El ballet durante la Revolución Rusa.

Durante la revolución bolchevique algunas artes corrían el peligro de desaparecer. Es el caso del ballet, pues se veía como un símbolo clásico del rancio absolutismo zarista.

Los bailarines Alexandra Danilova y Serge Lifar en 1928.

A pesar de que los gobiernos que ocuparon el poder después de la revolución abogaban por la cultura, dejaron al ballet de lado en favor del teatro, que tenía más éxito y podía servir además con fines de adoctrinamiento de las masas.
Lenin dejó la cultura en manos de Anatoly Lunacharsky, que fue nombrado Comisario del Pueblo para la Instrucción. Fue un gran defensor de la cultura y defendía cada uno de los aspectos de esta.
Dentro de la cultura tenía cabida el baile, y por supuesto, el ballet, a pesar de que se veía como algo totalmente ligado a la aristocracia.
Sin embargo, Serguei Diaguilev, empresario coleccionista de arte, decide montar los “Ballets rusos” (Русский балет Дягилева) cuya primera representación se realiza en mayo de 1909 con un absoluto éxito. A pesar de la ruina que sufría el país, puso su dinero y contó con la ayuda económica de personajes tan dispares como Coco Chanel, la princesa de Polinag o la pianista Misia Sert.

Retrato de Sergei Diaguilev

Crea representaciones de ballet en las que danzan los mejores bailarines, logrando además que grandiosos compositores de la época compongan, valga la redundancia, música para esas obras. Tales son las colaboraciones con Strauss, Debussy, Stravinsky o Prokofiev entre otros. Pero además artistas como Matisse o Pablo Picasso diseñaron escenografías.
Los Ballets salen de gira por toda Europa y el éxito es rotundo: París, Londres, Viena, caen rendidos a sus pies.  Curiosamente nunca actuaron en su país. Mientras, en Rusia, Agripina Vaganova iba creando escuela de la que saldrían bailarines de éxito internacional.
En 1929 a la muerte de Diaguilev y con algunos problemas financieros, la compañía se disuelve.

A partir de aquí toda la sociedad rusa cae rendida a los pies de este clásico baile y en época de Stalin se presenta como un orgullo nacional del que presumir. Stalin veía como el ballet ruso era admirado por el resto de Europa y no duda en relegar al teatro a un segundo plano para engrandecer el arte del baile.
Durante los años de Unión Soviética el ballet poco a poco se fue quedando obsoleto. Con la disolución de esta en los 90, poco a poco volvió a resurgir y a día de hoy vuelve a ser de la admiración de todos.

Como curiosidad, en los años 60 se descubrió en París una estancia donde se encontraron bocetos, partituras, figurines, carteles, etc el ballet ruso, en un descubrimiento sin precedentes, se organizó una subasta que duró tres días.

Marta Sixto

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