Las cisternas romanas de Monturque

Situado en el centro geográfico de Andalucía, Monturque (Córdoba) es un pequeño pueblo de menos de 2.000 habitantes que, sin embargo, alberga uno de los cementerios más curiosos del mundo. No obstante, en el subsuelo del cementerio —por insólito que parezca— se hallan las cisternas romanas más grandes encontradas hasta la fecha en la Península Ibérica. Ante tal interesante dato, tres miembros del equipo de Historia 2.0 no dudamos en embarcarnos en un emocionante viaje hacia las bellas tierras del sur para saciar nuestra sempiterna curiosidad.

Nada más llegar a Monturque, los ojos (y la cabeza) se mueven inevitablemente hacia arriba. Construida sobre una elevación, Monturque es famosa por sus empinadas cuestas. Y es precisamente en el punto más alto del pueblo donde encontraremos sus monumentos más conocidos: las minas y el castillo, o lo que es lo mismo: las cisternas romanas y la torre medieval.

EL MUSEO LOCAL

Pero antes de nada es recomendable empezar la visita por el propio Museo. Situado en la misma plaza del cementerio, el Museo Histórico Local de Monturque nos servirá como perfecto punto de partida para entender mejor el contexto histórico de la población.

Inaugurado a finales de 1997, aunque pequeño, cuenta con una interesante colección de objetos que, además, abarcan un gran arco temporal. En primer lugar podremos ver las piezas de épocas anteriores a la aparición del ser humano, cuando la zona se encontraba anegada por el mar —como bien podemos comprobar por los restos fosilizados de animales marinos de las primeras vitrinas—. De ahí pasamos a la Prehistoria, con los habituales útiles líticos del Paleolítico así como las primeras evidencias del uso de cerámica de época neolítica o los primeros molinos de piedra.

Carmen y Alfonso atendiendo, con gran interés, las explicaciones de nuestra guía.

Curiosa es, sin duda, la reconstrucción de un telar de época calcolítica que aprovecha las pesas originales para mostrar al visitante esta manera ancestral de crear tejidos. De época del bronce y cultura ibérica, sin embargo, (aunque algunos son bastante llamativos) no encontramos demasiados objetos; probablemente debido al posterior desarrollo de los acontecimientos. Y es que, sin duda, el momento álgido de la población se dio en época romana.

Junto a la maqueta del foro, con nuestra simpática guía (y excelente anfitriona) Lourdes Zamora, de la Oficina de Turismo de Monturque.

Una enorme maqueta nos muestra la reconstrucción del foro, bajo cuyo suelo se hallarían precisamente las cisternas que acumularían y transportarían el agua hacia las cercanas termas. Además de estas grandísimas cisternas que visitaremos a continuación, la maqueta pone de manifiesto la existencia de muchas otras de menor dimensión alrededor de la zona del foro, evidenciando la importancia de este recurso para la civilización latina.

 

 

 

Marta en plena faena. El herma que dibuja es del siglo I d. C.

Una de las piezas más llamativas de época romana es la parte superior de un herma bifronte que representa a Zeus/Dionisos, una delicada obra de arte que nuestra compañera Marta Hernández no pudo evitar querer dibujar in situ.

La probablemente muy importante Monturque romana (cuyo nombre original desconocemos) dará paso a un primer poblamiento andalusí y, a continuación, al Monturque bajomedieval cristiano; épocas de la que podremos observar restos principalmente cerámicos —de uso cotidiano— en el museo.

 

 

 

LAS CISTERNAS ROMANAS

Tras salir del Museo nos movemos apenas unos metros para entrar en el cementerio de San Rafael. Incluido en la Ruta Europea de Cementerios, en realidad se trata de un camposanto bastante al uso, con nichos encalados en torno a un patio central donde curiosamente destacan unas construcciones circulares con techado que se tratan, en realidad, de respiraderos. Y es que la parte más interesante, y que hace de este uno de los cementerios más curiosos de Europa, se encuentra —precisamente— en el subsuelo.

Patio central del cementerio. Bajo estas piedras blancas (usadas para evitar las filtraciones de agua) se encuentran las antiguas cisternas de época romana. (Fotografía de Alfonso Cuesta)

Fue en el año 1885, momento en el que una mortal epidemia de cólera asoló el pueblo, cuando se evidenció la necesidad de ampliar el espacio de enterramiento mediante una gran fosa. Para ello se eligió el terreno contiguo a la parroquia de San Mateo, pero durante las labores de excavación se produjo un derrumbe que sacó a la luz una construcción previa en el subsuelo. Desde entonces —y prácticamente durante todo el s. XX— las minas, pues así se conocieron entre los habitantes del pueblo, sirvieron como espacios auxiliares del cementerio, albergando nichos e incluso una sala de autopsia.

Una de las primeras cámaras. (Fotografía de Marta Hernández)

Por fin, en 2006 se produce la adecuación de este importante espacio arqueológico. Con una capacidad para albergar hasta 850.000 litros de agua, la Gran Cisterna es un espacio rectangular que se compone de tres naves paralelas, con cuatro cámaras cada una, que se comunican entre sí mediante pequeñas puertas (la mayoría de ellas ampliadas en época contemporánea). Dentro de estas ampliaciones modernas podemos también apreciar la existencia de óculos sobre las puertas que cumplían la función de facilitar la entrada de aire a las minas, así como agujeros en el techo que conectan con los respiraderos de la parte superior del cementerio. Por supuesto la construcción original no necesitaba elementos extra de ventilación, pues su única función era el almacenamiento y redistribución del agua.

 

 

 

 

Ilustración de Marta Hernández.

Exceptuando el actual acceso a las cisternas, que cuenta con unas escaleras construidas precisamente en el lugar donde se produjo el derrumbe, el resto de la construcción romana sí conserva en muy buen estado los elementos originales. Se puede apreciar perfectamente en las paredes el uso de opus caementicium (un tipo de hormigón romano) que a su vez se recubrió de opus signinum (una mezcla de cemento y restos de cerámica) para impermeabilizar los muros de las cámaras.

Aunque a priori pueda parecer poca cosa, el uso de juegos de luces y sonido, apoyados por los numerosos carteles informativos que acompañan cada sala, hacen que en realidad se le pueda sacar mucho jugo a la visita. Y eso teniendo en cuenta que la propia experiencia de poder pasear por debajo de un cementerio ya de por sí merece mucho la pena.

 

Si además, como nosotros, tenéis la suerte de poder contar con un guía local, os recomendamos que preguntéis por la historia de Rufino. No os diremos más aparte de que la anécdota incluye a un sepulturero, su hijo y un amigo de este.

EL MIRADOR DE LOS PASEÍLLOS

Justo detrás del cementerio se encuentra un mirador con, probablemente, una de las mejores vistas de Monturque. Por si fuera poco, en la zona podemos apreciar más restos de época romana. Lo primero que nos encontramos son los restos del criptopórtico pertenecientes a la parte inferior del foro romano.

Estado actual de los restos del criptopórtico, en el Mirador de los Paseíllos. (Fotografía de Alfonso Cuesta).

 

Así se vería originalmente el criptopórtico según la maqueta que hay en el Museo Local. El piso superior se encontraría totalmente perdido. (Fotografía de Alfonso Cuesta)

Eran utilizados como lugar de almacenamiento de productos perecederos (normalmente grano, o también vino o aceite), pues los romanos, como gente pragmática que eran, aprovechaban así esta solución arquitéctonica en principio destinada a resolver la pendiente del terreno.

 

 

 

Además del criptopórtico podemos apreciar también las ruinas de unas termas, que precisamente obtenían el agua de las cisternas que ahora se encuentran bajo el cementerio a través de una canalización cuyos tramos son visibles desde la parte trasera.

LA TORRE MEDIEVAL

Sin duda, esta es la construcción que primero ve cualquier visitante cuando se acerca a este pequeño pueblo cordobés. Situado en la parte más alta del pueblo, e iluminado artificialmente de noche, el llamado Castillo de Monturque llama la atención de inmediato.

"Torre del Homenaje". Ilustración de Marta Hernández.

Construido en época musulmana, pasó a manos cristianas con la conquista de Monturque, en el año 1240, por parte de Fernando III el Santo. En realidad no podemos llamarlo castillo, o torre del homenaje, pues no guarda el esquema propio de este tipo de construcciones. La parte externa se trata en realidad de tres muros que cuentan con una torre en cada unión, de la que se conserva una con planta pentagonal y que en su interior guarda algunas de las piezas de atrezzo usadas durante las famosas Jornadas Medievales de Monturque.

En la zona del patio interior podemos observar numerosos restos arqueológicos a medio excavar, un tanto descuidados pero que quizás precisamente por ello imbuyen de un aura misteriosa al conjunto.

 

 

Interior de una de las salas de la Torre del Homenaje. (Fotografía de Alfonso Cuesta)

La parte principal de la visita se lleva a cabo en la mal llamada Torre del Homenaje,  una estructura cuadrada, totalmente restaurada, con dos grandes pisos y un acceso a la parte superior donde, de nuevo, podemos apreciar unas vistas increíbles de Monturque. Las dos amplias salas de la torre, que sirvieron probablemente como alojamiento de huéspedes relevantes o incluso de residencia habitual para el alcalde de la villa, se encuentran decoradas con llamativos blasones así como mesas y sillas con diseño de época.

 

 

 

 

Este viaje a época medieval supone el final perfecto de la visita “histórica” a Monturque. Por supuesto nadie debería irse del pueblo sin antes probar la cocina local: un delicioso y fresco salmorejo (con aceite del bueno) para épocas de calor o un potente guiso de callos especiado si se necesita calentar el cuerpo; sin por supuesto olvidarnos de otros platos típicos de Andalucía como puedan ser el solomillo de cerdo o un flamenquín de esos que debido a su gran tamaño no entiendes por qué llevan el diminutivo en su nombre. Si sois de buen comer, como nosotros, no os arrepentiréis.

LAS FIESTAS

Aunque todas estas construcciones pueden visitarse (previa reserva telefónica) durante todo el año, es muy recomendable aprovechar alguno de los multitudinarios eventos que organizan desde el ayuntamiento con la ayuda de los propios vecinos.

Quizás el evento más conocido sean las Jornadas Medievales, que se celebran a finales de julio, en las que podremos disfrutar de un mercado medieval, exhibiciones de cetrería, malabares con fuego e incluso representaciones de danza del vientre. Además, por supuesto, se organizan visitas guiadas a los monumentos más representativos de la localidad.

Otros de los festejos más interesantes son los llevados a cabo durante las jornadas culturales y gastronómicas conocidas como Mundamortis, que tienen lugar a finales de octubre coincidiendo con los días previos a la celebración de Todos los Santos. Como no podía ser de otra forma están centradas en la temática de la muerte, tan típica de esta época. Suele haber exposiciones fotográficas sobre cementerios, talleres para niños (donde tallarán farolillos de melón, la versión monturqueña de las lámparas de calabaza de Halloween), recreaciones de ritos de enterramiento de época romana y, claro está, diversas actividades en el cementerio local. Además, las Cisternas contarán con una llamativa visita teatralizada en la que recibiremos la visita de los espíritus de los difuntos más relevantes de la localidad.


PARA SABER MÁS

Ayuntamiento de Monturque: http://www.monturque.es/

Información y reservas: monturqueturismo@gmail.com
Teléfonos: 957 535 614 / 667 507 920

Alfonso Cuesta

1 comment

  1. José Carmona Guerrero 15 abril, 2018 at 13:30 Responder

    Parece mentira que estemos tantos cordobeses desinformados de la historia de este pueblo y no visitarlo como debiéramos. Yo lo hice con su antiguo médico , Bernabé Galán Sánchez y un hijo suyo arquitecto, quedando gratamente impresionado por su historia y monumentos Recomiendo una visita sin prisas.

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