Hortensia, la primera reivindicación de los derechos de la mujer. POR JULIO E. VILLARINO ESPINO

Hortensia, la primera reivindicación de los derechos de la mujer.

Cuando nos referimos a las primeras figuras del movimiento feminista, las referencias se dirigen inevitablemente hacia las dos grandes figuras protagonistas de las reclamaciones de los derechos de la mujer en la Revolución francesa. Nos referimos a Poullain de la Barre y a Olympe de Gouges que en aquel tiempo de apertura alzaron su voz por el de las ciudadanas francesas.

Feministas durante la revolución francesa, editorial La Felguera.

Algún historiador hablará, quizá, de Hiparquia de Tebas, la indómita esposa de Crates, quien reivindicó, en un debate dialéctico con el filósofo Teodoro el ateo, su derecho a romper con la tradición helenística y poder vestir como un varón, así como a no realizar propiamente las tareas domésticas como propias de su sexo.

Pero pocos reconocerán en Hortensia una figura del género, que  años antes de la Revolución Francesa había levantado el Foro Romano en contra de su tradición machista –el llamado Mos Maiorum- y reclamado los derechos completos de la ciudadanía para el total de las féminas romanas.

Hortensia era la hija del famoso abogado y cónsul romano, Quinto Hortensio, que se destacó como uno de los mejores oradores de la República. Criada en un ambiente culto y refinado tenía todas las capacidades dialécticas de su progenitor, y era una mujer muy bien situada en la alta sociedad romana.

Viuda de Quinto Servilio Cepión, uno de los hombres más ricos de Roma, y hermanastro de Catón de Útica, el enemigo irredento de Cayo Julio César, Hortensia debió vivir con gran incertidumbre la situación política derivada de la dictadura y posterior asesinato de César, en el 44 AC, y de los convulsos acontecimientos desde la desaparición del gran hombre, especialmente siendo la madrastra de Marco Junio Bruto, uno de sus asesinos confesos.

Dos años después del famoso apuñalamiento, se había constituido en Roma el germen de una Guerra Civil, y Marco Antonio, Octavio y Lépido habrían unido sus fuerzas en el llamado segundo triunvirato para hacer frente a la creciente presencia militar en Oriente de los verdugos de César, los autoproclamados “libertadores de la República” capitaneados por los dos Junios Brutos (Décimo y Marco) y Cayo Casio Longino.

Los triunviros tenían una acuciante necesidad de obtener liquidez para afrontar la inminente guerra y por ello acudieron a las proscripciones, que desde la dictadura de Sila traían infausto recuerdo, y que César siempre había rechazado. Pero la incautación de los bienes de los traidores y de los hombres más ricos de Roma no habían llenado suficientemente las arcas para la guerra y por ello Marco Antonio ideó nuevas formas de recaudación fiscal.

Matronas romanas con su indumentaria clásica según recreación. Fuente Eva Alberola

Por medio de su tribuno de la plebe, Lucio Clodio se aprobaba la Ley Clodia por la que aquellas mujeres Sui Iuris, esto es, con patrimonio propio y libertad para disponer de él, deberían pagar por adelantado un año de sus rentas. Comenta el historiador Apiano que esta medida afectaría a unas 1.400 mujeres, en su mayoría ricas viudas, divorciadas acaudaladas e importantes esposas con patrimonio heredado, pero lo cierto es que su ambigua redacción podría afectar a cualquier tipo de mujer, desde las meretrices y ganaderas, que vendían sus productos en el mercado, hasta a las esposas de los hombres más prominentes de Roma.

Precisamente una de las cuestiones que más encendió los ánimos de las mujeres romanas fue que Fulvia, la esposa de Marco Antonio, y considerada la mujer más rica de la ciudad, quedaba exonerada de esa norma. Así pues Hortensia aceptó el liderazgo que depositaron en ella el resto de las damas romanas, e imponiéndose a la tradicional pudictia de las mujeres romanas tradicionales se presentó en el Foro Romano como oradora.

Algunos autores como Colleen Mc Cullough recrean una escena imponente, con un grupo de féminas ataviadas con cascos y escudos, recreando la estética de la diosa griega Palas Atenea, se personaron en el Foro para arropar a su formidable paladín de la oratoria, Hortensia. Lo que es indiscutible, fuera cual fuera su estética, es que allí se congregó buena parte de la alta sociedad femenina romana, desde Calpurnia, la viuda de Julio César, y Terencia, la viuda de Cicerón, a Fabia (la antigua y muy influyente ex vestal máxima)  o Pomponia, la viuda del notable editor Ático. Pero a éstas las acompañaban meretrices, comerciantes, artesanas y mujeres profesionales, recelosas de que la nueva Lex Clodia las dejase sin ingresos.

Con este marco inusitado, la voz se corrió por las siete colinas romanas, y el Foro se llenó como en los mejores tiempos en los discursos de César. Es la primera y única vez que se recoge por escrito que en el Foro la presencia de mujeres superara ampliamente a la de varones, aunque no fuera una situación inaudita la de que las mujeres vagaran por el Foro y atendieran a los discursos pronunciados desde la palestra.

Comenzó entonces Hortensia un discurso memorable, comenzando por una rotunda afirmación: “Soy una ciudadana romana” y que Apaniano en su obra De Bellus Civilus  nos transcribe literalmente en algunos de sus pasajes.

Hortensia y las matronas, frente a los triunviros. Grabado medieval.

En ese discurso Hortensia pone por primera vez de relieve la situación femenina en la sociedad romana, y exige que al equiparar a las mujeres con los hombres en materia tributaria, lo sean también en derechos y deberes cívicos. Era una exigencia, por consiguiente, para que las mujeres pudieran acceder al Senado, pudieran votar en las elecciones populares, o bien pudieran presentarse a los cargos del estado. Un órdago en toda regla de la oradora, que especificaba las injustas imposiciones a las mujeres que les impedían heredar grandes fortunas (como la Lex Voconia del 169 AC que limitaba su herencia o donación a cien mil ases) o las legislación tradicional que les dificultaba retener su dote, tras un divorcio.

Este discurso, sorprendentemente moderno y directo, fue aclamado por las mujeres y admirado por los sensibles patricios que por un momento vieron renacido al padre de la oradora, el inconmensurable Hortensio, en su dominio de la técnica y de la dicción. Los tres triunviros, que como toda Roma se hallaban allí presentes, tuvieron que plegar velas y adaptarse a la popularidad de las razones de Hortensia, que había seducido a la plebe romana, incluyendo a las propias damas de su entorno, como Julia, la madre de Marco Antonio, o Atia y Octavia, madre y hermana, respectivamente, de Octavio, que debieron presionar a los triunviros en pos de una resolución favorable al reciente discurso.

No obstante, como se encargó de señalar Hortensia, existían listas de romanos según sus ingresos, que los clasificaban socialmente (senadores, caballeros, etc) pero no había ninguna clasificación femenina, dado que las mujeres eran casi invisibles a la legislación clásica, por lo que la nueva ley era inefectiva de forma práctica y de facto se podría convertir en una herramienta de extorsión interesada por parte del poder, que podría ser esgrimida por cualquiera con oscuras intenciones.

Al día siguiente, el mismo Lucio Clodio se presentaría ante la Asamblea para puntualizar y rebajar su propuesta legislativa, hasta afectar a menos de un tercio de las damas que se proponía gravar, aunque hasta esa rebaja quedó inefectiva; el triunvirato dejó la ley criar polvo y nunca fue gravada en piedra o bronce, los métodos tradicionales para sancionar definitivamente una nueva ley.

La Lex Clodia fue enterrada y Hortensia fue sibilinamente obviada en el nuevo régimen de César Octavio, posiblemente dado el peligro que podía ser considerada su capacidad dialéctica y el prestigio obtenido ante el pueblo de Roma, lo que provocó en buena parte el olvido al que fue sometido su figura hasta la actualidad. Fue el historiador alejandrino Apiano quien, más de dos siglos después, rescataría el discurso de Hortensia, convirtiéndose en la única fuente que nos relata la hazaña de esta fascinante mujer.

Hortensia, avanzada en más de dieciocho siglos a la Declaración de derechos de la mujer de Olympe de Gouges, fue la primera oradora conocida en reivindicar los derechos de clase de las mujeres, asumiendo su papel como individuo de derecho y por consiguiente reclamando su contrapartida en  sus legítimas facultades como ciudadanos plenos e iguales ante la ley.

Un discurso valiente y efectivo que se adelantó en el tiempo y que le costó a su autora el ostracismo en vida. De justicia es recordarla como la principal precursora del movimiento feminista y de la defensa de los derechos civiles de la mujer.

Bibliografía:

APIANO, Bellum Civile, IV, 33

BAUMAN, R. A. : Women and politics in ancient Rome. 1994

GARCÍA VIVAS, G.A: “Octavia como exemplum de la mujer en la propaganda política del Segundo Triunvirato (44-30 a.C.)”, Fortunatae, nº 15, 2004, 103-112;

DÍAZ, L: "El valiente discurso de Hortensia" (http://losfuegosdevesta.blogspot.com.es/2015/12/el-valiente-discurso-de-hortensia.html)

LÓPEZ LÓPEZ, A. : “Hortensia, primera oradora romana”, Florentina Ileberritana, 3, 1992, 317-332.

MC. CULOUGH, C. :El caballo de César.

ROSADO MARTÍN , Mª.C.: Las mujeres de la Nobilitas romana (44-30 a.C.), Trabajo Fin de Máster, Universidad de Salamanca, 2009.

 

Historia 2.0

1 comment

Cuéntanos que opinas

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de usuario. Si continúas navegando estás dando tu consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies ACEPTAR

Aviso de cookies