Vallejo Nágera: la búsqueda del gen rojo

Cuando hablamos de experimentos con personas casi siempre nos viene a la cabeza la Alemania nazi, sin embargo, las corrientes eugenésicas que dieron lugar a esas ideas también llegaron a España a principios del siglo XX. Nuestra cápsula de hoy trata del personaje que las puso en práctica durante y tras la guerra civil: el doctor Antonio Vallejo Nágera.

 

1.- INTRODUCCIÓN

 La relación entre ciencia e historia ha sido una constante a lo largo del tiempo. Sin embargo, la historia más “ortodoxa” suele ignorar el contexto cultural científico, poniendo más atención a la cultura entendida como arte, literatura o filosofía. Hay que tener en cuenta que en ocasiones, el papel de los científicos ha servido para publicar respuestas que han incidido de forma explícita en la definición de prácticas sociopolíticas. Y este es el caso de la biología, la medicina, la antropología o la psiquiatría que han provisto de elementos científicos y técnicos sobre los que construir sistemas de control que son aprovechados por los Estados para su aplicación sobre determinados colectivos o individuos. Por ello no se puede ignorar esta faceta cultural y su influencia en muchas de las ideologías surgidas en los siglos XIX y XX puesto que fueron esenciales en la interpretación del hombre y la sociedad.

El científico inglés Francis Galton[1] acuñó la palabra eugenesia en 1883. Apoyado en la raíz griega que significa bien nacido o de estirpe noble, aspiraba con ella a denotar la ciencia del mejoramiento del linaje humano, proporcionando a las “las razas o tendencias sanguíneas más aptas la posibilidad de prevalecer rápidamente sobre las menos adecuadas[2]”. Desde entonces, el término eugenesia ha adquirido connotaciones desagradables, y es que, desde la primera mitad del siglo XX, sus fines se difuminaron entre desviaciones de la nueva ciencia genética, contribuyendo a la aparición de resultados sociales feroces, opresivos e incluso inhumanos. En España, como en otros lugares de Europa, esta corriente científica llegó a nutrir el pensamiento de intelectuales y de hombres ligados a la ciencia y al fascismo, ampliando el concepto de eugenesia por distintas motivaciones: por un lado la de mejorar la raza, por otro, la de legitimar y garantizar el nuevo orden establecido. Es en este contexto donde se sitúa, entre otros intelectuales, al médico y comandante militar Antonio Vallejo Nágera que retoma un concepto que analiza lo eugenésico desde lo cultural: la Hispanidad. Lejos de ser un médico marginal, alcanzó la suficiente fama a lo largo de los años veinte y durante la República contra la cual -y contra sus médicos- se manifestó abiertamente con un lenguaje hostil colmado de brutalidad. Durante la Guerra Civil, y a través del Gabinete de Investigaciones Psicológicas creado en agosto de 1938, realizó varias investigaciones en presos políticos cuyos resultados fueron publicados en las revistas científicas más prestigiosas de la época con el objetivo de demostrar la inferioridad mental del disidente político.

 De esta manera pues, la degradación y desvalorización del enemigo durante la Guerra Civil vino de la mano de estas investigaciones científicas que concluían que este colectivo sufría una patología social, consideraba moralmente contagiosa[3]. La extrema crueldad de las investigaciones iban ligadas a la deshumanización de las víctimas, forjando así una representación imaginaria del rojo que conllevaba la distinción categórica entre el “amigo” y el “enemigo”, siendo esto uno de los fundamentos de la llamada “cultura de guerra”.

 

2.- LA MEDICINA EN LA ESPAÑA DE LOS AÑOS TREINTA

 Las tesis de Galton sobrepasaron fronteras y, aunque con diferentes matices, también llegaron hasta España, donde escritores, pensadores e intelectuales de la década de los treinta hicieron apología del pensamiento eugenésico, planteando una sociedad ordenada según la “calidad” de cada uno, dirigida por los más aptos y capacitados, bien estructurada y jerarquizada, con trabajadores sanos y bien alimentados[4]. Sería en este punto donde confluiría el pensamiento eugenésico con el fascista, aunque también surgieron otros grupos que sin llegar a la catalogación humana y preocupados por problemas medico-sociales, adoptaron soluciones médicas, higiénicas y sociales para los grupos más desfavorecidos de la sociedad.

Los proyectos que se empezaron a plasmar en los años de la II República Española mediante leyes y presupuestos, ya se habían ido gestando a lo largo de las primeras décadas del siglo XX, con la dictadura de Primo de Rivera. Los psiquiatras querían profesionalizarse y lograr cátedras que les permitiera la enseñanza de su especialidad y, de este modo, expandir su actividad en toda la sociedad. Sería un error decir que todos los psiquiatras de la época apostaban por un mismo modelo, pues en realidad existía una multitud de matices, no sólo en la forma de concebir las características de la enfermedad sino también respecto a las medidas a tomar para prevenirla. La primera mitad del siglo XX trajo consigo cambios y avances científicos, nuevos descubrimientos y la profesionalización en el campo de la medicina, generando un cambio en la manera de entender el papel del médico como escritor, intelectual y hombre de letras dentro de la sociedad[5].

 

3.- ¿QUIÉN ES ANTONIO VALLEJO NÁGERA?

         Antonio Vallejo Nágera (1889-1960) estudió medicina en la Universidad de Valladolid e ingresó, en 1910, en el cuerpo de sanidad militar, formando parte de campañas militares del ejército español en tierras africanas entre 1912 y 1915. Durante el desarrollo de la Gran Guerra fue destinado a Berlín, y fue precisamente allí donde contraería contacto con grandes figuras de la psiquiatría alemana como Gruhle, Schwalb y Kraepelin, y donde quedaría maravillado por la obra de Ernst Kretschmer. Tras pasar un breve periodo en la ciudad condal, se trasladó a Madrid donde ejerció su profesión médica en la Clínica Psiquiátrica Militar de Ciempozuelos. En los años previos a la Guerra Civil mantuvo una estrecha vinculación con Acción Española de Ramiro de Maeztu, el órgano de la derecha monárquica destinada a construir un armazón doctrinal con el que conseguir un rearme ideológico frente a la República y a las fuerzas políticas y sociales que la sustentaban. La relación con este círculo le permitió proponer, como si de Torquemada se tratara, la vuelta de la Inquisición, cuyo objetivo sería “evitar la ruina definitiva del espíritu de la Hispanidad”. Así pues, Vallejo intentó conciliar las doctrinas eugenésicas alemanas con las exigencias de la doctrina moral católica propias de la época, inclinándose hacia una eugamia, es decir, a una política eugenésica implementada mediante el trabajo de orientación prematrimonial, basado en el diagnóstico biopsicológico de los contrayentes[6].

Ilustración de Pablo Arellano López realizada para Historia 2.0 © PABLO ARELLANO LÓPEZ. Todos los derechos reservados /All rights reserved. PROHIBIDA su utilización.

En 1936 se convierte en Jefe de los Servicios Psiquiátricos Militares y en 1951 es nombrado miembro de la Real Academia de Medicina. Fue en 1938 cuando el contexto bélico le otorgó la gran oportunidad: Franco, en el famoso telegrama 1565 y en contestación a la petición del doctor Vallejo, le autoriza a organizar una institución, el Gabinete de Investigaciones Psicológicas mediante el cual se propone iniciar un programa de investigaciones psiquiátricas en hombres y mujeres capturados durante el avance del ejército nacional.

 

4.- LA BÚSQUEDA DEL GEN ROJO

Tiene en sus manos la juventud española la regeneración de España,

a costa de renunciamientos y sacrificios. Son los jóvenes quienes

deben dar un ejemplo que no pude esperarse de

una masa social contaminada por los virus democrático y marxista[7].

 

¿Qué lleva a una persona al marxismo? Un rojo, ¿nace o se hace? Preguntas de este tipo son las que los estudios del doctor Vallejo intentarían dar respuesta. Para él, la España republicana era una nación esquizofrénica con una sociedad histérica, con una serie de complejos psicoafectivos que llevaban a la descomposición de la verdadera patria. Por ello era totalmente necesaria una regeneración que permitiera ensalzar los verdaderos valores tradicionales de la Hispanidad, no solo cultivando las propiedades biológicas sino también exaltando la espiritualidad. Y esto vendría de la mano del Movimiento Nacional, que moralizaría la sociedad, permitiendo la eliminación de vicios y enfermedades, saneando la sociedad llena de criminales antisociales, y en consecuencia, llegando a la mejora de la raza.

Estudió diferentes grupos de personas, entre ellos a brigadistas internacionales del campo de concentración de San Pedro de Cardeña, a varones españoles procesados por actividades políticas, a mujeres españolas procesadas por la misma actividad, a separatistas vascos y a marxistas catalanes. De todos ellos, y a través de pruebas, test y mediciones antropomórficas, llegó a la conclusión de que los rojos eran poseedores de todos aquellos valores antisociales y antipatriotas, eran sujetos inadaptados que al no conseguir sus aspiraciones y sentirse inferiores cultivaban el rencor, la perversión y la venganza en todos sus aspectos, dando lugar a una mayor criminalidad y a revoluciones, proporcionándose el marco perfecto para el contagio del marxismo.

Portada de uno de los estudios del doctor Vallejo Nágera llamado "Psiquismo del Fanatismo marxista" de octubre de 1938

Además el aspecto misógino es muy evidente en la obra de Vallejo. Entiende el rol sexual de la mujer como la madre de los futuros hijos de la nación, y antepone la conveniencia biológica al amor, disuadiendo si fuera necesario los matrimonios que corrieran el riesgo de transmitir a su descendencia enfermedades psíquicas. La mujer ejemplar denotaba los valores de la raza española, siendo seña de su identidad una silueta moral inconfundible, un sentido social profundamente cristiano, anónimo y disciplinado. La actitud de la mujer moderna y republicana era culpada, por Vallejo, de la despoblación, pues entregada a los deportes, al alcohol, al tabaco, a fantasías, había descuidado su verdadero papel: el cuidado de los hijos. Así pues, también hace referencia a la debilidad mental de las prostitutas, que, siendo amorales, se entregan a la prostitución por impulso propio, atraídas por el placer, el lujo y la vida fácil[8]. En el estudio llevado a cabo a presas de Málaga concluye que la mayoría tiene temperamentos degenerativos y que ninguna posee una cultura superior por lo que el marxismo se nutre de ellas porque son las personas menos inteligentes de la sociedad. La consecuencia más trágica fue la separación de niños y niñas de sus madres, que ante el peligro de ser contagiados por la enfermedad marxista fueron destinados a familias de carácter falangista y católico con el fin de eliminar de su comportamiento los caracteres indeseables.

 

El discurso académico empleado por Vallejo en toda su producción científica estaba destinado a asentar la inferioridad de adversario y su naturaleza psicosocial degenerativa. A través de la utilización de una violencia discursiva que perseguía la imagen del Otro conseguía la materialización misma de la violencia que, canalizada en las instituciones del Estado franquista reforzaba las estructuras de opresión. Propugnando la vuelta de valores premodernos, Vallejo hace un ataque al liberalismo por ser emblema de la sociedad moderna y de las democracias burguesas puesto que son el símbolo de la decadencia más absoluta. Su papel y mérito no fue otro que el de aportar al régimen, desde la psiquiatría oficial y académica, una pseudo-filosofía de la inferioridad social e histórica del adversario político que justificase acciones, instituciones y políticas de segregación.

 

BIBLIOGRAFÍA

  • BANDRÉS, J., LLAVONA, R., “La psicología en los campos de concentración de Franco” en Psicothema, 8, nº 1, 1996, págs. 1-11.
  • HUERTAS, R., ORTIZ, C., Ciencia y Fascismo, Doce Calles, Madrid, 1998.
  • KEVLES, D., La eugenesia, ¿Ciencia o utopía? Una polémica que dura cien años, Planeta, 1986.
  • SEVILLANO, F., La representación del enemigo en la Guerra Civil, Alianza Editorial, Madrid, 2007.
  • SOSA VELASCO, A.J., Médicos escritores en España, 1885-1955. Santiago Ramón y Cajal, Pío Baroja, Gregorio Marañón y Antonio Vallejo Nágera, Tamesis, Woodbridge, 2010.

 

[1] Francis Galton (1822- 1911) , primo de Charles Darwin, dio a conocer sus ideas eugenésicas en 1865 en un articulo dividido en dos partes más tarde ampliadas en el libro Hereditary Genius de 1869.

[2] GALTON, F., Inquires into the Human Faculty, Macmillan, 1983, págs. 24-25 citado en J.KEVLES, D., La eugenesia, ¿Ciencia o utopía? Una polémica que dura cien años, Planeta, Barcelona, 1985, pág.9.

[3] SEVILLANO, F., Rojos. La representación del enemigo en la Guerra Civil, Alianza Editorial, Madrid, 2007, pág. 87.

[4] . Cita tomada de ÁLVAREZ PELÁEZ, R., “Eugenesia y fascismo en la España de los años treinta” en HUERTAS, R., ORTIZ, C., Ciencia y fascismo, Doce Calles, Madrid, 1998, pág. 79 .

[5] SOSA VELASCO, A.J., Médicos escritores en España, 1885-1955. Santiago Ramón y Cajal, Pío Baroja, Gregorio Marañón y Antonio Vallejo Nágera, Tamesis, Woodbridge, 2010, pág. 4-5.

[6] [6] BANDRÉS, J., LLAVONA, R., “La psicología en los campos de concentración de Franco” en Psicothema, Vol. 8, nº 1, 1996, pág. 3.

[7] VALLEJO NÁGERA, A., Eugenesia de la Hispanidad y regeneración de la raza, Burgos, Editorial Española, 1937, pág. 6-7, citado en SEVILLANO.F., Rojos. La representación del enemigo en la Guerra Civil, Alianza Editorial, Madrid, 2007, pág. 92.

Irene Rodríguez

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