dudas que surgieron a raíz de sus supuestos poderes paranormales.

¿Cuál es su historia? Bien, curiosamente es poco lo que conocemos sobre su vida ya que no existe demasiada documentación a la que acudir si queremos indagar sobre ella. Lo que sí sabemos es que Joaquín María Argamasilla de la Cerda y Elío nació en Madrid el 4 de abril de 1905 y fue hijo del X marqués de Santacara.

Ya no tenemos más datos sobre él hasta llegada la década de los 20, época en la que adquirió gran fama por su supuesta capacidad metasomoscópica, es decir, ver a través de cuerpos opacos, o como aseguraba entonces <<tener la visión de rayos-x>>. Ante el público, Argamasilla era capaz de leer, con los ojos vendados, trozos de papel introducidos en cajas cerradas herméticamente y adivinar qué hora marcaban las agujas de un reloj cubierto por una esfera y oculto en un bolsillo.

¿Cómo es posible que se lo creyeran? Porque a pesar de tratarse de una sociedad en pleno auge industrial y científico, el mundo de la parapsicología y el ocultismo no se juzgaba como pueda hacerse hoy en día sino que se trató desde una perspectiva científica con estudios serios. El espiritismo, a su vez, fue entendido no como un acto de fe sino como una disciplina filosófica y espiritual que pretendía llegar al entendimiento de la vida universal y de los secretos de la naturaleza. Hay que tener en cuenta, además, que la I Guerra Mundial dejó tras de sí gran cantidad de muertos y con ello, la necesidad de sus familiares y allegados por poder contactarlos en el más allá a través de sesiones de espiritismo en las que participaron personas de todos los ámbitos y clases sociales.

En medio de esta moda o corriente creada por las ciencias ocultas y alentado en su carrera parapsicológica por su propio padre, Argamasilla comenzó a realizar demostraciones de su poder ante un público culto, ganándose así el respaldo de grandes personalidades del mundo de la cultura y científicos de dentro y fuera de nuestra frontera.

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Su fama captó así la atención de Harry Houdini, quien en 1924 le invitó al Hotel Pennsylvania con el afán de desenmascarar la farsa del mago español.

Y lo consiguió. Houdini sospechó rápidamente de muchas de sus acciones y pequeños detalles que le hicieron pensar que se trataba de un truco de prestidigitación: Argamasilla siempre se ubicaba cerca de una ventana buscando buena iluminación, algo que no tendría por qué hacer falta a no ser que conociese alguna técnica para poder ver a través del vendaje que se colocaba en los ojos. Además, se dio cuenta de la manipulación sufrida en los relojes y cajas que empleaba en sus trucos y que le permitían, a través de una imperceptible ranura en la tapa, abrirla mínimamente para poder echar un vistazo en su interior.

Para ponerle en evidencia, Houdini retó a Argamasilla con la condición de usar cajas y relojes que no fuesen de su propiedad. Ante la negativa de este y la incapacidad de poder replicar el truco, Argamasilla cayó en el descrédito y se retiró de escena alegando la repentina pérdida de sus poderes.

Sin embargo, no le fue mal puesto que se convirtió más tarde en el XI marqués de Santacara y en Director General de Cinematografía y Teatro (1952-1955).

Harry Houdini

Por Marta Elías Viana

Antes de la magia: el camino hacia la erudición y su interés por el escapismo

Sus primeros años no fueron como Harry Houdini, sino como Erik Weisz. Nació en Budapest el 24 de marzo de 1874, pero se crió desde los cuatro años en Appleton, Wisconsin, donde su padre fue trasladado para ejercer de rabino. Empezó a trabajar desde niño en pequeñas tareas como limpiar zapatos y vender periódicos para ayudar económicamente a su familia. Fue en esa etapa donde vio actuar por primera vez a un mago —el Dr. Lynn— y se sintió atraído por el espectáculo. Trabajó después en un circo, primero como trapecista y luego haciendo trucos. Tras eso, su familia se trasladó a Nueva York y Erik aprovechaba sus ratos libres para entrenar físicamente y estudiar magia. Su nombre artístico procede de su fascinación por Jean Eugène Robert-Houdin, el ilusionista francés que fue padre de la magia moderna, tras leer su biografía en 1890.

A lo largo de su vida, Houdini estudió a fondo a sus predecesores y sus trucos y se hizo con una importante biblioteca especializada sobre magia que, donó a la Biblioteca del Congreso de Washington a su muerte. En sus inicios practicaba juegos de cartas, pero se fijó entonces en los que serían sus futuros enemigos: los espiritistas. Éstos se hacían atar durante algunas sesiones para no ser acusados de fraude, y sospechaba que se liberaban en secreto para poder poner en práctica la escenografía, lo que le hizo desarrollar la idea del escapismo como atracción principal del truco.

Hizo también incursiones en otros ámbitos, como el cine, la aviación o una colaboración en un relato de H.P. Lovecraft llamado “Bajo las pirámides”, en el que aparece él mismo.

Sus trucos más famosos

El bidón de leche: Fue un truco de su invención mostrado por primera vez en San Luis en 1908. En él, se introducía en un bidón estrecho y lleno de agua. Pedía al público que contuviera la respiración a la vez que él mientras escapaba, y tras eso se cerraba la cortina. La realidad es que no tardaba demasiado, pero esperaba un tiempo antes de volver a salir a escena para darle más dramatismo mientras la orquesta tocaba creando el clímax. A veces, incluso se sentaba a leer el periódico. El secreto era un revestimiento sin fondo oculto en el interior, que Houdini empujaba hacia arriba sin más complicación.

La metamorfosis: En este escape, Houdini se ataba e introducía dentro de un saco, y a la vez dentro de un baúl. Éste se ataba también y se aseguraba con candados. Entonces su ayudante, que solía ser Beatrice Rahner —más adelante conocida como Bess Houdini, su mujer—, se subía encima, levantaba una cortina y cuando ésta bajaba, ambos se habían intercambiado. Houdini aparecía liberado sobre el baúl y, tras abrir todos los cerrojos, la ayudante se encontraba en el interior.

La cámara de tortura china: Tardó cinco años en desarrollar este truco, pero se convirtió en uno de los más famosos. Posiblemente todos lo hayamos visto homenajeado o parodiado en infinidad de series y películas. Se trataba de ser sumergido bocabajo, colgado de los pies, en un gran tanque de agua. Con la teatralidad que le

Houdini y la elefanta

Houdini y la elefanta

caracterizaba, el espectáculo se llevaba a cabo con dos personas a cada lado del acuario enarbolando sendas hachas para romperlo en caso de que hubiera problemas. Lo último que veía el público antes de que una cortina cubriera el tanque era su cara de pánico simulando ahogarse.

Ocultando el elefante: Houdini quiso ir más allá de los conejos y las palomas que utilizaban otros magos para sus trucos. Por eso, este se llevó a cabo en el Hipódromo de Nueva York con una elefanta de cinco toneladas —de nombre Jennie—. Ésta se desvaneció ante la vista del público cuando el ilusionista le disparaba con una pistola. Nadie ha sabido nunca cómo realizó este truco, y el secreto murió con él. El único testimonio es una fotografía previa a la desaparición del animal.

Liberarse de todo tipo de ataduras: Este fue su gran distintivo y el que le otorgó el apodo de “el rey de las esposas”. Houdini se especializó en fugas atado con cadenas, cuerdas, esposas o camisas de fuerza y en distintas condiciones. Él mismo ofrecía a diversos expertos o fabricantes que intentaran probar en él sus materiales, pero consiguió escapar en todos los casos. Tenía una predilección especial por los números relacionados con el agua. Se conoce un incidente en su niñez en el que estuvo a punto de morir ahogado, por lo que resultaba llamativa su atracción hacia números en los que existía el peligro de ahogarse. Por supuesto, existen múltiples hipótesis al

Cartel promocional de su espectáculo

Cartel promocional de su espectáculo

respecto, como la de superar el trauma o la fascinación por la muerte.

El truco, en este caso, era doble. Por un lado, un entrenamiento físico de alto nivel, superando incluso al de deportistas y atletas profesionales. Su excelente estado físico y la práctica continua de sus números eran su mayor ventaja. Pero también el hecho de aprender a ocultar llaves o ganzúas en sitios donde no podrían encontrarlos en caso de ser examinado, es decir, en los orificios de su cuerpo. El ejemplo menos escatológico sería el de tragarse las llaves y regurgitarlas luego, para lo cual se requiere también mucha práctica.

Conforme envejecía, su cuerpo ya no respondía de la misma forma, así que tuvo que dejar de lado algunos trucos y promocionar otros. En sus últimos tiempos de proezas se dedicó en varias ciudades a escapar colgado de una cuerda en una grúa, bocabajo y con una camisa de fuerza, pese a que eso también resultara extenuante y tuviera que acabar dejándolo.

Pionero de la autopromoción y el copyright

En esta época, la rivalidad entre magos era feroz, por lo que buscaban alguna manera legal de impedir que sus trucos fueran copiados. Houdini vio como sus imitadores lo hacían con números como el del Bidón de Leche, y no solo los denunciaba judicialmente, sino que se presentaba en sus exhibiciones para desmantelar el truco y humillarlos. El primero que el mago registró oficialmente con copyright fue el de la Cámara de Tortura China.

Por otra parte, la fama que se labró fue en gran medida gracias a su propia autopromoción. Su método más habitual era presentarse ante el jefe de policía o los periodistas y anunciarles su reto. Entonces, los periódicos se hacían eco y corría la voz de forma que el espectáculo era un acontecimiento esperado y multitudinario. Y no solo eso, sino que cuando terminaba el truco con éxito, la prensa publicaba su hazaña y le generaba más publicidad.

La cruzada personal contra el espiritismo

El fallecimiento de su madre, por la que sentía un apego especial, marcó un antes y un después en la vida y la carrera de Houdini. En aquellos momentos, el espiritismo estaba en auge. Tras la Gran Guerra, los muertos se contaban por millones y hubo quien vio oportunidad de negocio aprovechándose del dolor de muchas familias por la pérdida de sus seres queridos. Fue un incidente con una de estas médiums el que dio un giro a su carrera y la orientó a desenmascarar fraudes de este tipo. Ésta aseguraba haber recibido un mensaje “literal” de su madre. Dicho mensaje estaba en inglés, lo encabezaba una cruz y en él le llamaba Harry, cuando su madre solo hablaba una mezcla de yidis, húngaro y alemán, era judía y no usaba con su hijo su apodo artístico, sino Erik.

Este hecho lo indignó tanto que trató de desenmascarar a los espiritistas por todos los medios posibles. Publicó artículos al respecto en la revista Scientific American, declaró contra esta doctrina en el Congreso y se colaba en las sesiones que organizaban —a veces disfrazado— para sacar a la luz los fraudes. Incluso ofreció una recompensa a quien demostrara que tenía poderes reales pero, por supuesto, nadie llegó a cobrarla.

Fue este asunto el que le enemistó con su amigo Sir Arthur Conan Doyle, autor del célebre personaje Sherlock Holmes. Éste creía en el mundo espiritual y se volcó especialmente en él tras la muerte de su hijo, a la vez que Houdini se radicalizaba hacia el extremo contrario. El propio mago le había contado personalmente algunos de sus trucos y, pese a eso, el escritor llegó a convencerse de que su amigo tenía poderes reales. Llegó un momento en que el enfrentamiento debido a sus posiciones opuestas fue inevitable.

Houdini (centro) con Arthur Conan Doyle (izquierda) y su familia

Houdini (centro) con Arthur Conan Doyle (izquierda) y su familia

Su muerte y el último intento de probar a los espiritistas

Houdini falleció de una peritonitis el 31 de octubre de 1926, con 52 años. Se ha achacado a un incidente que tuvo en los días previos, en el que unos estudiantes universitarios de Montreal quisieron retarle para comprobar su legendaria resistencia física. El mago aceptó, pero lo golpearon en el abdomen antes de que pudiera prepararse. Aguantó con entereza los golpes, pero éstos le produjeron una rotura del apéndice. Es posible que estuviera inflamado días antes de este suceso, pero sin duda precipitó el final del ilusionista. Houdini quiso trabajar hasta el final, aun con fiebre y dolor. Sin embargo, tras desmayarse dos veces durante una actuación, tuvo que ser trasladado a un hospital, donde aguantó varios días antes de rendirse, como le confesó a su hermano poco antes del desenlace. Fue enterrado en el cementerio de Mont Royal, en Montreal, Canadá.

A su entierro acudieron unas dos mil personas, y para algunos podía ser su último gran truco, ya que había dejado

Harry y Bess Houdini

Harry y Bess Houdini

un último reto para los espiritistas: había acordado con su mujer un código de diez palabras, irónicamente sacadas de una carta de Arthur Conan Doyle, que tendría que darle como clave cualquier médium que asegurara haber contactado con él tras su muerte. Varios lo intentaron, y algunos incluso publicaron un falso testimonio de Bess Houdini en el que aseguraba que le habían revelado el código. Todo fueron fraudes. Bess mantuvo abierta esa posibilidad hasta una década después, cuando, tras una última sesión, apagó la vela que mantenía encendida junto a la fotografía de su esposo y dijo que “diez años son suficientes para esperar a cualquier hombre”.

Desde entonces es tradición para magos e ilusionistas invocar al espíritu de Houdini cada 31 de octubre.

Ramón del Valle Inclán

Por Irene Godino Cueto

¿Qué hacía Valle Inclán en una de las sesiones de adivinación de Joaquín Argamasilla? Como ya habíamos comentado más arriba, las ciencias ocultas se pusieron de moda entre todas las clases sociales, independientemente de la creencia o la cultura que tuviese cada uno, puesto que se trató de una corriente filosófica y espiritual que intentó desarrollar el entendimiento del universo y la naturaleza tratadas con total seriedad -aunque siempre hubiese estafadores que aprovechasen el tirón de los más crédulos para su propio lucro-.

Don Ramón fue un interesado del ocultismo, espiritismo, la parapsicología, las leyendas y los cuentos tradicionales y mitológicos de su mágica Galicia de origen.

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Valle Inclán, por Marta Hernández.

Como siempre, no entraremos en detalle sobre su vida ni haremos un análisis de su obra, algo que dejaremos para más adelante y donde hay bastante tela que cortar, sino que nos centraremos en explicar por qué aparece en este capítulo en el salón respaldando al joven noble estafador.

Para ello hemos de irnos hasta su infancia. Don Ramón nació en Vilanova de Arousa -Pontevedra- el 28 de octubre de 1866, en el seno de una familia culta. A su padre siempre le interesó el estudio riguroso y la lectura por placer e intentó inculcárselo a un hijo que prefería pasar los días escuchando a su vieja criada relatar cuentos y leyendas sobre trasgos, brujas y endemoniados en lugar de estudiar. Aquellas historias encendieron la imaginación del pequeño Ramón, que devoró cada lectura sobre el tema que cayó en sus manos y provocó que se introdujese pronto en los círculos esotéricos que existían por toda Galicia.

Participó además en toda clase de experiencias místicas como la clarividencia, los viajes astrales, las levitaciones, apariciones o médiums, llegando a consumir drogas y realizando ayunos prolongados para poder llegar a un estado de éxtasis que le ayudase a conseguir las visiones del futuro.

Todas estas prácticas influyeron y ocuparon un lugar destacado en sus obras. En La lámpara maravillosa -publicada en 1916-, por ejemplo, abunda un clima de ocultismo y magia en el que encontramos referencias a la teosofía, las supersticiones, la muerte, las visiones oníricas y otros fenómenos paranormales.

De hecho, La lámpara maravillosa fue dedicada al propio Argamasilla, a quien conoció en uno de los viajes y estancias en Madrid tan habituales de Valle Inclán, probablemente porque don Ramón conociese y entablase amistad con el padre del chico.

Santiago Ramón y Cajal

Por Carmen Herranz

Santiago Ramón y Cajal. Extraída de https://cajalesygalileos.wordpress.com/cajal/

Santiago Ramón y Cajal. Extraída de https://cajalesygalileos.wordpress.com/cajal/

Ramón y Cajal, premio Nobel de Ciencias en 1906 por sus estudios sobre las neuronas, fue uno de los pocos que durante la moda del espiritismo se mostró escéptico. Él mismo en su libro Charlas de Café escribe:

Yo confieso, un poco avergonzado, mi irreductible escepticismo. Y me fundo, aparte ciertas razones serias (comprobación de las supercherías de los médiums e imposibilidad de demostrar la identidad de los aparecidos), en los siguientes frívolos motivos: en ninguna de las invocaciones de ultratumba publicadas en libros y revistas espiritistas he encontrado una suegra duende turbando la felicidad de su yerno, ni un espectro de poeta chirle infernando, con bromas pesadas, la vida de sus críticos

En este fragmento puede observarse el humor con que trata las visitas de los espíritus entre los que nunca encontró el espíritu de una  suegra que volviera de ultratumba para importunar a su yerno, ni el de un poeta mediocre que gastara bromas a los críticos.

El neurocientífico, al igual que el mago escapista Houdini, se dedicó a buscar los fraudes o trucos que usaban los médiums en sus  sesiones. De las sesiones a las que asistió no le sorprendieron ni el humo, ni las luces, ni ningún efecto sonoro, lo que le sorprendió fue: “Lo admirable de aquellas sesiones no eran los sujetos, sino la increíble ingenuidad de los asistentes“.

Ramón y Cajal fue un científico adelantado a su época, que no se dejó engañar; este Premio Nobel asistió a las sesiones y, al igual que hizo después Houdini, investigó desde el punto de vista objetivo y realista, como debería hacer cualquier científico, los fenómenos que sucedían en las sesiones y exponía cómo los fraudulentos médiums con sus trucos se lucraban con las creencias de los asistentes.

Sir Arthur Conan Doyle

Por Carmen Herranz

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Sir Arthur Conan Doyle

Sir Arthur Conan Doyle, creador del personaje y las aventuras del detective Sherlock Holmes, fue un seguidor y un defensor del mundo paranormal.  El mismo día que publicó su primera novela sobre Sherlock Holmes, A Study in Scarlet (Estudio en Escarlata), se publicó su artículo en un periódico defendiendo la existencia del espiritismo. Algo que contrasta con el racional Sherlock Holmes de sus novelas.

El autor pertenecía a la Sociedad de Investigación Psíquica, es en esta donde conoce a otros científicos y pensadores que apoyaban la existencia del espiritismo. Lo que le llevó definitivamente a creer y a ahondar en la doctrina espiritista fue la muerte de su hijo durante la I Guerra Mundial, incluso llegó a realizar sesiones con el famoso espiritista William Hope fundador del grupo espiritista el Crewe Circle en las que se dice contactó con su hijo. A pesar de que la Sociedad de Investigación Psíquica acusara al espiritista de fraude, el propio Doyle lo defendió abandonando la Sociedad de Investigación Psíquica.

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Hadas de Cottingley

Se convirtió así en un abanderado del espiritismo y se oponía fervientemente a todo aquel que dijera o intentara demostrar que el espiritismo era un fraude. Aunque no llegó a vivir la confesión del fraude, el caso más sonado es su presentación de la existencia de las hadas. Este fue conocido como el caso de las hadas de Cottingley. En 1917, llegan a sus manos una serie de fotografías de unas adolescentes, que obviamente pretendían engañarle,  con unas hadas en el bosque. Las chicas en realidad habían recortado imágenes de hadas de unos libros de cuentos. El afamado escritor escribió varios libros y artículos, también convocó una rueda de prensa para mostrar las fotografías y con ello la existencia de un mundo oculto, misterioso y mágico. A raíz de este caso, el investigador de lo psíquico creó una editorial llamada The Psychic Press y una librería dedicada en exclusiva al ocultismo que acogía reuniones y tertulias con expertos sobre el tema.

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Houdini desvelando los trucos del espiritista Ira Davenport

Tras la muerte de su primera mujer, Doyle se casa con Jean Leckie una afamada médium que dirigió la sesión espiritista que pidió el gran escapista Houdini, hasta entonces muy buen amigo del autor, tras la muerte de su madre. Houdini vio el fraude y comenzó así una gran enemistad entre el autor y el escapista. Doyle abanderando la causa espiritista y Houdini se dedicó a demostrar que el espiritismo era un fraude.

Curiosamente, tras la muerte de Houdini, la esposa de éste, Bess Houdini propuso un dilema a los médiums para demostrar si el espiritismo era cierto o no. Estos debían descifrar un código cifrado y sólo lo harían si contactaban con el difunto. Vuelve a entrar en escena Arthur Conan Doyle quien asesoró y presentó diversos médiums a la viuda. Tras varios intentos fracasados uno de los múltiples médiums que intentaron resolver el código un tal Arthur Ford consiguió descifrarlo y así la viuda comenzó a celebrar cada año sesiones de espiritismo para hablar con su esposo. Doyle, demostró una vez más que el Más Allá existía.

J. Edgar Hoover

Por Miguel Ángel Municio

Director de inteligencia (1895-1972)

Pocos son los datos que se conocen de la vida de Hoover, tan sólo que nació en Capitol Hill (Washington). Estudió en el Cardozo Education Campus, donde formó parte de la reserva del ejército de EEUU e instituto en cuyo grupo de debate participó. En estos debates dejó muy clara su ideología, postulando férreamente su oposición al sufragio femenino y a la pena de muerte. El periódico del instituto calificó sus palabras de “frescas, lógicas e implacables”; aplaudiendo su posición.

Fuente: www.contrainjerencia.com

J. Edgar Hoover Fuente: www.contrainjerencia.com

Fue nombrado en 1921 como asistente del Director en lo que primero fue el Bureau of Investigation (BOI), un puesto que empleó para contratar a Helen Gandy como asistente mecanógrafa personal, un servicio que realizaría hasta después de muerto Hoover. Cuando el BOI se convirtió en el FBI, el presidente Coolidge lo nombró director en 1924 con la intención de limpiar la oficina, pues era vista como un foco de corrupción. Hoover actuó como un verdadero soberano en el FBI, primero prescindió de todos aquellos agentes sospechosos de corrupción para, acto seguido, rodearse de verdaderos profesionales, asesores y científicos con la intención de convertir el FBI en una agencia de trabajo profesional y exhaustivo.

Durante la Ley Seca (1917-1933)

A lo largo del siglo XIX se había implantado en Estados Unidos el concepto de moderación o Movimiento por la Temperancia, con el cual se perseguía la moderación en todos los sentidos de la vida para así lograr un auge de la vida cívica y social alejando los fantasmas de los excesos y la corrupción. Esta ideología era fundamentalmente sostenida por predicadores protestantes anglosajones, y era sostenida sobre todo en el Este, en Nueva Inglaterra. Con la llegada masiva de inmigrantes irlandeses, alemanes, italianos y de Europa Oriental a EEUU en la década de 1850, estos predicadores tuvieron serios problemas por choques con esta nueva población, que traía consigo sus propios hábitos domésticos de origen.

Además, a medida que EEUU expandía su territorio hacia el Oeste, estas nuevas tierras se desarrollaban generalmente alejadas de las predicaciones de Nueva Inglaterra; pero con el fin de la denominada “Frontera Oeste” por 1890, las tesis de la Temperancia alcanzaron relevancia nacional, y los predicadores instaron a la clase política a tomar cartas en el asunto.

La ley Volstead

En 1917 el Congreso promulgó la Enmienda XVIII a la Constitución por la cual quedaban prohibidas la manufactura, venta, importación o exportación y el transporte de bebidas alcohólicas. Esta enmienda fue ratificada en 36 de los 48 estados de la Unión, siendo susceptible de aplicarse como ley federal (común a todo el territorio nacional).

Fue el senador Volstead, inspirador de la enmienda el que explicó con estas optimistas palabras la razón de ser de la misma: «Esta noche, un minuto después de las doce, nacerá una nueva nación», declaró el Senador Andrew Volstead, impulsor de la nueva norma, con optimismo. «El demonio de la bebida hace testamento. Se inicia una era de ideas claras y limpios modales. Los barrios bajos serán pronto cosa del pasado. Las cárceles y correccionales quedarán vacíos; los transformaremos en graneros y fábricas. Todos los hombres volverán a caminar erguidos, sonreirán todas las mujeres y reirán todos los niños. Se cerraron para siempre las puertas del infierno.»

Lo que no esperaba el senador es que el recuento oficial de reclusos federales para 1917 era de unos 4.000, un número que para 1932 había ascendido a 26.859. La Ley Seca fue el caldo de cultivo perfecto para que las bandas de criminales organizados experimentaran un auge jamás visto, bandas como las de Al Capone, que mediante la corrupción y el subterfugio controlaban barrios enteros o ciudades prácticamente como Chicago, en el caso de este personaje.

Hoover combatió con éxito a estas bandas, al menos por norma general, si bien fue la derogación de la Ley en 1932 por el cambio de mentalidad experimentada en los años 20 del pasado siglo y por comprobarse lo costosa y lo inútil que había resultado lo que acabó con el lucrativo mercado negro de bebidas espirituosas.

Hoover siguió dirigiendo el FBI de forma profesional y caciquista, como un maestro de la inteligencia y el espionaje. Sus redes de informadores le tenían constantemente al corriente de las vidas privadas de políticos, famosos y artistas, con detalles acerca de sus hábitos sexuales, cotidianos e ideológicos; ya que el director del FBI perseguía sobre todo a aquellos considerados “pro-comunistas” durante el episodio de la Guerra Fría.

Hizo posible que un matrimonio judío (el caso Rosenberg), fuera acusado mediante pruebas de ser espías soviéticos y logró que fueran condenados a morir en la silla eléctrica. Además, en 1954 apoyó las acusaciones conjuntas del científico Edward Teller y otras personalidades políticas contra el físico Robert Oppenheimer, padre de la bomba atómica, acusado de comunista por haber mantenido amoríos con Tean Tatlock, activista de dicho partido y a su arrepentimiento por haber formado parte del Proyecto Manhattan. Oppenheimer no consiguió limpiar su honor hasta 1967, pocos años antes de su muerte por cáncer.

En 1968, Hoover se mostraba satisfecho ante el asesinato de Kennedy, y ordenó a sus trabajadores quemar inmediatamente cualquier registro o cinta que tuviera que ver con él; algo de lo que el Congreso le acusó en 1979 porque «no investigó adecuadamente la posibilidad de una conspiración para asesinar al Presidente». Su ideología racista llevó al presidente Johnson a reprenderle ante la actitud que mostraba Hoover ante Martin Luther King Jr., de cuyo asesinato se sospechó que el director del FBI formó parte.

Hoover y Tolson veraneando juntos. Fuente: www. sports-images.vice.com

Hoover y Tolson veraneando juntos. Fuente: www. sports-images.vice.com

Edgar Hoover murió de un ataque al corazón la noche del 1 al 2 de mayo de 1972 después de 48 años a la cabeza del FBI y fue enterrado con un funeral de Estado. Nixon aprovechó la coyuntura para limitar el mandato de los directores del FBI a 10 años. A pesar de las persecuciones que realizó, se sospecha que Hoover siempre fue homosexual, y que su director adjunto, Clyde Tolson, era su amante. Siempre estuvo soltero, sin hijos, y allá donde iba era con Tolson, incluso de vacaciones y a eventos sociales.

Su secretaria, Helen Gandy, destruyó a su muerte todos los documentos e informes que eran considerados confidenciales, y nunca contó nada sobre Hoover hasta que falleció en 1988. Tolson heredó todas las propiedades y bienes raíces del director del FBI y aceptó la bandera nacional que cubría su ataúd en las exequias. Falleció en 1975 y fue enterrado cerca de Hoover, en el Cementerio del Congreso de Estados Unidos.

Detalles curiosos

En 2011 fue estrenada una película de su vida, titulada J. Edgar, dirigida por Clint Eastwood. En el filme, Hoover fue interpretado por Leonardo DiCaprio; Tolson, por Armie Hammer; y la secretaria Helen Gandy, por Naomi Watts.

 


 

BIBLIOGRAFÍA

  • Curiosidades de la historia con el ministerio del tiempo. Espasa: Madrid, 2016.
  • VIVIANA, Israel. "El español con <<visión rayos x>> que retó a Houdini en 1924." (10 de septiembre, 2013) ABC. Recuperado en: http://www.abc.es/20110324/archivo/abci-houdini-argamasilla-201103241300.html (Consulta: 13 de abril de 2016)
  • http://www.elmundo.es/ciencia/2015/01/04/54a6c8fb268e3e5e2f8b458e.html
  • http://magonia.com/2006/03/08/cajal-y-espiritismo/
  • Doyle, Arthur Conan: Arthur Conan Doyle contra Houdini. La Felguera, Madrid, 2014.
  • http://revistacactus.com/doyle-vs-houdini-una-cuestion-de-espiritus/
  • http://magonia.com/2014/09/10/arthur-conan-doyle-y-sus-espiritus-contra-harry-houdini/
  • http://www.thecult.es/cronicas/conan-doyle-houdini-y-las-almas-descarnadas.html
  • SILVERMAN, KENNETH “Houdini: The Career of Ehrich Weiss” (1997)
  • http://www.microsiervos.com/archivo/mundoreal/biografia-harry-houdini.html
  • Documental “Houdini: Unlocking the Mistery”. Completo aquí en inglés: https://www.youtube.com/watch?v=72IBUiXJogc
  • Biografía de J. Edgar Hoover: http://www.biografiasyvidas.com/biografia/h/hoover.htm y https://es.wikipedia.org/wiki/John_Edgar_Hoover (Consultados por última vez el 9-4-16).
  • La Ley Seca en EEUU: https://es.wikipedia.org/wiki/Ley_seca_en_los_Estados_Unidos (Consultado por última vez el 9-4-16)
Historia 2.0

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