Amelia Earhart, aventurera hasta el final

Amelia Earhart nació el 24 de julio de 1897 en Atchison, Kansas (EEUU), aunque durante su infancia cambió muchas veces de residencia debido a los continuos cambios de trabajo del padre, un abogado de empresas de ferrocarril con cierta tendencia al abuso del alcohol.

Desde pequeña, Amelia se mostró como una persona inquieta y atrevida. Junto a su hermana pequeña Muriel, se dedicaba a explorar el vecindario, escalar árboles, deslizarse en trineo... ¡hasta cazaban ratas con rifle! Además tenían montado un pequeño zoo en casa, con especies que recogían en sus escapadas (gusanos, polillas, saltamontes... ¡e incluso un sapo!). Su primer vuelo, de hecho, fue desde una rampa que le construyó su tío en el tejado del cobertizo a modo de montaña rusa. Por suerte Amelia acabó en mejores condiciones que la caja de madera en la que se tiró, que quedó totalmente destrozada.

Teniendo en cuenta este bagaje, no es de extrañar que al crecer Amelia acabase interesada en la aviación. Empezó tomando clases de vuelo con la aviadora pionera Anita “Neta” Snook en 1921. Seis meses después pudo comprarse su primer avión, un Kinner Aister amarillo de segunda mano al que chistosamente apodó “el canario”. A bordo de dicho avión batió en octubre de 1922 el record mundial femenino, al ascender hasta los 14.000 pies (casi 4.300 metros) de altitud. Al año siguiente obtendría la licencia de piloto a manos de la Federación Aeronaútica Internacional, siendo la decimosexta mujer en conseguirlo.

Neta Snook and Amelia Earhart

Neta Snook y Amelia Earhart junto al Kinner Airster "El Canario", 1921.

Tras unos problemas económicos que la obligaron a vender “el canario” (y también su automóvil, un Kissel al que llamaba The Yellow Peril, “el peligro amarillo”) parece que en 1928 la suerte volvió a sonreír a Earhart. Una aristócrata estadounidense llamada Amy Guest había comprado un Fokker F.VII con la intención de cruzar el Atlántico, como había hecho el famoso piloto Charles Lindbergh un año antes. Pero ante las presiones familiares se decidió que Amy no volase y que en su lugar lo hiciese otra mujer. Y, por supuesto, la elegida no sería otra que Amelia Earhart.

En realidad este vuelo transatlántico poco tuvo de hazaña para Earhart. Es cierto que se convirtió en la primera mujer en cruzar el Atlántico en avión, pero el mérito hay que atribuirlo al piloto Wilmer Stultz y al mecánico Louis Gordon, quienes en la práctica se encargaron de todo. La fama y el ruido mediático, eso sí, recayeron sobre Amelia por el hecho de ser mujer.

Wilmer Stultz y Amelia Earhart en South Hampton

Wilmer Stultz y Amelia Earhart reciben felicitaciones en South Hampton (Inglaterra) tras cruzar el Atlántico, 26 de junio de 1928. © Bettmann/CORBIS

Con la ayuda del publicista y editor George Putnam (que después se convertiría en su marido), Amelia publicó un libro (20 horas, 40 minutos) sobre su experiencia, a la vez que daba multitud de conferencias en las universidades. También obtuvo bastantes ganancias gracias a la publicidad, pues ya se había convertido en una cara conocida.

Amelia, sin embargo, no se durmió en los laureles. Aprovechó estas ganancias para financiar sus siguientes vuelos e impulsar la aviación entre las mujeres. En 1929 organizó una carrera, sólo para chicas, en la que cruzarían el país desde Los Ángeles a Cleveland. A raíz de esta carrera (en la que por cierto Amelia quedó tercera), se fundó la asociación de pilotos femeninas Las noventa y nueve —llamada así por el número de participantes— de la que, obviamente, Amelia Earhart sería su primera presidenta.

Poco después conseguiría, por fin, quitarse la espinita clavada al cruzar el Atlántico por segunda vez, en esta ocasión en solitario. A bordo de su Lockheed Vega rojo, Amelia volaría desde Harbour Grace (Terranova y Labrador) hasta Irlanda el 20 de mayo de 1932, batiendo además el récord de tiempo en hacerlo.

Amelia Earhart celebrando su primer vuelo transatlántico en solitario

Una multitud rodea a Amelia Earhart celebrando su primer vuelo transatlántico en solitario. Londonderry, Ulster (Irlanda del Norte).

En enero de 1935 lograría otra hazaña al volar desde Honolulu (Hawai) hasta Oakland (California), y de ahí a Washington D.C. También voló ese mismo año de Los Ángeles a México D.F. y de ahí a Newark (New Jersey). Sin embargo su gran aventura estaba por llegar: Amelia se propuso dar la vuelta al mundo circunnavegándolo por el ecuador.

La misión, obvio es decirlo, se trataba de la más peligrosa de todas en las que había participado. Se escogió a Fred Noonan, experto en rutas aéreas por el Pacífico, como navegante para acompañar a Amelia Earhart. Tras un primer y fallido intento de tomar la ruta oeste en marzo, finalmente se decidirían por la dirección contraria. A bordo del Electra, Earhart y Noonan despegan el 21 de mayo de 1937 de Los Ángeles con dirección a Florida.

Amelia Earhart subida sobre el Electra

Amelia Earhart subida (literalmente) sobre el Electra. Miami, 1937.

De ahí a San Juan (Puerto Rico), Caripito (Venezuela), posteriormente cruzando el Atlántico hasta África, luego el Mar Rojo hasta llegar a Karachi (Pakistán), y de ahí a Calcuta (India) y Rangún (Birmania). Posteriormente dejan el continente asiático para viajar hacia las islas: Bangkok (Tailandia), Singapur y Bandung (Indonesia) serán los siguientes destinos. De ahí a Darwin (Australia) y Lae (Papua Nueva Guinea), preparándose para el tramo más difícil de la misión: cruzar el océano Pacífico. Ante la inexistencia de más tierra firme donde repostar, se decidió que la expedición aterrizaría en la isla Howland, un pequeñísimo atolón deshabitado a medio camino entre Lae y Honolulu, donde un barco de la armada estadounidense (el guardacosta Itasca) les esperaría con el combustible necesario. El día previsto para su llegada, el 2 de julio de 1937, el Itasca recibió numerosas señales de radio procedentes del Electra, pero estos no parecían recibir las suyas.

 

KHAQQ llamando al Itasca. Debemos estar encima de ustedes, pero no los vemos. El combustible se está agotando...

 

Poco después, en el Itasca dejaron de recibirse nuevas transmisiones. Finalmente comenzaron la búsqueda del Electra, pensando que quizás se habrían estrellado contra el mar. El propio presidente Roosevelt envió 9 barcos y 66 aviones para ayudar en las labores de búsqueda del Electra, esperando poder encontrar a Amelia Earhart y Fred Noonan aún con vida. Sin embargo nunca más se volvió a saber de ellos. El misterio de lo que ocurrió ese día con el avión aún no ha sido resuelto.

Alfonso Cuesta

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