IIlustración de Marta Hernández realizada para Historia 2.0 © MARTA HERNÁNDEZ. Todos los derechos reservados /All rights reserved. PROHIBIDA su utilización.

Carnaval, la fiesta eterna

Quedan pocos días para que comience el Carnaval una fiesta que, como tantas otras, tiene un gran arraigo en determinadas zonas de nuestra geografía. Desde los bulliciosos carnavales gaditanos a los espectaculares y coloridos de Santa Cruz de Tenerife, pasando por otros más tradicionales y pintorescos como el de Laza (Ourense) o de Herencia (Ciudad Real) —recientemente declarado de interés turístico nacional—, en todos y cada uno de ellos la tónica predominante es el divertimento, la fiesta, el jolgorio, la comida y la bebida.

El origen pagano

Pero, ¿de dónde viene esta celebración? La verdad es que no hay una única respuesta para esta pregunta. La mayoría de investigadores considera las antiguas celebraciones romanas de las Saturnales o las Lupercales como los antecedentes directos del carnaval. Como veremos más adelante, algunas de las versiones más antiguas de nuestra actual celebración se remontan al Egipto faraónico o a la antigua Persia.

La festividad romana —que podemos considerar como directa antecesora del Carnaval— en un principio constituía una conmemoración de la Edad de Oro de la Humanidad, en la que Saturno gobernaba y todos los humanos eran iguales y vivían en paz. Durante una semana corría la bebida y la comida por las calles de Roma. Se podía jugar a juegos de azar (normalmente prohibidos) y los esclavos se hacían incluso servir por sus amos. Las máscaras constituían una excusa para convertirse en aquello que se deseaba a lo largo del año. Con posterioridad, las Saturnales fueron englobando otros ritos de origen indígena o heredadas de los griegos, como los ritos dionisíacos (en honor al dios Baco/Dionisio) o las ya mencionadas Lupercales.

Parece ser que estas costumbres, tan arraigadas en la población se resistieron —como tantas otras— a la implantación del cristianismo como religión oficial. Ya en el siglo VII, el propio Isidoro de Sevilla se quejaba amargamente de que la población se disfrazaba de animales y se intercambiaban los sexos, además de comer y beber sin parar.

Saturnalia, escultor Ernesto Biondi, de 1899. Una copia en bronce del 1909, escultura en el Jardín Botánico de Buenos Aires. Original en la Galería Nacional de Arte Moderno de Roma.

La cristianización de la fiesta

Este conjunto de fiestas paganas de celebración de cambio de estación se fueron uniendo poco a poco hasta dar lugar a nuestro carnaval como los tres días precedentes al Miércoles de Ceniza, día en el que empieza la Cuaresma[*]. La primera noticia del término carnaval procede de la península italiana hacia el siglo X; carnevale, que deriva a su vez de carnelevare (del latín carne «carne» y levare «quitar»). Un origen muy similar tiene carnestolendas (carne «carne» y tollendus, gerundio de tollere «quitar, retirar») término que en Castilla se utilizó hasta fechas muy recientes y que se sigue utilizando en Cataluña y Comunidad Valenciana con famosos carnestoltes como el de Tarrasa.

Evolución del uso de carnaval y carnestolendas en castellano dese 1760 hasta el año 2000. Fuente: https://spanish.stackexchange.com/questions/22757/qu%C3%A9-fue-antes-carnaval-o-carnestolendas

Evolución del uso de carnaval y carnestolendas en castellano dese 1760 hasta el año 2000. Fuente: https://spanish.stackexchange.com/questions/22757/qu%C3%A9-fue-antes-carnaval-o-carnestolendas

Ya en el siglo XII gracias a la gran expansión urbana que experimentó Europa, unido a la proliferación de las universidades y los estudiantes el carnaval se asentó como una de las celebraciones más populares del año. Al igual que sucedía en las fiestas paganas, la inversión del orden establecido era una de las principales características de las fiestas carnavalescas. En ellas los estratos más humildes de la sociedad tenían una válvula de escape para dar rienda suelta a sus frustraciones y a, por así decirlo, ajustar cuentas con las autoridades civiles y religiosas. Frente al mundo feudal teocéntrico y de tono serio se contraponía, aunque fuera por unos días, la risa y la fiesta del carnaval.

Y es que las carnestolendas fueron y son una lucha entre las autoridades que intentan controlar las celebraciones y las máscaras, contra la población que intenta transgredir toda norma posible. Pese a la diversidad de las celebraciones del carnaval en todo el continente, las fiestas públicas, los ritos y cultos cómicos, los bufones, los gigantes y enanos, la literatura paródica… poseen una unidad de estilo y constituyen partes de una única cultura popular.

Carnaval, ¿en el mundo entero?

Hasta ahora hemos visto cómo una celebración pagana fue adaptada por las autoridades eclesiásticas como método de control, pero, ¿qué pasaba en el mundo islámico? Durante toda la Edad Media y parte de la Edad Moderna, islam y cristianismo convivieron (en especial en la península ibérica), ¿celebraban el carnaval los seguidores de Mahoma? Aunque a muchos os pueda parecer sorprendente, sí se celebraba el carnaval de un modo bastante similar al que lo hacían los países cristianos.

Entre las diferentes fiestas de corte carnavalesco que durante el medievo se celebraron en los reinos musulmanes, quizá el Nayruz que tenía lugar en Egipto es el que más datos nos proporcione. Esta fiesta, pese a tener un nombre persa, se cree que se remota al tiempo de los faraones. En cuanto a la fecha de celebración de la fiesta, que también era conocida como Nawruz, hay varias hipótesis, pues ningún autor contemporáneo nos habla de forma expresa de los días de su celebración. Dichas fechas varían entre el 11 de septiembre al 1 de enero —tal y como afirma María Jesús Rubiera Mata, (al menos en la Mallorca islámica)— pasando por los dos equinoccios. Según los céjeles andalusíes, pequeñas canciones o poemas, en tierras de Al-Ándalus la celebración del carnaval islámico recibía varios nombres Nayruz, Nuruz o Yannayr.

IIlustración de Marta Hernández realizada para Historia 2.0 © MARTA HERNÁNDEZ. Todos los derechos reservados /All rights reserved. PROHIBIDA su utilización.

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¿Por qué tuvo tanto éxito el carnaval?

Si una fiesta tiene tanto éxito que supera prohibiciones a lo largo de los milenios, sea cual sea el poder imperante o la religión que se profese es por algo. La festividad del carnaval o carnestolendas entronca con algo que está muy ligado al ser humano, su espíritu de rebeldía. Ya fueran los saturnales, los carnavales de Salamanca o el Nawruz de El Cairo podemos determinar una serie de características que explican el éxito y larga vida de la celebración:

Inversión del orden establecido

Ya hablábamos al principio de este artículo cómo en Roma los días de la fiesta de Saturno estaba permitido que los esclavos gozaran de libertad y que incluso se hicieran servir por sus propios amos.

Durante las fiestas carnavalescas del medievo era muy habitual la celebración de fiestas llamadas fiestas de los bobos. En este tipo de carnavales, de los que hoy día conservamos varias manifestaciones, se solía elegir a un personaje, generalmente un niño o un adolescente, que durante unos días era el «rey» de la comunidad. Él y sus acólitos se dedicaban a recorrer las calles de las ciudades, villas y pueblos recaudando dinero y realizando todo tipo de fechorías. A quienes no se plegaban a sus deseos les correspondía el castigo de ser rociado con barro rojo, paja, harina o cualquier otra inmundicia.  Curiosamente existían celebraciones exactamente iguales durante el Nawruz musulmán, como el denominado rukubal-kawsay o fiesta del barbilampiño, aunque esta tenía un marcado carácter de cambio de estación.

Una nota curiosa es que, en ambas celebraciones, la cristiana y la musulmana, los fingidos reyes solían montar a lomos de un asno. Este animal tiene un alto valor simbólico, no sólo es una parodia del poder; evoca la tozudez y la estupidez además de la lujuria. Pero también recuerda al episodio bíblico de la entrada de Cristo en Jerusalén, con lo cual la celebración tenía un cierto tono sacrílego.

Esperamos que, durante estos próximos días de carnaval, uséis las máscaras necesarias para, aunque sea por unas horas, ser lo que más deseáis ser.

Todo el equipo de Historia 2.0 os desea un muy feliz Carnaval.

Notas

[*] Este periodo de abstinencia que recuerda a los cuarenta días que pasó Jesús en el desierto, se estableció ya en el concilio de Nicea en el 381 d. C.

Bibliografía

  • BAJTIN, Mijail La Cultura popular en la Edad Media y el Renacimiento. Madrid. Alianza Editorial. 1999.
  • SHAFIK, Ahmed «Formas carnavalescas del Nawruz en el Medievo islámico» en Al-Andalus Magreb: Estudios árabes e islámicos nº 20, 2013, págs. 217-249

Si quieres utilizar este texto perteneciente a Historia 2.0, no olvides citarnos de la siguiente forma:

FERNÁNDEZ-MONTES Y CORRALES, Luis Miguel. «Carnaval, la fiesta eterna» (06/02/2018) Historia 2.0 [Blog]. Recuperado en: https://historiadospuntocero.com/carnaval-fiesta-eterna [Consulta: fecha en que hayas accedido a esta entrada]

Luis Miguel Fernández-Montes y Corrales

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