Albania y la contrarrevolución

Albania es un país poco conocido, y lo mismo pasa con su Historia. En este artículo haremos un viaje a tierras albanas para conocer la transformación del país entre las décadas de 1910 y 1920 tanto cultural y social, como económicamente.

 

1.- ¿Cuál es el punto de partida?

Albania era una realidad estatal con unas precondiciones de salida muy particulares tras la Primera Guerra Mundial. En primer lugar, era un Estado artificial de existencia efímera. ¿Qué quiere decir esto? Pues que a pesar de que Albania había existido como entidad administrativa desde la Alta Edad Media, siempre había permanecido bajo el control de los poderes imperiales de la región, especialmente del Imperio Otomano, y no fue hasta las sucesivas conflagraciones en la región balcánica —guerras balcánicas (1912-1914)— que proclamaría su independencia y su posterior ensamblado institucional como monarquía. El estallido de la Primera Guerra Mundial rompió la incipiente articulación del Estado y, por decisión de las potencias vencedoras, pretendieron convertir a Albania en un área de influencia italiana para así intentar resarcir las aspiraciones no conseguidas del Reino de Italia en los tratados de Saint Germain en Laye (1919) y Trianon (1920).

En segundo lugar, la estructura socio-económica albanesa y, derivado de ello, su fórmula administrativa, era tribal; diversos clanes conformaban los grupos de poder o élites locales que articulaban la administración, sin tener una conciencia nacional albanesa. Además, estas élites estaban frecuentemente enfrentadas en conflictos político-religiosos debido a la particular conjunción de orografía, cultura y tradición:

  • Albania se asienta sobre un territorio muy montañoso, con alturas generalizadas de más de 1.000 metros, sobre todo en el Norte, donde vivían los clanes más pobres —ocupados en la agricultura tradicional, que apenas era suficiente para la manutención de las familias—, de religión católica y totalmente aislados del resto por la falta de infraestructuras de comunicación.
  • En el centro se agrupaba la mayoría de la población y las tribus de religión musulmana, caracterizadas por haber sido las élites gobernantes durante el periodo de dominación otomana.
  • En el sur, donde las tierras bajas suponen una mayor productividad, se asentaba la comunidad ortodoxa, la más rica de las tres gracias a la ventaja económica agrícola.

Así pues, se presenta un territorio difícil, con conflictos internos y entre los diversos clanes, que sólo tienen una seña de identidad en común: la solución de los problemas y conflictos por la vía armada, la venganza y la apología de las armas como símbolo de independencia.

2.- Inestabilidad política y el levantamiento Mirdita

Los partidos políticos, de naturaleza igualmente tribal, empezaron a surgir tras la Primera Guerra Mundial para dar salida a los intereses tribales. De todos ellos, destacaba el liderado por Brey Vriani, deudor de las tribus prominentes terratenientes musulmanas del centro, que estableció su hoja de ruta tras la Gran Guerra para afrontar los problemas presentes y futuros en la articulación de Albania basándose en la defensa de sus intereses: volver a la situación de preguerra congelando cualquier posibilidad de cambio político, económico o social que eliminara sus privilegios como élite dirigente. Para poder llevar a cabo este proyecto desde el gobierno, cuya capital se trasladó a Tirana, era necesario controlar las zonas más montañosas del norte, donde guerrillas albanesas estaban en conflicto fronterizo con Yugoslavia.

La reacción que demuestra el fracaso del proyecto de Vriano se presentó en forma de revuelta desde el norte católico con el levantamiento Mirdita. Gjon Marka Gjoni consiguió reunir a más de 2.000 mercenarios financiados por el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos —interesados en controlar la frontera norte para potenciar el mercado negro—, además de algunos albaneses que iniciaron el movimiento hacia la capital[1] desde Orosh. El movimiento, tras un enfrentamiento ingrato, acabó sofocado por el Ejército albanés y se consideró como un conflicto religioso motivado por el sentimiento del norte al miedo de la disolución de sus rasgos identitarios católicos basándose en una política de islamización por parte de la capital.

Mapa de Albania con capital en Tirana.

A este contexto político de extrema inestabilidad se añadía el estancamiento económico crónico. Albania era el país más pobre de Europa, con una economía basada esencialmente en la agricultura con sistemas poco productivos y sin infraestructuras modernas que pudieran aportar una mejoría. Por si fuera poco tenía una tasa de analfabetismo que lo colocaba a la cola del continente; entre el 98% y 99% de la población era analfabeta.

La salida ante esta situación tan extrema fue ofrecida por otro de los partido influyentes; el Partido Popular. Dirigido por Xhofer Ypi, esta formación de defensa de diversos grupos clánicos contaba con Fan Norli, cuyo paso por Harvard le había hecho acérrimo defensor de las ideas renovadoras en sintonía con el modernismo político y económico de corte occidental, y Ahmet Zogu, descendiente de uno de los líderes clánicos —musulmán— más importantes del país, destacado por su capacidad militar y por contar con una milicia armada a su servicio. En diciembre de 1921 formarían gobierno Norli como Primer Ministro y Zogu en la cartera de Interior hasta que presiones a favor de éste último hicieron que, de forma inusual en la tradición política del país, se produjo un cambio de gobierno no violento y consensuado con el ascenso de Zogu a Primer Ministro y la salida de Norli.

 

3.- La dictadura Zogunista

Zogu asumió el poder tras la crisis política en diciembre de 1922, abandonando el Partido Popular y creando el llamado Partido del Gobierno[2] con el fin de mantener así intacto su poder. Su acceso al poder se tradujo en una reordenación de los objetivos políticos:

  • Desarmar el país para que el Estado tuviera el monopolio de la violencia. Este desarme contaba con la excepción de los integrantes de su propio clan.
  • Desactivar el descontento de la comunidad ortodoxa desde dado que eran los que, en relación a su mayor riqueza, financiaban esencialmente a un Estado albanés liderado por un musulmán. A este agravio se sumaba la percepción de la pérdida de la identidad cultural religiosa.
  • Cierre fronterizo con el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos que en la práctica tuvo nefastas consecuencias para la supervivencia de las comunidades del norte, no autosuficientes para garantizar su subsistencia y que veían cerrada la posibilidad de establecer un mercado negro.
  • Reorientar las aspiraciones sobre la región de Kosovo, en su mayoría poblada por albaneses y que podía dar lugar a la idea imperial de la “Gran Albania”.

Estas decisiones volvieron a tensionar la dinámica política ante la animadversión de una amplísima mayoría de los grupos de poder, llegando en última instancia al golpe de Estado perpetrado por Norli y los suyos, consiguiendo derrocar a Zogu, que huyó en junio de 1924 hacia Yugoslavia.

En el exilio yugoslavo, Zogu consiguió el apoyo de éstos consiguiendo financiar la formación de un pequeño grupo de mercenarios con el que volvería a finales de año a Albania, llevando a cabo otro golpe de Estado e instalándose en el poder nuevamente.

Ahmet Zogu, perteneciente a la élite musulmana de los clanes de la zona centro de Albania.

3.1.- La República Zogunista

Desde enero de 1925 hasta septiembre de 1928 se desarrolló la llamada República zogunista, la etapa más característica de la dictadura de Ahmet Zogu. En ella se establece un sistema dictatorial pero de apariencia liberal parlamentario —al estilo polonés pilsudskista— con división de poderes basada en un ejecutivo en manos de un gobierno del que él será Primer Ministro lo que lo diferencia de Pilsudski, que rechazará ocupar un cargo en primer plano y permanecerá mayoritariamente en la sombra, un legislativo encarnado en un Parlamento y un judicial desarrollado por los jueces, con un sistema de partidos pluripartidista y con una Constitución como ley de máximo rango ordenadora del funcionamiento. Nada más lejos de la realidad. Esta era la apariencia, pues de facto los poderes extraordinarios que la carta magna otorgaba al Primer Ministro, no solo en lo ejecutivo sino también legislativa y judicialmente dejaban el sistema en manos de Zogu como una dictadura personalista.

En esta nueva etapa Zogu, consciente de la debilidad inicial de su posición, mantendrá un estado de suspensión de garantías (Ley Marcial) durante largo tiempo para liberarse las manos en una durísima represión contra todo tipo de oposición política, tanto oficial como encubierta, pudiendo así llevar a cabo su proyecto sin inconvenientes. Su proyecto, basado en el orden y la estabilidad como objetivos y al mismo tiempo principios esenciales, pretendía desarrollar el sistema de la Besa; conseguir ampliar la base social del régimen ganándose la simpatía de las estructuras tribales según su participación en el Ejército albanés. Zogu fue lo suficientemente inteligente para analizar la realidad albanesa y comprobar que el uso de las armas era un peligro, pero que suponía una seña de identidad tan fuerte que cualquier intento de tumbarlo podía costarle la caída, de tal modo que buscó un método blando; ligó el Ejército al Estado y a su figura ensamblando un sistema de financiación de sus cuadros a través del pago en mano; a cambio de jurar fidelidad al Estado, los militares recibirían un sueldo generoso además de la garantía de pensiones con la condición de que el pago se efectuaría en mano, dos veces al año, en la capital. La jugada de Zogu le permitía obligar a romper las dinámicas tribales aisladas y generar una institución albanesa, y de hecho resultó exitosa porque se entendió como elemento de ascenso social para las élites locales tribales; un sistema elitista, sí, pero que conseguía homogeneizar y monopolizar el poder militar. La Besa, en paralelo, también contemplaba el acuerdo implícito con los terratenientes musulmanes del centro para no contravenir sus intereses, que también tenían representación en el Ejército.

Que la Besa fuera posible se debió en esencia a la financiación por parte de potencias extranjeras. Alemania financiaba el comercio aéreo, no tanto porque a las empresas germanas explotadoras de este sector económico albanés les reportara beneficios, sino más por una cuestión de influencia y geopolítica. Gran Bretaña, por su parte, tuvo éxito en la búsqueda de pozos de petróleo, lo que permitió el desarrollo del sector y la obtención de dividendos para el Estado en la fiscalización de la actividad. No obstante, estos dos países quedaban en términos absolutos muy por detrás de Italia, que se convertiría en el gran financiero y valedor del régimen zogunista. Los italianos no sólo buscaron la influencia en términos geopolíticos —mediante el envío de instructores militares, uso de puertos, instrucción de milicias paramilitares y Tratados de defensa y apoyo mutuos—, sino que se implicaron económica y financieramente; controlaron el sistema bancario —fundando y controlando los mismos italianos el Banco Nacional de Albania, con sede en Roma—, consiguieron el monopolio de los transportes internacionales y promovieron proyectos e inversiones en diversas actividades económicas, especialmente en la explotación de minas de plata y cobre.

Con estas inversiones pudo operarse una transformación cultural —fomentando la educación primaria aunque con resultados muy limitados— y urbanística —transformando Tirana de capital regional en capital Estatal a través de su reurbanización y promoviendo la creación de núcleos urbanos en las regiones rurales del Norte y el Sur del país— en todo el País, aunque los cambios todavía eran muy limitados en términos absolutos.

3.2.- Zog I

El último paso en la institucionalización del régimen se dio en 1928 con la aprobación de la Constitución, que amplió los poderes dictatoriales de Zogu aun manteniendo la apariencia liberal-parlamentaria. Con el nuevo texto constitutivo, el apoyo de Italia y la oposición desarticulada, Zogu se permitió el lujo de levantar la Ley Marcial y aprobar un retorno al proyecto inicial de desarme del país que culminaría con el salto del régimen al disolver las cámaras y promover un cambio de régimen. En septiembre de 1928 Zogu se coronó como Zog I, Rey de los Albaneses —lo que de buenas a primeras demostraba su intención de enterrar el pasado otomano al “albanizar” su apellido y eliminar su nombre en el título como monarca, a la vez que de aspirar a la realización de un proyecto imperial que englobara políticamente a los albaneses fuera de las actuales fronteras; Kosovo—, consiguiendo el reconocimiento internacional y sin encontrar resistencia ni oposición en el interior gracias en gran medida al mantenimiento de un aislamiento regional que impide a la población tener conocimiento del cambio.

Zog I, rey de Albania.

Con este cambio, ante el que Yugoslavia sí reaccionó negativamente dadas las aspiraciones subyacentes sobre la región albano-kosovar, Zogu pretendía no sólo saciar una supuesta megalomanía, sino conseguir la unidad y adaptarse a los cánones regionales y occidentales, que en la época seguían una línea monárquica. De acuerdo a la lógica del dictador, ahora soberano, la República había conseguido nacionalizar el país, pero la Monarquía había de conseguir el siguiente paso, la unidad. Los cambios quedaron sellados con el remozado a la Constitución de 1928 para instaurar una Monarquía constitucional democrática hereditaria y no confesional, consiguiendo así por un lado garantizar la sucesión de poder y, por otro, evitar los problemas derivados de un hipotético conflicto cultural-religioso por la orientación del régimen.

El primer pilar de este nuevo régimen fue hacer de Tirana una capital homologable a la Europa Occidental. Para ello se llevó a cabo un profundo plan urbanístico de remodelación, eliminando mezquitas y símbolos del pasado musulmán y generando grandes avenidas, hoteles, y centros de servicios y ocio tirando por tierra el antiguo casco urbano. De forma artificial, Zogu consiguió una incipiente occidentalización de la capital albanesa.

El segundo pilar, también en términos de infraestructuras, fue la construcción masiva de carreteras que, ante la dificultad que ofrecía la orografía, promovió la promulgación de una ley por la cual cualquier varón mayor de 16 años tenía la obligación de dedicar 10 días al año en la construcción de carreteras. El tendido de vías de comunicación terrestre buscaba como objetivos la vertebración Norte-Sur del territorio y su integración en un todo, intentando evitar el aislamiento sobre todo en el norte en unos inviernos de climatología durísima, además de la ruptura de las estructuras tribales cerradas sobre sí mismas y zanjar la habitual violencia y bandidaje que se producía en las precarias vías de comunicación hasta entonces.

El tercer pilar, aunque fue neutralizado, era la reforma agraria. Zogu quería financiarse consiguiendo tierra pública para venderla, de tal manera que actuó sobre las propiedades de los grandes terratenientes musulmanes del centro. La idea era partir las propiedades en tercios repartidos entre el terrateniente, los familiares directos y el Estado, que se quedaba con 1/3 para poder venderla. No obstante, en la práctica, los terratenientes musulmanes desactivaron esta reforma fragmentando la propiedad entre sus familiares de tal manera que lo que perdían (1/3) en última instancia era una superficie muy reducida.

Durante toda la década de 1930 el sentimiento anti-italiano creció entre la población albana; la reforma urbana de la capital, cuyos artífices eran arquitectos y empresarios italianos, se concibió como un proceso de destrucción de la identidad del país, y la inflación y división social crecientes también se achacaron a los italianos que, para más inri, importaban mano de obra italiana en vez de emplear albaneses, generando distancias socioeconómicas y resentimiento.

BIBLIOGRAFÍA

  • MARTIN, J. C. (dir.), La contre-Révolution en Europe, XVIII-XX siècles: réalités poli­tiques et sociales, résonances culturelles et idéologiques, Rennes: PUR, 2001.
  • WISKEMANN, E., La Europa de los dictadores, 1919-1945, Madrid: Siglo XXI, 1986.

 

[1] Se rebelan contra la capitalidad de Tirana y establecen Shkodra como su capital.

[2] Como respuesta Norli creó el Partido Demócrata de Oposición que congregaría a numerosos enemigos de Zogu.

Si quieres utilizar este texto perteneciente a Historia 2.0, no olvides citarnos de la siguiente forma:

Rodríguez, Irene: Albania y la Contrarrevolución (7 de diciembre de 2017), Historia 2.0. [Blog] Recuperado en: https://historiadospuntocero.com/albania-la-contrarrevolucion/  [Consulta: fecha en que hayas accedido a esta entrada

Irene Rodríguez

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