Carta de Juan de la Cosa (1500, Puerto Sta. María)

Esta valiosa carta náutica (que no “mapa”) atribuida al navegante cántabro Juan de la Cosa (c. 1450-1509) fue redescubierta en una almoneda de París en 1832, donde fue adquirida por el barón Walkenaer, coleccionista, geógrafo y embajador holandés en Francia. A la muerte del barón en 1853, el Estado español la recuperará en pública subasta por recomendación del erudito Ramón de la Sagra, pasando así a formar parte del Depósito Hidrográfico, que a su vez acabará dentro de las colecciones del Museo Naval de Madrid hasta nuestros días.

Sus destinatarios originales muy posiblemente fueron Isabel y Fernando de Trastámara, los Reyes Católicos. El encargo pudo proceder del obispo Fonseca, aunque de la propia Isabel se conoce en concreto que mantenía cordiales relaciones personales con nuestro navegante. Sea como fuere, se especula que pudo ser depositada por el Consejo de Indias en la Casa de la Contratación de Sevilla, de cuyas dependencias desapareció en circunstancias que aún hoy se desconocen. También se baraja que pudo ser robada en algún momento durante la Guerra de Independencia (1808-1814), al volver a reaparecer precisamente en París.

Ilustración de Pablo Arellano realizada para Historia 2.0 © PABLO ARELLANO LÓPEZ. Todos los derechos reservados /All rights reserved. PROHIBIDA su utilización.

Ilustración de Pablo Arellano realizada para Historia 2.0 © PABLO ARELLANO LÓPEZ. Todos los derechos reservados /All rights reserved. PROHIBIDA su utilización.

Por la calidad de sus materiales, esta carta náutica asciende a la categoría de objeto de lujo y, por los datos de carácter geopolítico recogidos en él, a la de secreto de Estado en la época. El soporte básico lo conforman dos pieles de ternera o vitela unidas por su lado menor. Mantiene además la forma original del animal para un mejor aprovechamiento de la superficie, cuyas dimensiones son de 96x186 cm.

La carta de Juan de la Cosa incluye, en una estética aún “medievalizante”, la máxima expresión del conocimiento del mundo a la altura de 1500. A través del mismo se pretendía ilustrar a los monarcas de Castilla sobre la extensión de su imperio ultramarino y las tempranas conquistas llevadas a cabo por otras potencias europeas rivales, como Portugal e Inglaterra. A su vez, con carácter estratégico, señala las líneas de acción más adecuadas para proseguir con las exploraciones a fin de encontrar a Poniente un paso marítimo directo hacia la India.

Se trata así mismo de una obra “plural” y en buena parte anónima, pues los autores que aportaron datos fueron muchos, mientras que de los artesanos que confeccionaban cartas náuticas es bien conocido que trabajaban por fases. En primer lugar, se aprecian en ella los descubrimientos llevados a cabo por Cristóbal Colón en sus tres viajes de 1492, 1493 y 1498; así como los de Ojeda, Vicente Yáñez Pinzón y Juan y Sebastián Caboto (de estos últimos proceden por ejemplo los datos de las áreas norteamericanas).

Por su parte, Juan de la Cosa, su autor principal, participó con Colón en su primer viaje como maestre y propietario de la nao Santa María (1492). También lo hizo en el segundo de 1493 y se estableció en el gaditano Puerto de Santa María al regresar a España (1496). Como piloto mayor de Alonso de Ojeda navegó por las costas de Guayana, Paria y Venezuela (1499), y con los datos adquiridos y tomados anteriormente trazó a su regreso a España la carta que lleva su nombre. Más tarde, participó en las expediciones de Rodrigo de Bastidas por las costas de Colombia y Panamá (1500-1502) y, en otro viaje, ya a su total mando, exploró la costa desde la isla de Santa Margarita a Urabá (1504). Tras su regreso a España en 1506 volvió a La Española y de nuevo partió con Ojeda para explorar la costa colombiana: allí murió, en Turbaco, en un encuentro con nativos de la zona que lo acribillaron a base de flechas envenenadas (1509).

Como hemos apuntado con anterioridad, desde un punto de vista formal el “mapa” es en realidad una carta náutica, con notables reminiscencias de la floreciente escuela mallorquina bajomedieval (ss. XIV-XV). Entre las características principales de las cartas de navegación destacamos las siguientes:

  • Dibujo de la costa y sus accidentes perfectamente definido.
  • Línea litoral plagada de topónimos correspondientes a ciudades y puertos, escritos en negro o rojo (en este último color, los lugares de mayor importancia). Aparecen dispuestos de forma perpendicular y por el interior, menos en América y sus islas a causa del color verde y su pequeño tamaño.
  • Entramado de líneas y rosas de compás: red de rumbos, imprescindible para la navegación de estima con brújula. La disposición no es arbitraria: está realizada con regla y compás bajo un esquema preconcebido de base científica.
  • Dos escalas gráficas que recorren los lados mayores de la carta, aunque no se especifican unidades de medida, quizá por ser bastante conocidas entre los expertos de la época. Pese a ello se ha destacado su precisión y una clara relación con la idea de una Tierra con forma esférica.
  • Un meridiano en verde (el de Tordesillas) y dos paralelos en rojo (Trópico de Cáncer y el Ecuador).

Como hemos dicho, la importancia de la pieza de Juan de la Cosa radica en que se trata de la primera carta conservada que incluye la más temprana representación de América conocida hasta la fecha. Se trata de una representación real, no imaginada y elaborada a partir de referencias científicas. Por su parte, la representación de Asia es casi en su totalidad imaginada: aunque aparecen el mar Rojo o la mítica isla de Trapobana (probablemente la actual Sri Lanka), la información sobre Asia sigue siendo, a grandes rasgos, la obtenida por Marco Polo y otros viajeros italianos. Sin embargo, para el navegante, América no es aún un continente por lo que no cierra su figura, sino que la continúa en el lado oriental (aunque los bordes no encajen, posiblemente porque pensaba que habría más terreno en medio). En su representación predomina el color verde, usado también en Asia para indicar que se trata de una zona desconocida (o bien por el asombro que causaba la densidad de su floresta). El ansiado “estrecho del Índico”, paso previo a las codiciadas Tierras de las Especias, está presidido por una figura de San Cristóbal (por alusión a Colón o, en su forma más tradicional, como patrón de los marineros).

Los distintos descubrimientos y la geografía política en general se marcan mediante banderas y escudos de armas simplificados en América (castellanos, portugueses e ingleses) y África (portugueses). Se señalan también las minas de oro localizadas hasta la fecha en ambos continentes. También encontramos los típicos elementos formales de las cartas náuticas bajomedievales (rosas de compás, vientos antropomorfos, cartelas informativas de carácter enciclopedista pero “retardatarias”, elementos mitológicos y religiosos como los Tres Reyes Magos, etc.)

Por todas estas características la carta de Juan de la Cosa, pese a su representación aún “medieval” del mundo, está considerada como punto de arranque de la cartografía moderna, hablándonos también de un momento donde aún primaba un mayor y más rápido conocimiento de los litorales que del interior de los continentes.

Podéis ver la carta náutica original aquí:

http://abcblogs.abc.es/espejo-de-navegantes/files/2014/04/Mapa-de-Juan-de-la-Cosa-1500.jpg

 

BIBLIOGRAFÍA:

  • José Ignacio GONZÁLEZ-ALLER HIERRO, Catálogo-Guía del Museo Naval de Madrid, Madrid: Ministerio de Defensa, 1996. Textos reproducidos en Centro Virtual Cervantes, sección Museo Naval. Consulta 24/03/2014.
  • Sandra SÁENZ-LÓPEZ PÉREZ, “La Carta de Juan de la Cosa (1500), colofón de la cartografía medieval” en ROS TOGORES, Ana (ed.), Piezas del Mes, Museo Naval de Madrid, 2003/2005. Madrid: Museo Naval de Madrid, 2006, pp. 10-31. Texto disponible en academia.edu. Consulta: 24/03/2014.
  • Vídeo (recurso electrónico, publicado el 20/10/2013): “Juan de la Cosa y la época de los Descubrimientos”, producido por Jorge Molina para Museo Naval y Ministerio de Defensa. Consulta 22/03/2014.

 

AUTORA

LH LOGOMadrileña de nacimiento, Iris Rodríguez Alcaide (1989) es Licenciada en Historia y Máster en Estudios Avanzados de Historia Moderna por la Universidad Autónoma de Madrid. Como investigadora predoctoral ha participado en varios proyectos ligados a la Historia Intelectual y Cultural de los Animales, desde una perspectiva de género y postcolonial. Desde hace aproximadamente un año forma parte del trío tan particular que integra el blog Licencia Histórica donde escribe, entre otros muchos temas que le interesan, sobre la relación entre cultura popular, videojuegos e historia.

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