I Seminario de Arqueología de Género

Gracias a los esfuerzos de la Unión Cultura Arqueológica (UCA) pudimos disfrutar de unas interesantísimas charlas sobre Arqueología feminista. En el marco del I Seminario de Arqueología de Género, que tuvo lugar en la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense de Madrid los días 20 y 21 de febrero de 2017, seis importantes mujeres relacionadas con el mundo de la Arqueología nos deleitaron con sus opiniones sobre el tema.

Vamos a resumir a continuación el contenido de las distintas charlas a las que tuvimos el placer de asistir, aunque os recomendamos encarecidamente que ahondéis en la bibliografía, mucha de ella accesible desde la red, de sus autoras.

 

LUNES 20 DE FEBRERO

 

La primera jornada comprendía un total de cuatro conferencias, tratando diferentes aspectos e incluso abarcando marcos geográficos muy diversos.

 

“Cultura material, colonialismo y género en el Pacífico. Una aproximación desde la Arqueología Histórica” de Sandra Montón (UPF)

 

En esta primera charla se nos presentaron los pormenores del proyecto, que recién arrancó en enero, sobre Política sexual colonial en Guam (Islas Marianas, Micronesia).

 

Con la llegada de los primeros europeos (en 1521, en plena expedición de Magallanes), pero en especial con la intervención en labores de evangelización de misioneros Jesuitas desde 1668, se produjeron sustanciales cambios en los modos de vida de la población indígena. No sólo en lo relativo a los espacios de vida cotidianos (se les confinó en reducciones) o su movilidad (se prohibió, por ejemplo, el uso de canoas y la pesca de altura) sino en la misma imposición de instituciones tan arraigadas en Occidente como la familia nuclear monogámica.

 

También, evidentemente, se modificaron las prácticas relacionadas con el cuerpo. Se censuró la desnudez, convirtiendo al vestido en dispositivo disciplinario, así como otras costumbres culturales de los chamorros, como por ejemplo la modificación dental (se tallaban motivos en los dientes o incluso los teñían de negro). Quizás el tema más polémico sea el relacionado con las “Guma’ Uritao”, casas de solteros donde se daban prácticas sexuales libres.


“Sobre la necesidad de una Arqueología feminista” de Margarita Sánchez (UGR)

 

Partiendo de la base de que la Arqueología tiene capacidad de transformar la sociedad, ejerciendo una influencia directa en la gente del presente, esta charla tuvo como foco las imágenes estereotipadas de las que se hace (mal) uso habitualmente a la hora de hablar de la Prehistoria, y en especial en lo relativo al género femenino.

 

El estereotipo habitual es el de las llamadas “venus” prehistóricas. Si bien la tipología de estatuillas paleolíticas femeninas es tremendamente diverso siempre se tiende a mostrar dos únicas vertientes: el aspecto maternal y el aspecto sexual. En relación a este último punto salió a relucir ese desacertado titular del arqueólogo Paul Mellars en la revista  Nature en la que, al hablar de la Venus de Hohle Fels (35.000 años) decía que “la nueva Venus es casi pornográfica teniendo en cuenta los valores estéticos y morales de la actualidad”. Como se dice habitualmente sobre la belleza, también la lujuria está en los ojos del que mira.

 

 

Esa imagen estereotipada, de la que hablábamos antes, de hombres “cazadores” (pero también “artistas”) y mujeres “divinas”, y está ya tan implantada en nuestra sociedad, hace que se formen agrias polémicas en torno a lo que algunos creen imágenes excepcionales o anecdóticas; valga de ejemplo el caso de “la chamana”, ilustración de Arturo Asensio que podemos ver en el Museo Arqueológico Regional de Madrid, en Alcalá de Henares. ¿Acaso no pudieron ser mujeres las que decorasen las cuevas o, incluso, las que se autorrepresentasen tallando figurillas femeninas? Al parecer de la mayoría de museos... no.

 

"La chamana". Arturo Asensio (Museo Arqueológico Regional de Madrid)

 

¿Cómo solucionar esto? Repensando los conceptos, rompiendo dicotomías, y abogando por estudiar también las tecnologías invisibles relacionadas con el parto, la lactancia o el destete. Pero sobre todo haciendo más útil la disciplina, representando más fielmente a las mujeres en los museos de Arqueología.


“Feminismo en acción” de Paloma González (UAB)

 

Esta charla se centró en la discriminación que sufre (también aquí) la mujer en el mundo de la Arqueología. Ésta varía desde una estructura profesional discriminatoria (ya que hay un porcentaje muy bajo de mujeres en las Universidades), un acceso desigual a los recursos de investigación, una cultura académica androcéntrica e incluso una cultura sexista en la disciplina (aquí, y en la ronda de preguntas, se habló mucho del acoso y discriminación que sufren las mujeres en las excavaciones, con numerosísimos ejemplos).

 

A veces es difícil saber si hay que cambiar la sociedad desde la academia (a través de más y mejor investigación), o cambiar la academia desde la propia sociedad (mediante los movimientos feministas y las teorías políticas, sociales y filosóficas del momento). En todo caso la solución parece radicar en transformar la Arqueología clásica y académica en Arqueología pública y feminista (esto es, igualitaria). ¿Algunos consejos de cómo hacerlo?:

 

  • Descubriendo la cultura material para un conocimiento crítico del pasado, y generar propuestas didácticas para enseñárselo a estudiantes de primaria y secundaria.
  • Haciendo visible la presencia de mujeres investigadoras en este cambio académico, deconstruyendo estereotipos profesionales de género.
  • Utilizando la investigación feminista para vincularlos con procesos históricos significativos locales: promoviendo procesos participativos, y vínculos sociales y políticos con el patrimonio centrado en experiencias de género.
  • Reivindicando como patrimonio las experiencias históricas de las mujeres, como en el caso de las cárceles femeninas.

“Gumuz y Dats’in” de Almudena Hernando (UCM)

 

Este proyecto, que se inició en 2015, pretende estudiar la relación entre cuerpo e identidad así como la construcción de la subordinación a través del cuerpo, las acciones y la cultura material.

 

Para ello nos trasladamos a África, en concreto a la zona fronteriza entre Etiopia y Sudán, para conocer a las etnias Gumuz y Dats’in. En teoría (esto lo recalcamos, pues no es así respecto a las mujeres) se tratan de sociedad igualitarias que mantienen una economía de subsistencia muy básica, de hecho siguen trabajando el campo con azadas y palos cavadores y se niegan a adoptar el arado (que sí hay en las tribus cercanas) precisamente por no crear desigualdades al aumentar la producción agrícola. Sus poblados son realmente pobres para lo que entendemos en Europa, apenas unas pocas cabañas y en ocasiones un granero o un lugar para cobijar a las cabras (si es que tienen).

 

Detalle de una escarificación facial en una joven Gumuz

 

¿Qué diferencias hay entre Gumuz y Dats’in? Según ellos mismos sólo son diferentes en la lengua y en el sistema de matrimonio (unos practican el “intercambio de hermanas” y otros no), pero también hay algunas diferencias estéticas (que actualmente están empezando a intercambiarse). A saber: las mujeres Gumuz tradicionalmente portan llamativos collares y pendientes, además de tener numerosas escarificaciones en cara y cuerpo (los hombres sólo se marcan la cara). Las Dats’in también llevan collares, pero le dan muchísima importancia a la decoración en la cabeza (también con cuentas). Además entre ellas se sigue manteniendo la cruel práctica de la ablación, de la que no pueden quejarse en ningún momento pues entienden que soportar el dolor es su obligación y lo contrario sería deshonrar a la familia.

 

Vemos aquí uno de los indicios más claros de la fuerte identidad relacional de ambas culturas. En tanto en cuanto para justificar la pertenencia al grupo deben ser marcadas (ya sea por las escarificaciones o la ablación), adoptar la estética tradicional (fuertemente relacionada con la cultura material) y por supuesto mantener las costumbres (a menudo denigrantes para la mujer).

 

Algunas de estas son tan peculiares como aislar dentro de la cabaña a la recién casada (que siempre proviene de otro poblado, rompiendo los vínculos familiares al apartarla de su familia pero también invisibilizándola en su nuevo hogar). También se aísla a las chicas, cuando tienen su primer periodo, en una ‘casa de la menstruación’ de la que no podrán salir hasta el siguiente ciclo.

 

Al nacer un bebé se le rodea de cuentas (a menudo rojas, para evitar el mal de ojo). Cuando empieza a andar si es niño se le quitarán las cuentas, pero las niñas las mantendrán toda la vida (considerando así a las mujeres como un ser que necesita protección constante). De hecho cuando muere alguna mujer, aunque sus hijas puedan heredar algunas de ellas, siempre tiene que enterrarse con algún tipo de cuentas, por lo general en cuello y cintura.

 

Tras una larga e interesantísima ronda de preguntas, justificada por la increíble curiosidad que genera el proyecto, se da por terminado el primer día del Seminario.


 

MARTES 21 DE FEBRERO

 

Una segunda jornada, mucho más corta (lo que indudablemente fue la causa de que se resintiese un poco la abundante asistencia del día anterior), en la que nos centramos en aspectos de museística relacionada con el género y en la que probablemente (en opinión de un servidor) tuvieron lugar las charlas más esclarecedoras del ciclo.

 

“Museos Arqueológicos y género. Educando en la igualdad” de Lourdes Prados (UAM)

 

Se nos proponen medidas para convertir a los museos arqueológicos del s. XXI en espacios que reflejen la diversidad, en los que se evite la exclusión social (ya sea por género, edad, raza, religión, grupo social e incluso opción sexual) y que sean capaces de transmitir y educar en igualdad.

Para ello hay que cuidar el discurso expositivo, seleccionar las colecciones a mostrar, utilizar un lenguaje adecuado, no repetir estereotipos y, además, montar gabinetes didácticos. No se trata de idealizar el pasado, pero sí de plantear interrogantes en aquellos ámbitos en los que no conozcamos el protagonismo de quién lo realizase (vuelve a la palestra la concepción tradicional “guerreros” y “diosas”, o la representación de hombres activos y mujeres pasivas).

 

No son desde luego cuestiones nimias. El discurso nunca es inocente, ni tampoco la elección de piezas de las colecciones, ¿por qué mostrar siempre las armas pero nunca los objetos cotidianos? ¿por qué incidir en las batallas y desprestigiar las actividades de mantenimiento? ¿por qué exponer los objetos vinculados al poder pero almacenar los de la gente común? Otras colecciones darían lugar a otros discursos, favoreciendo la mirada crítica y planteando nuevas preguntas. El lenguaje utilizado es, además, muchas veces inadecuado: ¿”origen del hombre”? Mejor “origen de la Humanidad”.

 

Pero no es único punto a tener en cuenta. Las imágenes que acompañan las exposiciones son especialmente peligrosas a la hora de crear y mantener estereotipos. Aunque muchas veces tanto los objetos como los textos que los acompañaban cuentan una historia, desde el propio museo no se tiene cuidado en que los murales que complementan la exposición mantengan dicho discurso. Muchas veces se deja plena libertad al ilustrador, que no tiene porqué estar igual de informado que el personal del museo, con lo que algunos estereotipos se mantienen de esta manera. Precisamente el sesgo androcéntrico en temas de evolución de la Humanidad es habitual, ¿conocéis muchos cuadros o vídeos que muestren una hembra cuando se habla de los pasos evolutivos? Aunque sea el caso más llamativo tampoco deben obviarse otros elementos a tener en cuenta como la escala, la jerarquía, la proporcionalidad o la colocación de las figuras en una ilustración. Ha de evitarse esa tendencia de colocar a las mujeres al fondo, en actitud pasiva o realizando labores “propias de su género” mientras el hombre aparece en primer plano haciendo aquello que se quería ilustrar.

 

También se propone revisar aquellos estudios que parezcan incongruentes con la mirada tradicional y que se hayan intentado justificar aludiendo a estereotipos. Por ejemplo la Tumba 155 de la necrópolis de Baza, en la que se halló la famosa Dama (s. IV a. C.) acompañada de numerosas armas.


 

“La representación de las mujeres en los modernos museos arqueológicos de España” de Mª Ángeles Querol (UCM)

 

Si la charla anterior hablaba de un deseable futuro, en esta se nos muestra la cruda realidad. Mediante la visita a diferentes Museos de Arqueología estatales se ha podido corroborar que la representación femenina siempre es minoritaria y, en general, responde a roles de género anticuados o, en muchos casos, no probados científicamente.

 

Quizás el caso más llamativo sea el del Museo de Oviedo, en el que las fuentes nos cuentan que entre los cántabros las labores agrícolas eran llevadas a cabo únicamente por mujeres, pero al llegar a la exposición nos encontramos un cartel que muestra 4 hombres realizando dicha labor. Nos cuenta la profesora Querol que en casos como este, cuando se llama la atención al director del museo o a los encargados de la exposición sobre estos asuntos, es habitual que respondan con un simple “No me he dado cuenta”. Pero tampoco se hace nada por arreglarlo, como sí se haría presumiblemente si el error fuese un objeto fuera de época o una cronología equivocada.

 

Sin entrar a comentar todos los casos concretos que se estudiaron (pero que sí recomendamos leer detalladamente en los respectivos artículos), sí es de recibo informar que entre los nuevos museos analizados la representación femenina es siempre insuficiente. Los datos varían desde un escaso 12% a un “excepcional” 33%, cifra más alta entre todas las obtenidas pero que queda aún muy lejos de la deseada paridad (o del 51% de la población mundial que representa el género femenino). La disparidad se da también en la actitud con la que se representa a hombres y mujeres; las cifras en las que uno u otro aparecen de pie, sentados, yacentes, inclinados o arrodillados es tremendamente ilustrativo. Como así lo es la actividad que realizan (caza/pesca, trabajo en el campo, artesanía, talla lítica, etc.)

 

¿En qué datos científicos se basan para perpetuar estos estereotipos? No existen pruebas suficientes. ¿Para qué está sirviendo? Para educar en desigualdad.

Alfonso Cuesta

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