Seneca Falls: los primeros pasos del movimiento feminista organizado

Ilustración de Pablo Arellano López realizada para Historia 2.0 © PABLO ARELLANO LÓPEZ. Todos los derechos reservados /All rights reserved. PROHIBIDA su utilización.

 

Los antecedentes

Hacia la mitad del siglo XIX se produjo en Estado Unidos un aumento significativo de los movimientos de mujeres impulsado por las nuevas condiciones sociopolíticas y económicas que atravesaba el país en aquel momento. El resultado fue la irrupción de las mujeres en la esfera pública de la mano de dos movimientos: el antiesclavista y el de reforma religiosa. Dos movimientos que resultaron fundamentales en la posterior formación del movimiento y la conciencia feminista.

El protestantismo promovía la lectura directa y la interpretación de los textos sagrados, por lo que se fomentó la educación y la escolarización de las mujeres —creándose incluso escuelas de educación superior femenina—, así como la participación directa de las mujeres en los espacios religiosos, especialmente entre los cuáqueros.  Con el tiempo, se gestó un importante grupo de mujeres de clase media-alta con un buen nivel educativo que se convirtieron en el primer germen del feminismo estadounidense.

En paralelo a los movimientos de reforma religiosa las mujeres también participaron de forma muy activa en los movimientos abolicionistas y antiesclavistas, una de las cuestiones políticas y sociales más discutidas del momento.

Gracias a estas primeras experiencias de irrupción en la vida pública, de organización y de movilización, las mujeres estadounidenses ya contaban con tablas cuando dieron el salto a la lucha feminista. En palabras de Mary Nash (Nash, 2004) la lucha por el final de la esclavitud «promovió la percepción política de la opresión fácilmente trasladable a la discriminación de la mujer» y es que desde la Ilustración se venía dando una de las analogías clave del momento; la de esclavo/mujer.

Las protagonistas

  • Las hermanas Girmké: Sarah y Angelina. Fueron las primeras activistas abolicionistas que aplicaron su crítica social a la condición de la mujer. Curiosamente, eran hijas de una familia propietaria de esclavos de Carolina del Sur.
  • Lucretia Mott: cuáquera, abolicionista y defensora de los derechos de la mujer y de las libertades civiles, fundó una de las primeras sociedades femeninas contra la esclavitud. Fue duramente criticada por hablar en público, asumir roles de mando y por participar en la vida pública.
  • Elizabeth Cady Stanton: activista, abolicionista y figura destacada del movimiento de mujeres. Redactó, como veremos, la Declaración de sentimientos de Seneca Falls. A diferencia de otras mujeres del momento no centró todo su pensamiento en el sufragismo, sino que fue más allá y abarcó temas como los derechos parentales y la custodia de los hijos, el derecho a la propiedad, al empleo y a ingresos, el divorcio o el control de la natalidad.

La convención y la declaración

Precisamente fue desde el movimiento abolicionista desde donde se dio el salto al movimiento feminista en Estados Unidos. En 1840 se celebró en Londres la Convención Internacional Antiesclavista y los estadounidenses enviaron una delegación formada, entre otros, por mujeres como Lucretia Mott y Elizabeth Cady Stanton.  Sin embargo, una vez en la convención a estas mujeres se les negó la entrada bajo el pretexto de que «[las mujeres] tenían una constitución física que no era apta para reuniones públicas o de negocios». Mott y Stanton no pudieron participar y tuvieron que seguir la intervención apartadas de los hombres, escondidas por una cortina tras una tribuna; no obstante, se ganaron el apoyo de alguno de los dirigentes del momento.

«después de luchar tantos largos años para la liberación de los estados africanos, no puedo tomar parte en una convención que golpea los derechos más sagrados de todas las mujeres.»

William Lloyd Garrison.  Abolicionista, periodista y reformador social estadounidense.

Al regresar a Estados Unidos, aunque sin dejar de lado la lucha antiesclavista, estas mujeres se unieron para luchar por sus propios derechos y decidieron convocar una convención en la que tratar todos estos asuntos.

Entre los días 19 y 20 de julio de 1848 más de trescientas personas, hombres y mujeres, se reunieron en la capilla metodista de Seneca Falls, un pequeño pueblo textil de Nueva York. El primer día se reservó para las intervenciones de las mujeres, y el segundo para el resto. Los debates se centraron en discutir la condición social, civil y religiosa de las mujeres, a lo que siguió un pacto de proposiciones que dio origen al manifiesto conocido como Declaración de Sentimientos de Seneca Falls; un manifiesto que abogaba por la igualdad entre sexos en todos los aspectos: personal, social, económico, político, religiosos e, incluso, sexual.

Tal y como hiciese Olimpia de Gouges en 1792, el texto del manifiesto establecía una analogía y se inspiraba en otro texto de importancia cabal: si Olimpia de Gouges había cogido la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano y la había convertido en la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana, en Seneca Falls se escogió como texto de referencia la Declaración de Independencia americana de 1776. Allí donde decía Jorge III, el manifiesto decía «el hombre»; si América se había visto oprimida por el rey inglés y había decidido emanciparse, ahora eran las mujeres las que se veían oprimidas por el hombre y hacían lo propio. En lugar de las 32 denuncias contra el rey, en Seneca Falls se redactaron 32 acusaciones contra la opresión masculina.

La convención de Seneca Falls se convertía, de este modo, en el primer foro público y colectivo de las mujeres y la Declaración de Sentimientos en uno de los textos fundacionales del movimiento feminista organizado internacional, así como del sufragio femenino, al ser considerado uno de los primeros programas políticos feministas.

Si bien es cierto que la mayoría de las aspiraciones de esta convención fracasaron a corto plazo, la importancia y el hito que supusieron para el movimiento feminista son incuestionables. En 1869 se aprobó en Estados Unidos el sufragio para los varones negros una vez abolida la esclavitud. Las mujeres… las mujeres americanas tuvieron que esperar hasta 1920 para poder votar.


Si queréis leer un artículo completo sobre la historia del movimiento feminista, podéis hacerlo pinchando aquí.

Bibliografía

  • AMORÓS, Celia. DE MIGUEL, Ana (eds). Teoría feminista. De la Ilustración a la globalización. Ed. Biblioteca nueva Col. Estudios sobre la mujer. Madrid, 2013.
  • BELTRÁN, Elena. MAQUIEIRA, Virgina (eds). Feminismos. Debates teóricos contemporáneos. Ed. Alianza, Madrid, 2008.
  • NASH, Mary. Mujeres en el mundo: Historia, retos y movimientos. Segunda edición ampliada. Ed. Alianza, Madrid, 2012.
  • SISINIO GONZÁLEZ, Juan. Historia del Feminismo. Ed. Los libros de la Catarata. Col. Mayor, Madrid, 2012.

 

Laia San José

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