Analizando históricamente el Ministerio del tiempo: Capítulo 17 - Óleo sobre tiempo

En «Óleo sobre tiempo» viajamos con la patrulla al Madrid de 1734. Por aquella época nos gobernaba, muy a su pesar, Felipe V, el primer Borbón patrio. Un monarca algo tocado del ala, nieto del Rey Sol y que, a pesar de las leyendas que hablan de su obsesión por el sexo, la sangre, una aversión por la higiene y paranoia al creerse objeto de envenenamientos, contó con un alma atormentada y unas ganas irrefrenables de abdicar y dejar a otro el peso de una corona que jamás deseó.

Nos adentraremos en los pasillos y estancias del desaparecido Alcázar de Madrid, que se situó, hasta su misterioso incendio, en el mismo lugar donde hoy se levanta el Palacio de Oriente. El Alcázar terminó casi totalmente calcinado tras varios días ardiendo, pero llegó a albergar antes del fatídico accidente una vasta colección de obras de arte de genios como Tiziano, Leonardo, Tintoretto, Ribera, Durero o el mismísimo Velázquez, entre otros.

Felipe V y el incendio del alcázar de Madrid

Por Marta Sixto

Los delirios de un monarca

En el año 1700, Carlos II -llamado «el hechizado»- muere sin descendencia y en su testamento, deja como heredero a Felipe de Anjou, nieto del rey de Francia Luis XIV y su hermana -la de Carlos II-, por lo tanto a un Borbón, el primero que gobernaría este país.

Por supuesto, esto no fue del gusto de aquellos que creían que la rama de los Austrias era la única legítima y sí veían, en cambio, como heredero al Archiduque Don Carlos  -conflicto que terminó provocando la guerra de Sucesión en España y que no terminó hasta el 1713-. Esta decisión testamentaria no solo disgustó a los simpatizantes de los Austrias; el propio Felipe no tenía interés ninguno en dejar la Corte francesa para acabar en la rígida y austera Corte española.

Pero el caso es que fue proclamado rey y se trasladó a España, donde habría de vivir en el Alcázar.

Su primera esposa fue María Gabriela de Saboya, que le dio dos hijos que además serían reyes: Luis I y Fernando VI. Estuvo al lado del rey 14 años, tras los cuales murió de viruela.

La muerte de la reina coincidió con los primeros episodios de “locura” de Felipe, que ya de por sí tenía un carácter melancólico y depresivo que parecía haber heredado de su madre, que pasaba los días encerrada en Versalles sin ver a nadie.

Su segundo matrimonio fue con Isabel de Farnesio, la reina que aparece en el capítulo que estamos tratando y que, efectivamente, fue apodada «la parmesana» por ser hija del Duque de Parma. Tal y como vemos en el capítulo supo tratar con la enfermedad del rey, intentando por otro lado llevar el trono de España y todo lo que en torno a él giraba.

Ambos se amaron muchísimo y el rey creó dependencia hacia ella, algo que también supo llevar muy bien la italiana a pesar de la dureza que le suponía la enfermedad de su marido, que no solo le producía daños psíquicos, sino también físicos: cefaleas, astenias, problemas de estómago…

El rey tenía además una obsesión enfermiza con el sexo y tomaba toda clase de brebajes que, hipotéticamente, desarrollaban su potencia sexual.

Según varios documentos, el año 1717 fue el primero en el que el rey comenzó a desarrollar una locura como tal: una tarde, paseando a caballo, sintió que el sol le perseguía y quiso huir de él. A partir de entonces, vivía por la noche y dormía durante el día para escapar, cual vampiro, de los rayos solares.

Por si no era suficiente con esta fotofobia, su dependencia y el resto de daños psíquicos y físicos que hemos enumerado, además se volvió paranoico y comenzó a ver a su alrededor signos de una conspiración para atentar contra su vida. Y así, se empeñó en que su ropa limpia estaba envenenada y llegó a no dejar que nadie le cortase el pelo ni las uñas. Unas uñas que, obviamente crecieron tanto que no podía ni caminar, creyéndose por ello estar muerto y preguntándole constantemente a sus soldados por qué no era enterrado.

Sufrió delirios y ataques de histeria y muchas veces se creyó una rana. Con el paso de los años se encontraba cada vez peor, llegando a pensar que todos los males que le aquejaban eran por culpa de no haber encargado suficentes misas en favor de la difunta alma de su primera esposa -por la que después ordenó encargar 200.000 misas en su honor lo más pronto posible-.

En 1724 abdicó en su hijo Luis I, pues su enfermedad no lo dejaba gobernar. Por desgracia, su heredero murió nueve meses después y se le devolvió la corona al rey Felipe, por lo que se dice que fue el único rey que reinó dos veces. Un reinado, el más largo de la historia de la corona española, con 45 años a sus espaldas.

Actualmente varios estudios han sacado en conclusión que la afección psicológica de Felipe se debía a un trastorno bipolar y un  un delirio nihilista de Cotard -delirio de negación-.

El incendio del viejo palacio

En la Nochebuena del año 1734 el Alcázar comenzó a arder.

El origen del fuego se originó supuestamente en los aposentos del pintor Jean Ranc, pintor de la Corte.

A día de hoy es todavía un misterio cómo pudo quemarse un edificio que estaba vigilado continuamente por ser la residencia real. El caso es que ardió durante cuatro días, calcinándose la mayoría de su interior, así como más de 500 obras de arte.

El Alcázar, cuyo origen primigenio hay que buscarlo en el S.IX, fue la residencia elegida por Felipe II cuando decidió trasladar la Corte a Madrid, acometiendo una gran reforma que lo convertiría en el gran palacio en que se convirtió, y que fue remodelado y ampliado por los sucesivos reyes de la rama de los Austrias.

El estilo del palacio, al gusto español, era austero, nada que ver con la pomposa Versalles de donde venía nuestro primer Borbón, Felipe V. Por eso se habla de que el propio rey -en su locura y apoyado por su esposa como se nos deja entrever en el capítulo- fue el que incendió, o mandó incendiar el palacio para trasladarse al Palacio de la Granja, más a su gusto, y construir encima de las cenizas el que hoy conocemos como Palacio Real.

Que la familia real se ausentara esa noche en palacio, en cuya capilla se solía celebrar la Misa del Gallo, da alas a los amantes de estas teorías.

El incendio se provocó hacia las 12 de la madrugada, aprovechando el cambio de guardia y que la mayoría de los cortesanos y familia real se encontraban disfrutando de la Misa del Gallo.

Enseguida se dio la alerta y los monjes del monasterio de San Gil tocaron las campanas para dar la alarma, pero el pueblo no hizo caso, pensando que se trababan de los maitines. Para más inri, no se abrieron las puertas por miedo a saqueos, con lo que el fuego se propagó más rápido.

Finalmente se abrieron las puertas y toda ayuda fue poca para salvar, sobre todo, documentos importantes de la corona y obras de arte -más de 2000 de las que se quemaron unas 500-.

Durante los cuatro días que hemos comentado, el palacio ardió y solo quedó en pie tan solo dos fachadas y la llamada Torre del Príncipe.

Sobre sus cenizas Felipe V comenzó a construir el Palacio Real bajo las órdenes de Felipe Juvara.

Los cuadros perdidos de Velázquez

Por Marta Sixto

En el año 1650, el actual rey, Felipe IV, decide remodelar el Alcázar para dar cabida a la gran colección de pinturas de las que gozaba por herencia de su abuelo Felipe II. Como su antepasado, Felipe IV era un gran amante de las artes por lo que deseaba además ampliar la colección.

Fue la excusa perfecta para enviar a Velázquez, pintor de la Corte, a un enriquecedor viaje a Italia entre 1649 y 1651 con el fin de que adquiriese obras para la colección y contratase pintores para nuevos frescos en las estancias. Este viaje supondría además un giro en la obra del artista que coquetearía con una nueva técnica parecida al impresionismo que tardaría aún dos siglos en llegar.

De vuelta del viaje en 1652, es nombrado Aposentador mayor de palacio, cargo que le valdrá para organizar tanto las obras que adornarán el Alcázar, cómo el mejor lugar donde éstas deberían disponerse, ardua tarea la de mover y recolocar las más de 2000 obras de arte que conformaban la colección real.

Las descripciones de las que disponemos para saber tanto el número de obras, como la forma en la que estaban dispuestas en las diferentes estancias nos han llegado gracias a los numerosos inventarios, el último fechado en el 1700.

Es significativo el de 1666 por ser uno de los más completos (reeditado y documentado de nuevo en 2015), en él, se da cuenta de la cantidad de obras que aumentaron el patrimonio gracias a Felipe IV y su afán de coleccionismo y amor por las artes.

Sea como fuere, con el incendio ardieron más de 500 obras, entre ellas varias del pintor que nos ocupa, Diego Velázquez.

Como decíamos, Velázquez se queda encargado de la colección real y su disposición dentro de la fortaleza. Pone especial interés en una de las estancias más importantes desde el unto de vista protocolario y representativo: el llamado Salón Nuevo, más conocido como Salón de los Espejos.

El Salón de los Espejos era una de las galerías centrales de palacio, y en ella se celebraban recepciones o se firmaban documentos importantes.

 

Reconstrucción de las paredes Oeste y Este del Salón de los Espejos en la segunda mitad del S.XVII
(Fuente: Investigart)

Era esencial entonces, que todo estuviese perfectamente dispuesto, incluso diferente según el acontecimiento que en ella se fuera a vivir.

Velázquez tiene en cuenta para decorar la estancia las preferencias pictóricas del monarca (en este caso los lienzos de Rubens y Tiziano), así como la temática que este quería destacar: la supremacía de los Austrias y su defensa del catolicismo. La estancia, debería además de estar preparada en el año 1658 para recibir al Duque de Gramont, que vendría en representación de Luis XIV, para negociar su boda con la hija de Felipe IV, Doña María Teresa.

Carlos V a caballo en la Batalla de Mühlberg. TIZIANO. 1548.                                   Museo Nacional del Prado.

Contamos con varios documentos en lo que se nos dan pistas de cómo podría ser la estancia que nos ocupa, pero además, algunos de los cuadros del pintor Carreño de Miranda cuentan como fondo con el Salón de los espejos. Por ejemplo, en el retrato de la reina viuda Mariana, dónde podemos ver los espejos con marcos en forma de águila y los muebles con leones como soporte que fueron encargados por Velázquez en Italia.

En el lugar se dispondrán pues los retratos de grandes dimensiones de los monarcas de la casa de Austria: dos lienzos de Tiziano que se salvaron de las llamas: el muy conocido Carlos V a caballo en la batalla de Mühlberg y Felipe II después de la victoria de Lepanto.

 

El cuadro que Rubens pintó de Felipe IV para sustituir a uno más antiguo de Velázquez: Felipe IV a caballo con la alegoría de la Fe y la Justicia Divina -desaparecido en el incendio- y otras nueve obras suyas.

En la galería, se encontraban también cuatro obras de Tintoretto, dos de Veronés, una de Bassano y de otros maestros como Ribera o Gentileschi. Velázquez además completaría el Salón con cinco obras propias realizadas ex profeso para el lugar: La expulsión de los moriscos (quemada), y cuatro escenas mitológicas: Apolo y Marsias (o Apolo desollando un sátiro), Venus y Adonis, Cupido y Psique y, Mercurio y Argos (única de las cuatro que se salvó del incendio, hoy en el Museo del Prado), datadas seguramente en la década de los cincuenta.

Velázquez se igualaba así con los maestros de su época.

Mercurio y Argos. VELÁZQUEZ. Museo Nacional del Prado.

Estudiando el cuadro de Mercurio y Argos, el único que nos ha llegado, vemos que su formato es bajo y horizontal, estaba pensado para ponerse entre dos ventanas y situado frente a la luz, por lo que usa una técnica relajada con una pincelada muy suelta y un juego de luces y sombras utilizadas con gran maestría. Además había proyectado para el techo un fresco de grandes dimensiones, que había encargado a los ilusionistas boloñeses Angelo Colonna y Agostino Mitelli, que fueron ayudados por los españoles Carreño y Rizi, basándose concretamente en escenas del mito de Pandora.

Otra pieza importante del Alcázar, remodelada durante el reinado de Felipe IV, fue el Salón de Comedias, con una serie de retratos de monarcas de España de los mejores artistas, y una colección de obras religiosas de los principales maestros italianos.

Ya en el otro lado del Alcázar, la Galería del Cierzo, una vez más puesta al gusto de Felipe IV, albergaba las obras de El Bosco, Guido Reni, Carracci, y El triunfo de Baco de Velázquez. Otra de las estancias erigidas durante su reinado fue la Pieza Ochavada, dónde se dispondrían además de pinturas, numerosas esculturas.

En general, tanto las estancias ya existentes, como las nuevas erigidas en época de Felipe IV, dieron un cambio radical al aspecto decorativo del Alcázar, que vistió sus muros convirtiéndolo en un maravilloso museo privado con más de 2000 obras de arte.

Con la llegada del primer Borbón (Felipe V), la decoración de palacio cambió considerablemente, la corte de Francia no tenía nada que ver con la española y la reina prefirió no exhibir tantas obras de arte y sí espejos, chimeneas y bosieres.

Con el incendio en la Nochebuena de 1734, desaparecieron más de 500 obras pasto de las llamas, y muchas de las que sobrevivieron resultaron dañadas de por vida. Se perdieron obras de Rubens, Tiziano, El Bosco, Veronés, Tintoretto, Ribera, Van Dyck, El Greco, Leonardo, etc. También joyas, objetos de plata y oro que se fundieron con el calor y un sinfín de documentos, entre ellos bulas pontificias, archivos de Indias, etc.

Podría haber sido peor, ya que se da la circunstancia de que muchas obras en ese momento se encontraban en el Palacio del Buen Retiro provisionalmente puesto que el Real Alcázar estaba siendo sometido a reformas.

Muchos de los cuadros que se salvaron de la llamas, lo hicieron gracias a que se arrancaron de los marcos y se tiraron por las ventanas, caso conocido es el de Las Meninas, que se hallaba en el despacho del rey, y que los criados pudieron salvar, dañándose solo una mejilla de la Infanta que fue restaurada quedando en perfectas condiciones.
Los frailes de la cercana congregación de San Gil ayudaron en gran medida a salvar todo lo que pudieron, pues además fueron los primeros en llegar.

Las obras de Velázquez que desaparecieron en el desastroso incendio fueron cinco: La expulsión de los moriscos, Retrato ecuestre de Felipe IV y los tres de la serie mitológica: Apolo y Marsias, Venus y Adonis, y Cupido y Psique.

La expulsión de los moriscos que aparece en el capítulo- como bien dice el personaje de Velázquez- fue el ganador de un concurso organizado por el rey para plasmar tal episodio de la historia. El concurso se desarrollaría en 1627 entre Velázquez y otros tres pintores, Carducho, Cajés y Angelo Nardi.
De este lienzo podemos tener una idea aproximada de cómo puso ser ,dado que se conserva una  una pormenorizada descripción realizada por Pacheco. Tendría unas dimensiones similares a Las Meninas, representaría en el centro a Felipe III con actitud de señalar con el bastón a un grupo de hombres, mujeres y niños (los moriscos) conducidos por soldados ante las naves (...).
En algunos inventarios aparecen otras obras, si bien atribuidas o de su escuela, sin haber llegado a consenso por los expertos.

La dama del abanico. VELÁZQUEZ. Ca.1639. Wallace Collection.

En el capítulo, Velázquez le hace llegar a Felipe V un retrato: Dama con abanico, lienzo que efectivamente existe: fue pintada ca. 1639 y actualmente se encuentra expuesta en Londres en el Museo de la colección Wallace. Una vez más, no tenemos certeza de a quién representa, pudiendo ser una noble de la época, la propia hija de Velázquez o una prostituta. Como anécdota, el tipo de traje que lleva la mujer fue prohibido en 1639 debido a su pronunciado escote.

Retrato una dama. Atribuido a Velázquez. 1635. Colección privada del Duque de Devonshire.

En cuanto al cuadro que ya poseía el rey en el capítulo, Dama con pañuelo, da lugar a contradicciones o juega al despiste, existe un retrato de una dama con un pañuelo (Retrato de una dama o Dama con mantilla) muy similar a la Dama con abanico, que está atribuido a Velázquez aunque en este caso los expertos no se ponen de acuerdo, afirmando algunos que simplemente es de su escuela, y otros que es de Mazo. Aún así no tiene un parecido tan exagerado como se nos hace ver en el capítulo, ni se quemó en el incendio.

 

 

 

 

 

 


BIBLIOGRAFÍA

-BROWN, Jonathan. "Velázquez, pintor y cortesano." Alianza Forma, Alianza Editorial, 1986.
-BARDI, P.M. "La obra pictórica completa de Velázquez." Barcelona: Noguer Rizzol, 1968.
- LÓPEZ REY, Jose. "Velázquez." Compañía Internacional editora, S.A., 1978.
- https://www.museodelprado.es/aprende/enciclopedia/voz/alcazar-de-madrid-real/cd2eb3b7-3aa7-45f9-9ce5-0ed711622f08

- VIDAL SALES, J.A. "La vida y la época de Felipe V". Barcelona: Planeta, 1997

Historia 2.0

Cuéntanos que opinas

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de usuario. Si continúas navegando estás dando tu consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies ACEPTAR

Aviso de cookies