El disturbio de Pompeya del año 54

Tanto el tema de las luchas de gladiadores como el del ocio romano en general son tan amplios como interesantes, pero aquí solo los trataremos a modo de introducción. En esta Cápsula nos centraremos en un episodio en particular acontecido en Pompeya y relacionado con un espectáculo de gladiadores: una pelea entre las aficiones rivales de tal magnitud que apareció en las crónicas históricas.

Ilustración de Pablo Arellano López realizada para Historia 2.0 © PABLO ARELLANO LÓPEZ. Todos los derechos reservados /All rights reserved. PROHIBIDA su utilización.

Los espectáculos romanos

Panem et circenses, “pan y circo”, es una locución latina acuñada por el poeta Juvenal que refleja bien el concepto del ocio popular en Roma. Si en Grecia el ocio era un fin en sí mismo al que solo podían acceder las élites y estaba relacionado con la búsqueda del saber y la educación, en Roma el concepto se popularizó y surgió una gran variedad de ocupaciones para el tiempo libre. Aunque algunas fueron más comunes a las élites, como los banquetes y las termas, otras tuvieron gran acogida entre el vulgo y sirvieron de elemento para controlarlo y manipularlo por parte de los dirigentes. Además del circo, como expresa Juvenal, uno de los pasatiempos favoritos de los romanos era la lucha de gladiadores.

Las luchas de gladiadores

Las raíces de este espectáculo se remontan, como mínimo, al siglo IV a. C. en la cultura etrusca. En ese momento no se trataba de algo lúdico, sino religioso. La muerte, toda muerte, era interpretada como un asesinato, por lo que las clases pudientes realizaban una lucha entre dos combatientes para como sacrificio a los dioses Manes cuando alguien moría. Esta asociación entre muerte y lucha se perdió ya al final de la República y pasó a convertirse en un espectáculo. El primer combate conocido lo organizó un tal Julius Brutus en el año 264 a. C., que enfrentó a tres parejas en el Foro Boario.

Las luchas de gladiadores, a pesar de la poca consideración que se les tenía a los combatientes —a los que se consideraba infames—, llegaron a ser muy populares, y el fervor con que el pueblo las seguía ha quedado reflejado en distintas pinturas y grabados. En el caso de Pompeya, existen ejemplos de diferente tipo que dejan constancia de la gran repercusión de estos espectáculos.

Pintura publicitaria de un espectáculo de gladiadores en Pompeya (Regio IX, insula 8).

Una de las inscripciones de la tumba 14 de la necrópolis de la Puerta de Nocera.

Por un lado, los carteles publicitarios, en los que se indicaban datos como la fecha en que se celebraría, número de combatientes o el organizador. Por otro, los graffitis incisos de los propios habitantes, que aportan datos concretos de la equipación, el resultado del combate con las letras V (vixit), P (perit) y M (missus) si el luchador había vencido, muerto o sido indultado, respectivamente, o incluso indicando si habría velarium, el gran toldo para proteger al público del sol. En una serie concreta localizada en la tumba 14 de la necrópolis de la puerta de Nocera se nombra específicamente a un murmillo novato llamado Marcus Atilius que tuvo éxito. Otros nombres propios de los que tenemos constancia gracias a las inscripciones son los de Celadus el tracio y Crescens que, según rezan, eran muy popular entre las mujeres. Claro, que se han encontrado en el cuartel de los gladiadores y bien podían haberlo escrito ellos mismos para presumir, o sus compañeros para burlarse.

En cuanto a la afición, al contrario de lo que pueda parecer, los incidentes graves eran casos aislados. Los juegos estaban muy controlados, probablemente por el propio ejército, por lo que solo se conocen dos altercados destacables. Pero uno de ellos, el que trataremos aquí, se desbocó de tal manera que el emperador y el senado tuvieron que intervenir y tuvo repercusión en las crónicas romanas: el disturbio del año 59 entre pompeyanos y nocerinos.

La reyerta masiva

“Por este mismo tiempo y a partir de un leve incidente, se originó una tremenda matanza entre los colonos de Nocera y los de Pompeya durante un espectáculo de gladiadores que promovía Livineyo Régulo […]. Efectivamente, con el desenfreno característico de las ciudades pequeñas, se acometieron los unos a los otros con insultos, luego echaron mano a las piedras y finalmente a las armas, saliendo mejor parada la plebe de Pompeya, ciudad donde tenía lugar el espectáculo”.

Tácito. Anales 14,17.

Eso nos contaba Tácito. En un espectáculo, los ciudadanos empezaron a insultarse; luego, a atacarse con piedras y, después, con armas. Ese dato es muy revelador y lleva a pensar que la pelea había sido premeditada, puesto que no se podía entrar al anfiteatro armado. En cualquier caso, el incidente traspasó los muros del recinto y se extendió por las calles aledañas, con lo que los alrededores se convirtieron también en una batalla campal. Hubo una gran cantidad de muertos, la mayoría nocerinos. Tácito también relata que muchos fueron trasladados a su pueblo “muertos o mutilados”.

Su rivalidad ya venía de lejos, y por cuestiones políticas. Ambas se encontraban en la región de la Campania, y Pompeya había pertenecido a los dominios de Nocera, pero en la Guerra Social —entre 90 y 88 a. C.— se unieron a diferentes bandos. Mientras Nocera permaneció leal a Roma, Pompeya se unió a los sublevados itálicos. La perdedora en este caso fue Pompeya, que terminó definitivamente bajo dominio romano.

La consecuencia directa de esta pelea multitudinaria fue la orden del Senado de cerrar el anfiteatro de Pompeya y prohibir las luchas de gladiadores durante diez años. Además, los organizadores del evento fueron enviados al exilio. La ciudad debería permanecer sin este espectáculo hasta el año 69. Sin embargo, la prohibición se levantó en el 65 teniendo en cuenta dos consideraciones. Por una parte, que Pompeya había pasado a tener categoría de colonia desde el año 63. Por otra, que era la patria de Poppea, esposa del Emperador Nerón. Durante el tiempo que duró la sanción, en el anfiteatro se sustituyeron los gladiadores por atletas.

El fresco de la Casa de Aniceto

No solo nos ha llegado el incidente a través de las fuentes escritas; disponemos también de una conocida fuente pictórica: el fresco de la Casa de Aniceto en Pompeya. Se trata de una casa humilde, en la que encontramos la inscripción “Anicetus, señor de la escena”. Eso lleva a pensar que podía tratarse de un gladiador liberado. La pintura representa el disturbio con gran fidelidad, al menos en lo referente a lo que la arqueología ha podido corroborar. Incluso el estudio de las raíces de los árboles ha demostrado que estaban distribuidos de la misma forma que en el fresco —y que eran plátanos—.

En la actualidad, la pintura se conserva en el Museo Arqueológico de Nápoles.

Fresco de la reyerta de Pompeya recuperado en la casa de Aniceto. Museo Arqueológico de Nápoles.

Bibliografía

  • Tácito: Anales. Madrid, Alianza, 2008, p. 495.
  • Etienne, Robert: La vida cotidiana en Pompeya. Madrid, Ed. Temas de Hoy, 1996.
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  • Vivó i Codina, David: «Infames y famosos. La seducción del mundo del espectáculo en Roma», Desperta Ferro Arqueología e Historia 2 (2015), pp. 34-40.

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Elías Viana, Marta: El disturbio de Pompeya del año 54 en: Cápsulas históricas. (27 de junio de 2017) Historia 2.0. [Blog] Recuperado en: https://historiadospuntocero.com/disturbio-pompeya-54/ [Consulta: fecha en que hayas accedido a esta entrada]

Marta Elías Viana

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