Visitando Ávila: los toros de Guisando y la Venta Juradera

Si durante un puente, vacaciones estivales o escapada de fin de semana vas a escaparte a Ávila y sus alrededores, ya sea por pueblos, dejándote atrapar por su entorno natural o paladeando su gastronomía, no te pierdas la recomendación viajera e histórica que traemos hoy para ti.

La visita a los toros de Guisando es de esas pequeñas excursiones que nos permite conocer en media mañana o tarde -o de pasada hacia otro lugar- una de esas imágenes que han acompañado siempre nuestros libros de texto.

Los toros de Guisando. Breves anotaciones.

Ubicados en el cerro de Guisando, a unos nueve kilómetros de la localidad abulense de El Tiemblo y en la vertiente septentrional de la sierra de Gredos, hallamos el famoso conjunto escultórico vetón.

Podemos dejar el coche aparcado en las inmediaciones y acceder a un recinto rodeado con un muro bajo de piedra. Quizás a simple vista no impone lo que cabría esperar dada la importancia histórica de lo que se muestra ante nuestros ojos y, a pesar de no estar todo lo cuidado y vigilado para la conservación que merece -los visitantes y curiosos pueden manosear, sobar y pisar a su antojo unos restos que se encuentran a la intemperie-, lo cierto es que el enclave está declarado Bien de Interés Cultural con categoría de Paisaje Pintoresco -antecedente de la figura de sitio histórico-.

Las cuatro esculturas zoomorfas realizadas en granito que vamos a encontrar en el lugar y que representan toros[1], fueron en origen una manifestación simbólica de aquel pueblo prerromano que habitó las actuales provincias españolas de Ávila y Salamanca y parte de Zamora, Cáceres y Toledo, al menos desde el siglo V a. C. hasta la conquista romana, hacia el 136-133 a. C.

Los vetones fueron un pueblo indígena de pastores, jinetes y guerreros identificados así por los escritores de la Roma clásica. Hoy nos queda de ellos una serie de castros, necrópolis y la erección de los verracos.

Las esculturas, con muestras de un incipiente realismo, han aparecido ligadas generalmente a los accesos a los castros vetones, jalonando rutas de comunicación, marcando zonas de buenos pastos y presidiendo tumbas de incineración -en tiempo romano-.

En este caso concreto, sin embargo, parece ser que los toros de Guisando no se hallaban ligados a un castro prerromano como en otros casos conocidos, sino a una antigua ruta de comunicación.

Algunas curiosidades sobre los verracos

  • Como señalaba antes, se trata de cuatro esculturas realizadas en bloque de granito de más de dos metros y medio de largo. Miran alineadas hacia el atardecer y al cerro del que toman nombre, situándose en el margen izquierdo del arroyo Tórtolas.

  • Los detalles y adornos de las cuatro esculturas hacen pensar que formaban un conjunto homogéneo ya en su origen y que su ornamentación se destinaba a algún tipo de rito.

  • Sus cabezas cuentan con mandíbulas, morro, ojos, orejas y agujeros para la cornamenta, que sería postiza. Y en sus cuellos, se aprecian arrugas y papada.

  • En el segundo y el cuarto verraco se aprecian unas letras en el costado izquierdo que no se logran interpretar debido al deterioro provocado por el tiempo.

  • El tercer toro tiene una grapa de hierro que une sus dos partes. La figura fue partida por un rayo antes de 1571 y reconstruida en 1920, en cuya fecha se encontró enterrada su mitad delantera en su primitivo emplazamiento, y su parte trasera a ciento treinta pasos.

  • Aunque los cuatro de Guisando sean los más conocidos por el público general, el verraco más grande encontrado hasta la fecha posa orgulloso en la plaza mayor de Villanueva del Campillo, en Ávila. Y uno de los más antiguos de nuestra geografía parece pastar tímidamente en la plaza de Torralba de Oropesa, en la provincia de Toledo.

¿Para qué fueron creados?

La gran duda y el debate que existen en torno a estas figuras es acerca de su función. Y es que, aunque se describan como manifestaciones artísticas, también se les atribuye una función mística y religiosa encaminada a favorecer la fertilidad, la protección del ganado o para ritos funerarios. Tampoco se descarta su utilización como hitos demarcadores de zonas de pastos, ni para simbolizar la riqueza del entorno. Es decir, son varias las teorías sobre su finalidad.

Hay quienes sostienen que su significado se asocia con un templo dedicado a un dios animal de gran fuerza, nobleza y virilidad; otros, que al mirar los cuatro toros al oeste, podrían indicar los cambios de estación o incluso formar parte de la entrada a un centro sagrado y de culto.

Probablemente en época romana, los toros, distribuidos por los pastos, fueron reunidos aquí para formar parte de un monumento conmemorativo, como parece atestiguar la inscripción latina de uno de ellos:

«LONGINUS PRISCO. CALAETQ. PATRI.F.C.» (Longino lo hizo a su padre Prisco -de la tribu- de los calaetios).

Lo que sí está claro es que este lugar emblemático ha sido también testigo de otro hecho de relevancia histórica: el Tratado y la Jura de los Toros de Guisando. Y es que la vistosidad de los toros debió hacer que en época medieval fueran incorporados a la Venta como algo pintoresco, formando parte de ella.

La Venta juradera y el Tratado de los Toros de Guisando

«EN ESTE LUGAR FUE JURADA DOÑA ISABEL LA CATÓLICA POR PRINCESA Y LEGÍTIMA HEREDERA DE LOS REINOS DE CASTILLA Y DE LEÓN EL 19 DE SEPTIEMBRE DE 1468». Inscripción mandada a tallar en piedra en 1924 por doña María de la Puente y Soto, marquesa de Castañiza.

A pocos pasos de los verracos estuvo la llamada Venta Juradera en la que, como reza la inscripción que nos da la bienvenida, la infanta Isabel y el rey de Castilla Enrique IV firmaron el pacto por el que Isabel sería la heredera al trono, dejando al margen a su propia hija Juana.

La que fue una humilde venta junto a la Cañada Real Leonesa Oriental, se convirtió en sede de la firma de un pacto trascendental y así, esa venta de los toros de Guisando pasó a ser desde ese momento conocida como la Venta Juradera.

El establecimiento servía de avituallamiento y descanso para los ganaderos y las reses de la Mesta que transitaban por la Cañada Real. Hay constancia de su existencia ya en 1346, pasando a depender posteriormente del Monasterio de San Jerónimo de Guisando[2]en el siglo XV. En esta época, el edificio tuvo asociado un horno para la fabricación de vidrio.

La venta estuvo en pie hasta mitad del siglo XVII, fecha en la que se tiró y allanó por orden de los frailes «para no permitir las ofensas a Dios que allí se cometían». Quién sabe lo que llegarían a ver allí.

Estuvo dividida en dos zonas, articuladas cada una por un patio, con cuadras y caballerizas. De todo ello, hoy solo quedan sus cimientos visibles a ras de suelo.

 

Cómo llegar

 

DATOS PARA LA VISITA

  • Días de apertura al público:
    • Todos los viernes, sábados, domingos y festivos del año. Además de los tres primeros miércoles de cada mes, a excepción de los días 24, 25, 31 de diciembre y 1 de enero.
  • Horario general (salvo los viernes):
    • Verano, de 10:00 a 14:00 y de 15:00 a 21:00
    • Invierno, de 10:00 a 14:00 y de 15:00 a 18:00
      • Horario para los viernes
        • Verano, de 15:00 a 21:00
        • Invierno, de 15:00 a 18:00
  • Precio de la entrada: 2€
  • Días de visita gratuita: el primer viernes de cada mes y los tres primeros miércoles de cada mes.
  • Solicitud de visita extraordinaria: visitastorosguisando@gmail.com

 


[1] Los verracos tienen diversas formas entre las que predominan toros, cerdos, jabalís y, menos frecuente, osos. Debido al deterioro sufrido a lo largo del tiempo, no quedan verracos que conserven una figura perfectamente definida y pueden tomarse fácilmente por otros animales.

[2] El origen del monasterio data de 1375 cuando unos anacoretas dedicados a la contemplación y al rezo que vivieron en unas cuevas situadas en las faldas del Cerro de Guisando se incorporaron a la Orden de San Jerónimo –quienes prescriben una vida religiosa de soledad y de silencio, en asidua oración y penitencia-.

Información extraida de los propios postes informativos que pueden encontrarse en el recinto.

Irene Godino Cueto

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