Historia de las mujeres (III): algunas mujeres contemporáneas

Llegamos al final de nuestro ciclo sobre Historia de las Mujeres y, tras la Historia del Feminismo y Algunos ejemplos de la Prehistoria, la Antigüedad y la Edad Media, le toca el turno a algunas las mujeres contemporáneas. Seguro que más de una de estas historias os sorprende.

El tiro con arco, deporte pionero para las mujeres

Por Jorge García de Pablo

Cuando uno piensa en un arco largo inglés la primera imagen que se le vendrá a la cabeza es un asedio o batalla campal de la Edad Media. Tal vez alguno lo asocie también con la caza. Ambas son actividades de hombres y podría parecer que, cuando la actividad evolucionara a deporte, esta costumbre se iba a mantener, al menos hasta tiempos modernos en los que la mujer tuviese un papel más igualitario en la sociedad y el deporte. Sin embargo, son muy abundantes las fotos y pinturas de finales del XIX y principios del XX de mujeres arqueras. Y es que el tiro con arco es uno de los primeros deportes de competición en los que está socialmente aceptado que participan mujeres. ¿Cómo una actividad históricamente masculina pasa a convertirse en pasatiempo habitual, e incluso predominante, de mujeres? Vamos a verlo.

The Fair Toxophiles. 1872. Royal Albert Memorial Museum, UK

Los inicios: de arma obsoleta a pasatiempo de moda

El arco inglés, como arma de guerra, fue quedándose obsoleta y siendo desplazada poco a poco por el arcabuz durante el siglo XVI, ya en época Tudor. Pero la tradición inglesa en la práctica del tiro estaba arraigada, y los juegos y torneos que durante la Edad Media sirvieron como entrenamiento para los soldados, sobrevivieron como actividad recreativa más allá del uso del arco como arma de guerra. Entrada la Edad Moderna, hubo una continuidad en la práctica, pero a medida que el tiro con arco perdió su utilidad, fue disminuyendo su popularidad. Entrando al siglo XVIII ya se ha transformado en una actividad propia de las clases acomodadas y exclusiva de hombres, algo lógico teniendo en cuenta la mencionada tradición de entrenamiento militar de la que era originario. Durante el último cuarto de este siglo, cuando se puso de moda y hubo un importante resurgimiento. En estos años se fundaron numerosas sociedades y clubs de arqueros y se organizaron torneos, estableciéndose así como actividad social y de entretenimiento de las mencionadas clases altas. Sociedades como los Royal Kentish Bowmen, la Royal Toxophilite Society, Woodmen of Arden, Royal British Bowmen o Royal Company of Archers fueron de las más célebres y se fundaron estos años, alargándose su existencia durante el siglo siguiente y llegando algunas incluso hasta hoy. Vemos cómo ‘royal’ precede al nombre de algunas, y es que muchas tuvieron el apoyo de George IV (1762–1830) cuando era príncipe. El futuro monarca era un consumado arquero, lo que le llevó a apoyar la actividad y las sociedades, ser presidente de la Royal Kentish Bowmen o elegir como guardia honoraria no oficial para sus visitas a Escocia a la Royal Company of Archers. A él se le puede atribuir la estandarización de las normas de la competición, que hasta entonces variaban en cada club. Se adoptó el sistema en uso desde 1754 por los Finsbury Archers, que no es otro que la clásica forma de diana que ha sobrevivido hasta hoy: anillos concéntricos amarillo en el centro (que por entonces dorado, con pintura con oro de verdad), siguiente rojo, blanco (que posteriormente se cambió a azul), luego negro y, por último, otro blanco exterior que sí ha permanecido. El príncipe también unificó las distancias, 100, 80 y 60 yardas.

A la izquierda George IV (1762-1830), cuando era Príncipe de Wales, con uniforme de la Royal Kentish Bowmen, de la que era presidente, datado en 1791. A la derecha George Douglas, 16º Earl de Morton (1761-1827), vestido con el uniforme de la Royal Company of Archers, datado entre el siglo XVIII y XIX.

Lamentablemente, como consecuencia de las Guerras Napoleónicas (1803–1815), el tiro con arco y otras muchas actividades decayeron ante la demanda de soldados y muchos de los clubs y torneos desaparecieron, sobreviviendo solo los más populares y a duras penas. Hasta aquí no tenemos mujeres por ningún sitio, pero la cosa iba a cambiar.

Final de las Guerras Napoleónicas, resurgir del deporte y de las sociedades

Aunque la guerra hizo estragos, a práctica de finales del siglo anterior sirvió de base para que se produjese un rápido renacimiento durante la década de 1820, gracias a los clubs ya fundados o los tratados de arquería escritos por entusiastas, que facilitaron el acceso y el conocimiento a nuevos arqueros. Salvo en Escocia, la construcción tradicional de arcos se había perdido prácticamente, pero enseguida aparecieron en Inglaterra nuevos constructores que reaprendieron o redescubrieron las técnicas del siglo pasado.

Las mujeres rompen el hielo

La gran diferencia con respecto al siglo anterior fue la entrada de las mujeres. Aunque ya en 1787, los Royal British Bowmen fueron la primera sociedad de tiro con arco en aceptar mujeres, el verdadero cambio se produjo en los años 20, con más y más sociedades admitiendo mujeres, aunque algunas con mayor convicción que otras. No he encontrado un único motivo convincente para explicar por qué ocurrió, pero así fue. Parece ser que era una práctica socialmente aceptada, saludable y que podía ser practicada con los aparatosos vestidos de la época. Autores de libros de tiro con arco del siglo XIX como Horace Ford en su Archery: Its Theory And Practice de 1859 destacan las ventajas para el cuerpo y la mente que tiene la práctica de este ejercicio y el aire libre. Maurice Thompson, en The Witchery of Archery de 1879, dedica un capítulo exclusivo a las mujeres arqueras en el que básicamente se dedica a explicar por qué es aceptable para su sexo este deporte y cómo practicarlo para no interferir en su condición femenina. Además hace una curiosa comparación con el críquet en la que dice que los corsés que llevan las mujeres pueden hacerlas daño con los movimientos de este deporte, también popular en la época, no habiendo ningún problema, por el contrario, con el tiro con arco. Como vemos, la igualdad de género ni estaba ni se la esperaba. Más bien era correcto que las mujeres lo practicasen en una sociedad aun fortísimamente marcada por los roles de cada uno. No me parece de extrañar que la actividad se popularizase por tratarse de una excusa perfecta para salir fuera y entretenerse un rato, ya que las actividades que podía llevar a cabo una mujer de clase alta inglesa en este siglo eran más bien pocas.

Hombres y mujeres en una fiesta de tiro con arco a orillas de un río frente a la casa de campo de Simon Yorke. 1823. © The Trustees of the British Museum

Buscando más motivos del acceso de la mujer, también influyó que la nueva tendencia de este siglo, fue la del disparo de precisión a dianas, en lugar del disparo al aire consistente en llegar lo más lejos posible. Esto hacía que se requiriesen unos arcos mucho menos potentes, lo que volvió el deporte más accesible y atractivo. Y un factor fundamental, tal vez no como detonante, pero sí como contribuyente a la popularización: la existencia de clubs y encuentros de arqueros mixtos convertía el tiro con arco en una excepcional ocasión para entablar contacto y relacionarse con el sexo opuesto en una época donde esta tarea no siempre era sencilla. Una actividad común a ambos sexos que favorecía la interacción, al requerir un esfuerzo físico bajo, con parones entre tirada y tirada ideales para charlar y disfrutar del aire libre. Es habitual en las pinturas de la época sobre escenas de tiro ver a unos y a otros hablando en torno a las mesas colocadas por los sirvientes con comida y bebida cerca de la línea de tiro. No es de extrañar que muchos matrimonios se fraguaran ante las dianas y que los padres buscasen que sus hijas participasen en estos eventos como presentación en sociedad.

¿Cómo eran los arcos?

Mientras que los arcos para hombres eran puramente funcionales, los de las mujeres cuidaban su estética, pudiendo tener agarres de seda, reposaflechas de perla y extremos para sujetar la cuerda de cuerno elaboradamente tallado. Para ambos sexos, la construcción era cuidada y con un proceso de fabricación que podía llevar hasta 5 o 6 años, debido a que las maderas y adhesivos debían secarse entre fase y fase. Usaron nogal, tejo (del Pirineo español habitualmente, por su calidad) o maderas exóticas como el lancewood (un árbol neozelandés). Una construcción típica era un arco de una pieza o de dos capas de laminado, tallado y lijado hasta darle una forma cuya sección transversal tiene forma de D (aunque los había elípticos también). Las palas eran dos piezas separadas que se pegaban por el centro en una junta con forma de cola de pez para tener la mayor superficie de unión posible. Una herramienta cara al alcance solo de la alta sociedad. Su potencia estaba en torno a 50 libras para los hombres y 30 para las mujeres, no muy diferente a lo que se usa actualmente, y que en kilos equivale a levantar unos 13,5 y 22,5 cada vez que tensas el arco. Potencia suficiente para las distancias de 50 y 60 yardas (unos 45 y 55 metros) a las que tiraban las mujeres y de entre 70 y 100 yardas de los hombres (en torno a 65 y 90 metros). Se han conservado un buen número de arcos para mujeres hasta hoy, lo cual nos indica que había una cantidad considerable de ellas y en buena proporción con los hombres. No es el medidor más preciso con el que valorar la participación femenina, ya que los motivos para conservar estos arcos pueden ser muchos, pero nos ilustra que no fue algo excepcional ni anecdótico.

Arco de Aldred, siglo XIX. Aldred era un conocido constructor de arcos londinense que ejerció su activid durante el siglo XIX. En la foto superior, detalle de la empuñadura, con la inscripción del constructor y  su potencia en libras, 46. Abajo, detalle del tip donde iba sujeta la cuerda.

Un deporte victoriano

Un factor importante para la popularización del tiro con arco fue el apoyo de la casa real británica, sobre todo si tenemos en cuenta que los arqueros eran fundamentalmente nobles y gente de clase alta. Ya hemos visto cómo George IV apoyó sociedades, estandarizó normas y, él mismo fue un arquero habitual. Su sucesor William IV (1830 – 1837) y la reina Victoria (1837-1901) continuaron la tradición de apoyar algunas sociedades, aunque no fueron tan activos como George. Victoria, tuvo un interés moderado por el deporte y lo practicó, lo que sin duda contribuyó a la buena imagen y a la aceptación de la mujer en él. Accedió en 1834 al patronazgo de la The Society of St Leonards Archers, una sociedad fundada por las tres hermanas Mackay, que la reina renombró como The Queen’s St Leonards Archers en el 37, poco después de su coronación. Esta sociedad, gracias al trabajo de las hermanas y a las donaciones de terrenos de James Burton, montó el Archery Ground, unos impresionantes jardines de referencia en la época para la práctica de tiro con arco.

Reina Victoria en un grabado de The Book of Archery, Hansard, publicado 1841. Archerylibrary.com

Los primeros torneos

Aunque la reina Victoria ayudase a dar impulso, lo cierto es que para la década de los 30 el tiro con arco era un deporte muy popular entre las clases altas británicas, tanto para hombres como para mujeres. Esto continuó así en las décadas sucesivas, constatándose un aumento de la demanda de arcos y de constructores para satisfacerla, además de la aparición de la clubs y sociedades. Se sabe gracias a un libro de 1864, The Archer’s Register, que hacia mediados de siglo había 146 sociedades en Inglaterra y Gales, 22 en Irlanda y 9 en Escocia, las cuales podían alcanzar los 100 o 200 miembros en algunos casos. Con esta popularidad, una reunión de arqueros a iniciativa de William Gray decidió en 1844 instituir el Grand National Archery Meeting (GNAM), un torneo de arqueros anual a nivel nacional, que seguiría las reglas establecidas por el príncipe George a finales del siglo pasado. Con 74 arqueros participantes, el primer encuentro se consideró un éxito y para el segundo ya se decidió que las mujeres debían participar también, siendo 11 las inscritas. Y, aunque las inscritas en los años iniciales no llegaron a la decena, en los 50 ya se vieron proporciones más parecidas de hombres/mujeres, en torno a 90/70 de cada.

Grabado del Grand National Archery Meeting en Leanington, tirada de mujeres. 1851.

Los torneos nacionales ya se llegaron a celebrar en época pre napoleónica, viéndose interrumpidos por la guerra. Desde entonces, los clubs celebraban sus propios torneos, pero no fue hasta la celebración del GNAM cuando se recuperó esta tradición, manteniéndose ya desde entonces y hasta el presente como importante torneo nacional. A raíz del torneo, en 1861 se fundó la Grand National Archery Society, que se encargaría de la organización del mismo. Esta sociedad, aunque al principio era una más, acabó derivando en el organismo responsable de la regulación de la práctica del deporte en Gran Bretaña (el equivalente a nuestras federaciones deportivas), afiliada a la Federación Internacional de Tiro con Arco (FITA), actual World Archery, y es la que lo regula ahora mismo, bajo el nombre de Archery GB. Todas estas regulaciones nacionales, junto a las del príncipe George a finales del XVIII, convierten al tiro con arco en uno de los primeros deportes regulados de la historia y, como consecuencia, uno de los primeros deportes regulados en los que participaron las mujeres.

Una actividad social y familiar

Pero no todo era deporte competitivo. Como ya hemos comentado, el tiro con arco era una actividad social, y los encuentros en clubs una ocasión para relacionarse entre hombres y mujeres y una oportunidad para encontrar pareja. Estas situaciones las relata en su libro Daniel Deronda (1876) la escritora Mary Anne Evans, que publicaba bajo el pseudónimo masculino de George Eliot para evitar prejuicios. La novela, al igual que otras de la autora, es característica por su realismo, componente moralizador y de crítica de la sociedad y sátira. En ella la protagonista acude al Grand National Archery Meeting con una idea clara en mente, deslumbrar a todos los presentes y buscar posibles maridos, para lo que trata de elegir el vestido más adecuado. En la novela se nos presenta esta competición como un gran mercado del matrimonio. Así que de estas familias arqueras surgidas en campos de tiro, no es de extrañar que los padres le pasasen la afición a sus hijos (e hijas, por supuesto). Tenemos evidencia de que los más pequeños de la casa lo practicaban, entre ellas algunos arcos de niño o registros de algún torneo juvenil que se celebró.

Una de las hermanas Mackay, fundadoras de The Society of St Leonards Archers e impulsoras del Archery Ground. Cerca de 1835.

En la segunda mitad de siglo el tiro con arco era un deporte consolidado, con numerosos clubs, torneos, y participantes de ambos sexos y todas las edades. También hay una buena producción literaria que contribuyó a difundir el conocimiento. Aportes como el de Horace Ford fueron de lo más destacado. Ganador del GNAM 11 años consecutivos, era un arquero científico que realizó numerosas pruebas y observaciones para mejorar la técnica. Su libro Archery, its Theory and Practice de 1859 es una muestra de su conocimiento que influyó a sus contemporáneos y aún se sigue reeditando y es una lectura recomendable para cualquier arquero tradicional. Entre esta popularidad del tiro con arco, sabemos que se extendió a las clases trabajadoras, habiendo arquerías públicas y torneos aparte de las sociedades de las que formaba parte la clase alta. Los torneos nacionales, además, estaban abiertos a cualquier participante, y en los registros de participación se ven algunos pocos casos de arqueros y arqueras independientes, no afiliados a ninguna sociedad. Los arcos que utilizaban eran modestos, imitando otros de mejor calidad y mucho más caros, pero cumplían su cometido. Incluso en algunas ciudades se podían alquilar arcos por una pequeña suma.

Expansión internacional

Y aparte de extenderse entre la sociedad, en el último cuarto de siglo también cruzó el charco, propagándose por Estados Unidos. Aunque los United Bowmen of Philadelphia nacieron en 1826 y ya había algunos arqueros, no fue hasta esos últimos años que se extendió. En 1879 tuvo lugar un gran encuentro en Chicago que fue un éxito y a partir de ahí continuaron celebrándose. De ese mismo año es la fundación de la National Archery Association of the United States of America, que es su federación actual asociada a la FITA. Los hermanos Maurice y Will Thompson fueron de los arqueros más conocidos del momento. Will fue un exitoso arquero ganador del primer torneo de Chicago y Maurice escritor de The Witchery of Archery en 1977. Aunque no podemos profundizar en su historia, es de lo más curiosa. Se iniciaron en el tiro con arco gracias a un ermitaño que vivía en una cabaña en sus tierras y tuvieron que utilizarlo a partir de 1968 no como deporte, si no como medio de supervivencia. Ambos fueron soldados confederados, bando derrotado de la Guerra Civil Americana a cuyos miembros les prohibieron el uso de armas de fuego tras la contienda. Pero como tenían que seguir cazando para alimentarse, empezaron a hacerlo con arco, esquivando el hambre y dejándose seducir por el embrujo del tiro con arco que les llevó, más tarde, a practicarlo de manera recreativa, participar en torneos y escribir el libro.

Will H Thompson and Mrs. Spalding Brown, ganadores del primer National Archery Meeting de Chicago en 1879.

El arco no solo hablaba inglés, y es que desde finales del XIX y principios del XX va cobrando importancia en la Europa continental. En este periodo este deporte se empieza a practicar en Francia, Bélgica, Suiza, Suecia, Países Bajos o Alemania, cuya federación, la Deutscher Schuetzenbund fue fundada nada menos que en 1861. El creciente número de países y la mejora de los medios de transporte y comunicaciones propiciaron las primeras competiciones internacionales. El primer torneo plurinacional que se celebró fue el de Le Touquet, Francia, con participación de arqueros (hombres y mujeres) ingleses, franceses, belgas y suizos. Se consideró un éxito y se celebraron varias ediciones más hasta que se vio interrumpido por la Primera Guerra Mundial.

Siglo XX: una nueva sociedad, un nuevo deporte

Para cuando entramos en el siglo XX la situación del deporte sigue siendo buena pero el número de tiradores se ha reducido debido a una mayor variedad de otros deportes y actividades al aire libre disponibles para elegir. El tenis fue el que más éxito tuvo a partir de 1874, practicado por hombres y mujeres también. Fruto de esto, muchos clubs se volvieron mixtos, ofreciendo ambos deportes hasta que el tenis se impuso totalmente en ciertos casos. El número de clubs se redujo de los más de 100 de los años dorados a 68.

El naciente movimiento olímpico

El evento deportivo internacional más célebre son los Juegos Olímpicos de la era moderna, que comenzaron en Atenas 1896. Como algunos datos de la participación de las mujeres en general (no sólo en tiro con arco) al inicio de los juegos olímpicos, señalar que no estuvo permitida su participación en la primera edición. Su creador, el francés Pierre de Coubertin consideraba que su inclusión sería «poco hábil, carente de interés, estética e incorrecta». A pesar de esto, Stamata Revithi corrió por su cuenta la maratón el día después de los hombres, aunque no le permitieron entrar en el estadio y su marca no quedó oficialmente registrada nunca. La situación cambió en Paris 1900, donde sí se permitió oficialmente la participación y compitieron 975 hombres y 22 mujeres. La primera mujer en conseguir un oro olímpico fue la suiza Hélène de Pourtalès en vela de 1 a 2 toneladas, como parte de la tripulación de 3 personas, ella, su marido y su sobrino, ya que la vela era categoría mixta. La primera campeona olímpica en categoría individual y específicamente femenina fue la inglesa Charlotte Cooper en tenis individual, que también ganó el dobles mixto más tarde. Ya hemos visto como el tenis, inventado en Inglaterra en los años 70 del siglo XIX, hizo que disminuyese el número de arqueros, cosa que también afectó a las mujeres, ya que desde el primer momento fue practicado por ellas también.

Hillyard contra Sterry en Paris 1900

El tiro con arco olímpico se estrenó en la segunda edición de París 1900, contando solo con categoría masculina, en la que participaron 129 franceses, 18 belgas y 6 holandeses. A pesar de su popularidad en Reino Unido, no hubo arqueros de esta nacionalidad en esta edición. La razón es que los Juegos aún no tenían el prestigio que tienen hoy, y eran más importantes los torneos nacionales, que tenían lugar en una fecha muy próxima. La tercera edición de 1904 viajó hasta Estados Unidos, en San Luis, Misuri. El largo viaje desde Europa provocó que solo participasen arqueros estadounidenses, pero como contrapunto, fue donde se estrenó la categoría femenina. 23 hombres y 6 mujeres, de las que Matilda Howell fue la primera campeona olímpica de este deporte, oro en las dos categorías individuales y en la de equipos. Fue una brillante arquera, cuyo interés comenzó hacia 1878 gracias a los artículos del ya mencionado Maurice Thompson, que consiguió varios títulos regionales de Ohio y se proclamó campeona nacional de Estados Unidos en 17 ocasiones.

Matilda Howell St Louis 1904

En 1908 las olimpiadas volvieron a Europa y se celebraron en Londres. El tiro con arco no fue demasiado exitoso ya que la mayoría eran ingleses: 25 mujeres inglesas, 16 hombres (sí, había más mujeres), 15 franceses y un estadounidense, todos hombres. La ganadora fue la inglesa Queenie Newall, oro en la única categoría femenina y que le valió el récord aún vigente de ser la mujer más mayor en ganar una medalla olímpica, con 53 años. Empezó tarde en el tiro con arco, en 1905, ganando cuatro torneos regionales antes de la olimpiada. Pero tenía una seria competidora a nivel nacional, Alice Legh, una de las mejores arqueras británicas que ha existido, 23 veces campeona de este país. Era ya 18 veces campeona cuando fue invitada a las olimpiadas, pero por motivos no muy claros, decidió declinar la invitación y dejar que su protegida, Queenie, acudiese. Tras el éxito en las olimpiadas, la hegemonía de Alice fue disputada por Queenie, también una gran arquera, y consiguió arrebatarle el título nacional en 3 ocasiones. Por cerrar el tema olímpico, mencionar que en 1912 no hubo tiro con arco, los de 1916 se cancelaron por la Primera Guerra Mundial y en 1920 volvió a haber 30 participantes (hombres) de Francia, Bélgica y Holanda. A partir de ahí, el tiro con arco dejó de ser olímpico hasta 1972, cuando volvió para continuar hasta la actualidad.

Queenie Newall Londres 1908

Entre guerras

La Primera Guerra Mundial trajo un lógico parón de competiciones y actividades en los clubs y un descenso en el número de arqueros, además de ser el detonante de una serie de cambios sociales que serían imparables. La curiosa situación que se dio es que, con los hombres en el frente y las bajas sufridas, el tiro con arco pasó a estar dominado por las mujeres. Los registros de clubs de 1922 nos dejan un balance de hasta 10 mujeres por cada hombre. Entre las consecuencias de la guerra, la camaradería en el frente y las bajas sufridas por la clase alta hicieron que, poco a poco, las rígidas barreras de clases se fueran derribando. Y aunque el tiro con arco siguió siendo un deporte dominado por clases altas, muchos clubs, aunque no fuese por convicción sino por mera supervivencia, comenzaron a admitir gente corriente, cosa que era impensable solo 10 años antes. Tras la guerra, los años 20 trajeron la lenta vuelta a la normalidad en el deporte y la aparición de una importante revista especializada, Archery News, cuya editora fue una mujer, Christina Philips.

Revista tirco con arco siglo XX, con un resumen de todos los avances que comentamos: arcos de acero, miras, el anuncio de suscripción anual a la revista. Y, cómo no, una arquera.

Los años 30 supusieron dos nuevas tendencias importantes: el creciente interés por el deporte competitivo y las innovaciones tecnológicas en el arco. Fruto del creciente interés competitivo, en 1931 se fundó la Federación Internacional de Tiro con Arco (FITA) por las federaciones nacionales de Checoslovaquia, Francia, Hungría, Italia, Polonia, Suecia y Estados Unidos. Su objetivo era la coordinación de competiciones internacionales y la vuelta del tiro con arco a los Juegos Olímpicos, y fue sumando países en los años sucesivos hasta las 162 federaciones que aglutina hoy. Los avances tecnológicos en el arco fueron el fruto de los nuevos materiales desarrollados por la industria en estos años y el aumento de los estudios científicos sobre la física del arco. El arco, que era un arma que había cambiado bastante poco en sus siglos de historia se comenzó a perfeccionar. Se probaron nuevos materiales como el arco de acero, desarrollado en Suecia y Alemania y se popularizaron las miras para apuntar y aumentar la precisión frente al tiro instintivo. Los físicos e ingenieros estadounidenses Clarence Hickman y Paul Klopsteg, además de sus inventos en el área armamentística, condujeron experimentos sobre la física del arco y la flecha. Entre sus conclusiones más importantes, las de que la forma tradicional del arco y su sección en forma de D eran poco eficientes para almacenar energía. Sus descubrimientos llevaron al desarrollo de la forma recurvada de las palas y la forma aplanada que imperan a día de hoy. Estos avances de los años 30, tanto a nivel organizativo y de competición, como técnico, irán evolucionando hasta el desarrollo del deporte tal y como lo conocemos a día de hoy. Y, aunque la Segunda Guerra Mundial causó otro frenazo lógico en la actividad, el desarrollo continuó en los años sucesivos. La mujer, que como hemos visto tuvo una incorporación muy temprana a este deporte comparado con otros, no perdió su papel importante, lo mantuvo y lo conserva.

Bibliografía y referencias


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El ¿doctor? James Barry

Por Marta Sixto

Nos trasladamos a la Inglaterra del S.XIX. En aquella época se puede decir que era la cuna de la medicina en Europa, pues solo en Londres había más de una veintena de facultades dedicadas a esta ciencia.

De sus aulas  salieron afamados doctores, entre ellos el Dr. James Barry, que se convertiría en un experto galeno  realizando importantes reformas en ese campo y estudiando enfermedades como la sífilis o la lepra  —dolencias muy comunes en la época—  consiguiendo grandes avances para  su curación y prevención.

El Dr. Barry trabajaría como médico del ejército  llegando a ser Inspector General de Hospitales de Inglaterra, el cargo más alto en cuanto a medicina se refería en los años que nos ocupan.

Pero a pesar de que nos pueda parecer una historia normal de un hombre de gran éxito en su campo, a su muerte se desveló el gran secreto que guardaba.

James Barry era en realidad Margaret Ann Bulkley, es decir, una mujer.

Retrato de James Barry http://blogs.lavozdigital.es/unalupasobrelahistoria/2012/01/29/%C2%BFquien-fue-james-barry/

Margaret nació en el condado de Cork, en el seno de una familia acomodada y desde que era pequeña soñaba con estudiar medicina, siempre había sido muy inteligente y vocación no le faltaba.

Lo que si le faltaba era una condición sin la cual no podría ingresar en la academia de medicina: ser hombre, pues las mujeres no podían acceder a este tipo de estudios en la Inglaterra de la época.

El tío materno de Margaret —del que tomaría el nombre— James Barry, contaba con amigos influyentes (trabajaba en la Real Academia de Londres, y era un reconocido artista) entre ellos, un general venezolano llamado Francisco Miranda, que junto con otros amigos planearon darle a Margaret el aspecto de un hombre para que pudiese así ingresar en la escuela de medicina de Edimburgo, y una vez licenciada, trasladarse a Venezuela para poder ejercer allí.

Efectivamente, cambió no solo sus ropajes, sino su peinado, sus gestos y sus maneras para parecer el hombre que no era, ingresando en la academia de Medicina de la Universidad de  Edimburgo como James Stuart Miranda Barry en 1809 y licenciándose en 1814, con tan sólo 17 años (los datos sobre la edad que tenía al graduarse no son precisos, como no lo es tampoco el año de su nacimiento).

Los años en la facultad no fueron fáciles, pues sufría acoso por su voz afeminada y por no parecer muy masculino.

Una vez terminados sus estudios, realiza una tesis sobre la hernia crural publicada en latín.

Portada de la tesis de James Barry
https://franciscojaviertostado.files.wordpress.com/2014/09/james_barry_surgeon04.jpg

En 1816 el general Miranda fallece, lo que le imposibilita para  poder seguir su plan de ir a trabajar a Venezuela.

Continúa entonces con su rol masculino alistándose en el ejército para ejercer la medicina de guerra.

Su primer destino fue el Cabo de Buena Esperanza, la reciente colonia británica contaba con ingleses, holandeses y tribus primitivas rodeadas de un entorno bélico.

Allí hace buenas migas con el gobernador Charles Somerset, de quien se cree sabía la verdadera identidad del Dr Barry, pudiendo llegar a ser amantes; fueron acusados (en aquellos tiempos no era bien visto) de tener una relación homosexual y el caso fue investigado. Al gobernador Somerset lo conoce tras asistir al hijo del conde de Las Casas, protegido de Napoleón curándolo en pocas semanas de sus dolencias, en agradecimiento fue nombrado médico de la Gobernación, un alto cargo con salario aparte del militar.

El Dr. Barry se convirtió en un experto cirujano y en 1826 (una vez más la fecha no es precisa)  realiza allí, en Ciudad del Cabo, la primera cesárea con éxito de la historia de Europa, en la que tanto el bebé como la madre sobrevivieron, la mujer,  agradecida, le puso a su hijo el nombre de James Barry Munnik.

Para realizar la cesárea utilizó técnicas occidentales recogiendo además datos de cesáreas hechas por indígenas con métodos más naturales y rudimentarios, pero con igual éxito.

En África propuso además un sistema de conducción de agua en la ciudad, dado que venía muy contaminada e insalubre.

Introdujo por otra parte  muchas novedades en cuanto a la higiene, algo básico para la prevención de muchas dolencias y para la ayuda en la curación de otras.

Estudió la sífilis, llegando a realizar avances más que notables de la enfermedad, lo mismo ocurre con la colonia de leprosos.

También estudia varias enfermedades tropicales y transforma hospitales. Su estancia en el continente africano es muy fructífera.

Estuvo destinado en Malta, colonia de Inglaterra, dotada de grandes espacios navales y hospitales muy modernos. Allí,  en 1846, ayuda durante una epidemia de cólera que asoló la isla con magníficos resultados de curación, siendo homenajeado por el Duque de Wellington y ascendido a Director general de hospitales de Inglaterra (equiparable a lo que es ahora un ministro de sanidad).

Desde allí será enviado a Corfú, donde deberá atender un hospital con medio millar de enfermos. Su actuación en este hospital fue una vez más todo un éxito.

A todos sus destinos iba acompañada de su sirviente y su perro al que llamaba “Psique”. Su aspecto llamaba la atención, usaba botas con tacón y llevaba parasol, nunca salía sin su sable a la cintura. Pasó por la Isla Jamaica, por Mauricio, o Canadá entre otros.

Dr. James Barry, su perro Psique y su esclavo John.

Florence Nightingale (precursora de la enfermería moderna, escritora y matemática) con la que coincide en un hospital de campaña, lo describió como “la criatura más dura que he conocido en el ejército”. Se conocieron durante la guerra de Crimea, lugar al que había acudido Barry por voluntad propia.

De aquí es enviado a lo que hoy conocemos por Canadá (en el S.XIX América Inglesa del Norte) para ocupar el puesto de Inspector general de hospitales. Contaba con 62 años y el frío clima de esa zona le afectaba notablemente su salud.

Vuelve a Inglaterra y se retira, tras sufrir varias bronquitis en Canadá parecía mejorar, pero su salud nunca fue la misma y falleció de disentería en julio de 1865 a los 70 años.

Dejó dicho que se le enterrara con las mismas ropas que tuviese en el momento de su muerte pero ese derecho no fue respetado.

Nada le hacía sospechar a Sophia Bishop trabajadora de una funeraria inglesa, que aquella tarde de julio su trabajo rutinario le iba a deparar una gran sorpresa, y a la vez, destapar un gran escándalo.

El cadáver que tenía delante para preparar para su enterramiento era una mujer, hasta ahí todo normal si no fuese porque la documentación decía que ese era el cuerpo de James Barry, un médico conocido por todos. Suponiendo un error administrativo informa a sus superiores, pero tras la pertinente investigación no hay lugar a dudas, el cuerpo es del Dr. James Barry.

Durante toda su vida había tenido engañados a todos, James era mujer, era Margaret, y además su cuerpo presentaba signos de haber dado a luz a un bebé.

El asunto que se extendió como la pólvora llegó a ser un escándalo, una mujer médico, una mujer en el ejército, una mujer con tal altos cargos en el gobierno…

Lápida de James Barry

El ilustre galeno había engañado a todo un Imperio.

Ante estos hechos, el gobierno decide negar que el Dr. Barry era en realidad Margaret, y expone que son tan solo cotilleos del personal de la funeraria, por lo que fue enterrada bajo el nombre de James Barry con honores de ejército y condecoraciones póstumas. Su cuerpo está en el cementerio de Kensal en Inglaterra y su lápida es aún visible.

Cabe decir, que la primera mujer médico como tal  sin ocultar su identidad, fue la norteamericana Elizabeth Blackwell, que se licenció en medicina en 1849 en Nueva York 37 años más tarde que Barry.

En Inglaterra la primera mujer médico fue Elizabeth Garret Anderson en 1870, que a pesar de poder ejercer en Inglaterra, tuvo que cursar sus estudios en París.

Bibliografía


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Concepción Arenal, precursora del feminismo en España

Por Marta Sixto

Un 31 de enero de 1820, nacía en Ferrol Concepción Arenal, escritora, incansable defensora de los derechos del género femenino, y gran olvidada por los libros de historia.

Mujer adelantada a su época, las aspiraciones de su madre a que se convirtiese en una educada señorita no le satisfacían, pues su gran vocación era poder estudiar leyes y política.

Su futuro estaba destinado a grandes cosas y con su empeño se convertiría en periodista, escritora reconocida (con más de una treintena de obras) y en la primera mujer de la historia de España en ocupar un cargo público.

Pero vayamos poco a poco.

Como hemos dicho, Concepción Arenal Ponte, nace en Ferrol el 1820 en el seno de una familia acomodada. Su madre era de familia noble, y su padre, sargento liberal, fue encarcelado por sus ideas políticas  muriendo en la cárcel en 1829.

Concepción, o Concha, como le llamaban sus allegados se traslada entonces con su madre y sus dos hermanas a Liébana, allí, muere su hermana mayor. 1835 su madre decide trasladarse a vivir a  Madrid con su hermano, Conde de Vigo, ingresando tanto Concepción como su hermana en un colegio donde la educaban como la señorita que querían que fuese.

No era esta educación del gusto de Concepción. Ella prefería leer libros de ciencia o filosofía y aprender idiomas de manera autodidacta.

Soñaba con poder ir a la universidad, algo que en aquella época estaba totalmente fuera de lugar para una mujer.

Es por esto que la relación con su madre se enfriaba cada vez más.

Poco tiempo después, las circunstancias quieren que mueran tanto su madre, como su abuela, lo que permitió a Concepción obtener una herencia con  la que empezar la vida que siempre quiso llevar.

Retrato de Concepción Arenal
http://desequilibros.blogspot.com.es/2014/01/abrid-escuelas-y-se-cerraran-carceles.html#.WLM1cPnhDIU

Su empeño por poder cursar estudios superiores la llevó a vestirse de hombre y tomar la decisión de estudiar leyes en Madrid. Por supuesto nunca le concederían un título.
Es en la universidad dónde conoce al que será su marido, Fernando García Carrasco que siempre la apoyará en todo. Se casaron en 1848 y tuvieron tres hijos, aunque la menor fallecería a los dos años.

Juntos acuden a tertulias literarias, a pesar de que ella tiene que seguir yendo disfrazada de hombre.

En estos primeros años de matrimonio Concha comienza a escribir obras literarias. Entre ellas destaca Fábulas en verso (1851), que se convertiría en lectura obligatoria en los estudios de primaria.

Su marido es redactor en un periódico y muchas veces es ella quien escribe los artículos que van firmados por él.
Cuando queda viuda, sigue escribiendo por un tiempo en el periódico (tanto la redacción como los lectores conocen que Concepción es la autora de algunos notables artículos que sin embargo iban sin rúbrica) pero cuando la nueva  ley de imprenta de 1855 obligó a que todos los artículos de opinión fuesen firmados, es despedida.

Una mujer no podía escribir abiertamente en un periódico, y menos artículos de opinión y política.

Dándose cuenta de lo poco que valía la mujer en la sociedad comienza su lucha por defender el género femenino y sus derechos.

Se traslada unos meses a Oviedo y más tarde a Liébana con sus hijos, para huir de todo y reflexionar.

En Potes, alquila una casa a la madre del compositor Jesús Monasterio, con el que traba una gran amistad siendo más tarde pareja.

Jesús, fundador de las Conferencias de San Vicente de Paul  de ayuda a los más necesitados, anima a Concepción a participar en ellas, y no solo lo consigue, sino que ella se convertirá en la fundadora de la rama femenina en la localidad de Potes.

Escribirá entonces La beneficiencia, la filantropía y la caridad (1860), ensayo que será premiado por la Academia de Ciencias Morales y políticas. El artículo iba firmado con el nombre de su hijo Fernando de tan solo diez años, dado que, una vez más un nombre femenino al final del artículo conllevaría  su invalidez.

Portada de "La beneficiencia, la filantropía y la caridad"
http://www.culturadenotas.com/2017/02/el-humanismo-de-concepcion-arenal.html

Sin embargo, la Academia, que averiguaría la autoría, no pudo negar la calidad del texto y por primera vez en su historia se premia a una mujer.

El ensayo estaba dedicado a la que será  su gran amiga la condesa de Espoz y Mina, y es el detonante de su interés por el mundo de la pobreza y la caridad que le llevará a escribir su siguiente obra: El visitador del pobre (1863) en la que habla de la escasa preparación de las mujeres a la hora de poder ayudar y socorrer al prójimo. Se convierte en un éxito rotundo, no solo por su contenido, sino también por su exquisita prosa. Obra con una profunda carga psicológica, fue traducido a varios idiomas.

Un año después, a los 44 años, el gobierno de Isabel II la nombra Visitadora de prisiones de mujeres con destino en A Coruña.  Es la primera vez en la historia que una mujer ocupa un cargo público administrativo.

Una vez se traslada allí es donde verdaderamente conoce a la condesa de Espoz y Mina, Juana de Vega, fraguándose entre ambas una gran amistad y una relación laboral que las llevará a pedir la reforma del código penal. Organizan el Patronato de señoras para la visita y enseñanza de los presos.

Pasa largas horas entre las rejas de las prisiones, escuchando y consolando a las presas. En esos días escribe “Cartas a los delicuentes” un tratado moral y de derecho escrito de manera coloquial para que los presos pudiesen leerlo y entenderlo.

En este aspecto tiene una visión social y humanista que podría seguir vigente en nuestros días, adelantándose a su tiempo.

Durante las revoluciones del 68 colaboró con los krausistas en varias encomiendas, haciendo amistad con Giner de los Ríos, Fernando de Castro y Gumersindo de Azcárate, escribiendo en 1869 su primera obra feminista La mujer del porvenir, en la que reivindicaba el papel de la mujer en la sociedad actual. En el libro analiza la manera en que se trata a la mujer del momento, tanto física como psíquicamente, defendiendo la idea de que la mujer no solo debe ser tratada como madre y esposa, sino que debe estudiar, fomentar el intelecto y está capacitada para trabajar. Habla también del importante papel de la mujer soltera, muy mal vista en la sociedad de la época, y la defiende.

Solicita además, que la mujer pueda tener todos los derechos civiles en igualdad al hombre.

En  1870 cofunda  la revista “La Voz de la Caridad”,  dedicada a la beneficencia y la penitenciaría,  que estaría más de una década en activo.

Participa a distancia en varios congresos dedicados a tales fines haciéndose conocida por todo el país y parte de Europa.

En 1872 crea con la condesa “la Constructora Benéfica” con el objeto de crear casa baratas para los obreros más necesitados. Ese mismo año la condesa fallece.

Fue secretaria de la Cruz Roja en Madrid y de un hospital de campaña durante las guerras carlistas.

En 1875 se traslada a Gijón donde trabaja su hijo como director de obras del puerto. Allí escribe  Las colonias penales en Australia y la pena de deportación (1877), La cárcel llamada ModeloEstudios penitenciarios (1877), entre otros.

Muchas de sus frases son a día de hoy muy utilizadas:

«Abrid escuelas y se cerrarán cárceles»

En 1878 publica La Instrucción del pueblo obra premiada de nuevo por la Academia de Ciencias Morales y Políticas.

Escritora prolífica, vuelve al feminismo con las obras La mujer en su casa (1881) y Estado actual de la mujer en España (1884).

En 1880, por cambio de destino de su hijo, se trasladará a vivir a Vigo donde pasará sus últimos años.

Aún quedarían varias obras por publicar, en 1891 Manual de visitador del preso, en 1892 La educación de la mujer.

Colaborará además en varios diarios, a pesar de tener una salud algo minada.

En 1890, su amiga Emilia Pardo Bazán la propone para formar parte de la Real Academia, pero muere tres años después debido a una pulmonía con 73 años.

Su muerte causa profundo pesar en la sociedad de la época y su legado es reivindicado con numerosos homenajes.

En 1894 se inicia la publicación de sus obras completas que ocuparán 23 volúmenes.

Monumento a Concepción Arenal en Parque Oeste, Madrid
http://madrid-art-deco.blogspot.com.es/2009/08/monumento-concepcion-arenal.html

Se le ha considerado la precursora del feminismo en España, mujer adelantada a su tiempo con la que pensadores, filósofos y escritores querían intercambiar opiniones,  luchando en una época en que todo le era adverso, y que logró llegar a lo más alto dejándonos un gran legado y las bases del feminismo asentadas.

«La sociedad no puede en justicia prohibir el ejercicio honrado de sus facultades a la mitad del género humano»

 

Bibliografía

  • Arenal, Concepción: La mujer del porvenir. Alicante : Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2003.
  • Mañach, Francisco: Concepción Arenal, la mujer más grande del S.XIX. Buenos Aires, Imprenta Joan Alsina, 1907.
  • Pardo Bazán, Emilia: Concepción Arenal y su ideas acerca de la mujer. Alicante : Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2010.
  • http://www.filosofia.org/ave/001/a328.htm
  • http://www.cervantesvirtual.com/portales/concepcion_arenal/autora_biografia/


La Transición en femenino

por Irene Rodríguez

            Si miramos con ojo femenino la historia universal, veremos cómo las mujeres han luchado contra el enemigo al lado de los hombres en las trincheras , y cómo han ayudado en la producción para salvar la economía del país. Sin embargo, cuando había que luchar por cambiar la situación de la mujer se ha prescindido totalmente de ellas. Y esto ha sucedido siempre. Olympia de Gouges participó activamente en la Revolución Francesa y en la aprobación de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, pero cuando lanzó una Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, sus compañeros de lucha en la Asamblea, la mandaron a la guillotina en 1793.  Alexandra Kollontai aunque tuvo puestos relevantes dentro del Partido Bolchevique, su postura a favor de la emancipación total de la mujer no encontró eco, y tras la muerte de Lenin fue apartada del partido. Siempre ha ocurrido lo mismo, solo se ha permitido participar a las mujeres en la sociedad de forma activa cuando han sido imprescindibles. Por ello las mujeres, en este caso las jóvenes españolas de los 70, lucharon por cambiar el mundo público y privado dentro de un régimen donde sus voces estaban totalmente ahogadas en el silencio.

La historia de la Transición es sin duda una historia de mujeres luchadoras y disidentes, una historia con un fuerte protagonismo femenino, donde la lucha antifranquista y la lucha feminista por lo derechos democráticos y de la mujer fueron inexorables. Por ello es importante recuperar la memoria histórica sobre la envergadura del movimiento de las mujeres que, encuadrado en un marco de gran movilización y agitación social, supuso uno de los ejes centrales de la lucha contra la dictadura y la construcción de la cultura democrática durante la Transición.

 

1970-1975: todo era pecado, todo estaba prohibido

Durante el primer franquismo las españolas estuvieron inmersas en un letargo cultural y social, educadas únicamente en la servitud y la sumisión, en un ámbito donde las carencias de libertades políticas era más que evidente. De ahí el despertar femenino que durante los 70 surgió con fuerza como respuesta a una dictadura en la cual la discriminación misógina era una realidad. Esta generación va a disfrutar de una experiencia única, del empoderamiento y la convicción de su propia capacidad para transformar la sociedad. Luchadoras, en estos años de rebeldía, que van a poner en marcha un movimiento trascendental con el objetivo de cerrar con el pasado y abrir una nueva etapa donde se asienten nuevas formas de vivir, valores y comportamientos progresivamente.

El arquetipo femenino franquista pasaba por ser una madre de familia numerosa, pues era esta una de las claves de sustentación de la “verdadera” Nación, perfecta casada, sumisa y casta, siempre bajo la sombra de la tutela masculina. Y para ello existía toda una legislación jurídica que regulaba la vida de las mujeres, consideradas como seres inferiores, sin derechos y expuestos a todo tipo de vejaciones. En definitiva, se consideraba que la mujer era poco fiable para el desempeño de cualquier actividad o función que no fuera la que tradicionalmente se le había asignado. Ante esta situación las nuevas generaciones pertenecientes casi siempre a grupos izquierdistas, pondrán en cuestión estas reglas y comportamientos, rechazando frontalmente la reclusión doméstica como símbolo, por un lado de cierre total con el modelo anterior; y por otro, como forma de concienciación feminista.

Ilustración de Nuria Pompeia

Las vivencias personales van a ayudar a que estas mujeres conecten entre sí y surgirán, paulatinamente, pequeños grupúsculos de autoconcienciación, que no eran más que reuniones informales de mujeres en una casa para hablar, leer y debatir sobre sus problemas. Pero, ¿por qué en una casa? Porque era la única manera de conseguir un lugar seguro, algo totalmente excepcional en aquellos convulsos años 70 puesto que las reuniones se hacían bajo el peligro de denuncia y la penalización subsiguiente. Estas tertulias darán también paso a las asociaciones vecinales que tejerán lazos de solidaridad y de experiencia compartida que finalmente llevarán al empoderamiento del orgullo de ser mujer.

En muchos casos la genealogía familiar de derrotados por la guerra influía en el activismo de estas mujeres, encontrando así a hijas de capitanes republicanos, a obreras y sindicalistas muy comprometidas con la lucha. La mayoría de las militantes antifranquistas partían de una raíz política marxista, y militaban en partidos de extrema izquierda como la LCR (Liga Comunista Revolucionaria) o el PT (Partit del Treball) También la universidad jugó un papel importante convirtiéndose en uno de los espacios clave de iniciación política tanto para los hombres como para las mujeres. Muchas de ellas antes de ir a la universidad no tenían noción del ámbito político, y fueron precisamente las brutales represiones contra las manifestaciones estudiantiles las que les llevaron a integrarse en los pequeños grupos políticos clandestinos como el PC (Partido Comunista), PSUC (Partit Socialista Unificat de Catalunya) o el MSC (Moviment Socialista de Catalunya). Estas valientes participaron también del mundo sindical, con reivindicaciones laborales y políticas que tuvieron como consecuencia duras represalias tanto por parte de la empresa como por parte de la policía que las sometía a continuos interrogatorios, registros y maltratos. Está claro que el firme compromiso antifranquista y feminista de estas mujeres iba más allá del miedo que provocaban 'los grises'.

No se puede cuestionar que el sector femenino formó parte de las bases de los movimientos sociales que durante los 70 plantaron cara al régimen. Encontramos también así las ya nombradas asociaciones vecinales, donde mujeres anónimas de barrios periféricos se agrupaban en masa protestando por mejoras sociales jugando un doble rol. Por un lado, se movilizaban en su papel tradicional de madres de familia, pero por otro, en defensa de los suyos y del bienestar de su comunidad. Sus quejas ocupaban calles y eran el lema de manifestaciones, puesto que ellas eran las primeras en sufrir de manera directa la carencia de bienes de primera necesidad. Consiguieron fomentar arraigamiento de comunidad consiguiendo paulatinamente pequeños logros en la mejora de los barrios. Pronto este movimiento también se adheriría a la lucha antifranquista puesto que en definitiva, criticaban la política urbanística del consistorio franquista.

 

El Año Internacional de la Mujer y las Jornades Catalanes de la Dona

            El año 1975 fue proclamado el Año Internacional de la Mujer por Naciones Unidas. Y es que la mujer, y su situación mundial, había despertado diversas investigaciones entre diferentes organismos internacionales. Estas jornadas junto a las celebradas en 1976 en Cataluña y en 1979 en Granada marcarán un hito en la historia del feminismo español.

Este fue un hecho que ni siquiera el régimen franquista pudo eludir, y que los pequeños sectores feministas españoles supieron aprovechar, siendo el MDM (Movimiento Democrático de Mujeres) el más representativo, eso sí, bajo la tutela del PC puesto que era el único partido en la oposición y en la clandestinidad con una estructura más organizada y que ejercía mayor influencia en diversos sectores. Su labor, aunque atendió más a los problemas  sociales y cotidianos de los barrios obreros que a planteamientos propiamente feministas, y apoyada por otros pequeños grupos y personalidades como la abogada Lidia Falcón o la periodista Carmen Alcalde, perseguía la conquista de las libertades democráticas.

Para entonces en España, la Sección Femenina ya había organizado en 1970 un congreso internacional con el fin de estudiar la situación de la mujer en España, tratando de definir su nuevo papel dentro de la sociedad, pareciendo asumir algunos de los cambios producidos en los años 60. Por su parte, el régimen también llevó a cabo una actualización o modernización de su discurso, apoyando las iniciativas de la Sección Femenina. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Su único fin era dar mayor visibilidad a la idea de cambio o evolución de la dictadura.

En el momento final del declive de la dictadura con la muerte de Franco-lo que no significa que el franquismo terminara con su muerte-, los primeros movimientos del feminismo organizado, entre ellos el MDM, se convertirán en réplicas a las iniciativas oficiales franquistas del Año Internacional de la Mujer. La Sección Femenina, con Pilar Primo de Rivera como Presidenta de la Comisión Nacional, planteó el evento como un medio para mostrarse como una institución renovada con el nuevo propósito de integrar a la mujer en la sociedad:

            «Hay que hacer algunos reajustes de organización y prescindir  de algunas posturas, porque cuarenta años no pasan en balde en la historia de los pueblos […]«[1]

La necesidad de la progresiva integración de la mujer en la vida comunitaria se convirtió en el lema y en el elemento central del un discurso actualizado, que trataba de ir en concordancia con el aperturismo del gobierno tecnócrata, y que iba acompañado de una serie de leyes que reformaron o bien eliminaron varios artículos de los Códigos Civil, Penal y de Comercio, que incapacitaban a la mujer española a ejercer ciertos derechos y deberes.  Este discurso “renovado” se estrenó públicamente durante la ceremonia inaugural del Año Internacional de la Mujer y recibió alabanzas y elogios de todo tipo por parte de los miembros del gobierno.  Sin embargo, esta situación sirvió para abrir una brecha que se concreto en la realización semiclandestina de las I Jornadas de Liberación de la Mujer por parte de los grupos feministas españoles empapados de sus homólogos norteamericano y europeo, que significaría el arranque del feminismo de segunda generación en España, teniendo siempre en cuenta todas sus limitaciones.

Sello del año internacional de la mujer.

Pero el punto de inflexión lo va a marcar la celebración de las I Jornades Catalanes de la Dona en 1976. El evento supuso un antes y un después en las vida de las mujeres y también en el desarrollo de la vida en la ciudad: muchas cuestiones que hasta entonces habían estado reservadas al ámbito privado se transformaron en quejas y peticiones en la esfera pública y política, dando lugar a movimientos y campañas muy importantes de los años siguientes.  Tuvo lugar en mayo del 76 y unas cuatro mil mujeres y también algunos hombres, se reunieron en el Paraninfo de la Universidad de Barcelona dando visibilidad a una lucha que comenzaba a tomar una forma más definida. Fueron sin duda alguna el resultado de un gran movimiento plural, lleno de participantes que representaban un amplio espectro social, donde intelectuales, estudiantes, activistas o amas de casa tenían cabida.  Por primera vez en muchas décadas, las cuestiones que preocupaban a las mujeres como la relación entre mujer y trabajo, la familia, la educación o la sexualidad, se llevaron a cabo en un debate público y con libertad de expresión por parte de todos los presentes.

Jornadas Catalanas

Los planteamientos que se esgrimieron en estos encuentros, las posturas que se manifestaron y se debatieron, la publicitación que les confirieron los medios de comunicación sirvieron para proyectar la lucha de la mujer en un amplio sector de la población, algo esencial en esos momentos de emergencia social. Estas jornadas serán decisivas en la expansión del movimiento feminista y en la eclosión de organizaciones de mujeres. Diversas corrientes, muy diferentes entre sí, tanto en tamaño, orientación como en fines se pondrán en marcha dando pie a numerosos debates, donde conceptos como opresión, sexismo o patriarcado empiezan a aflorar otorgándole a la discusión una dimensión política que hasta entonces no había tenido.  Las feministas rechazaban que el hombre debiera ser la medida de todas las cosas, a la par que rechazaban que la experiencia y percepción masculina fueran el punto de referencia de toda la cultura humana. El conjunto de sus propuestas giraron en torno a tres ejes fundamentales: la abolición de la legislación discriminatoria, la reivindicación del cuerpo y la sexualidad y la construcción de una nueva cultura frente a un mundo controlado por los hombres.

Si la lucha de mujeres se lleva a cabo, en la mayoría de los casos, en contextos de crisis política y social, donde sus reivindicaciones encuentran un espacio idóneo para manifestarse, está claro que España es un ejemplo de ello.  No cabe duda que el proceso transicional supuso una gran oportunidad donde forjar un sentimiento de ciudadanía y de pertenencia a una comunidad política y social. Desde el principio, las mujeres y el feminismo, fueron conscientes de los beneficios y resultados, pero también fueron conscientes del largo camino que quedaba por delante. La lucha y la dedicación de todas las mujeres que navegaron a contracorriente en una etapa de miedo y represión no debe caer en el olvido. Es más, debemos estarles eternamente agradecidos. Por ellas y por nosotros debemos continuar con esta lucha.


[1] Circular enviada por Pilar Primo de Rivera a sus seguidoras con fecha de 29 de septiembre de 1975. En FERNÁNDEZ, L., Crónica de la Sección Femenina y su tiempo, Madrid: Asociación Nueva Andadura, 1993, pág. 485.

Bibliografía

  • ALBERDI, Inés, El movimiento feminista en España en los años 70, MARTINEZ TEN, Carmen, GUTIERREZ LOPEZ, Purificación, GONZALEZ RUIZ (eds.), Cátedra, Madrid, 2009.
  • DÍAZ SILVA, Elena, “El Año Internacional de la Mujer en España: 1975” en Cuadernos de Historia Contemporánea, vol. 31, 2009.
  • LARUMBE GORRAITZ, Mª Ángeles, “El feminismo y la Transición española” en Revista Laberintos, nº 6, 2005.
  • NASH Mary, Dones en Transició: de la resitència política a la legitimitat feminista: les dones en la Barcelona de la Transició, Barcelona: L’Ajuntament, DL 2007.

 

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