"Julio César en Galicia" por Julio E. Villarino Espino

En el año 61 AC Cayo Julio César se encontraba en una situación comprometida. Sus numerosos acreedores amenazaban con denunciarle, dado que sus deudas ascendían a veinte millones de sestercios, una cantidad astronómica. Ya en la cuarentena, acababa de repudiar a su esposa, Pompeya Sila, por la sombra de la infidelidad (César dijo aquello de que la mujer del César no sólo debía ser honesta sino parecerlo). Y por si fuera poco su carrera política se había visto empañada por las sospechas de su participación en la conjura de Catalina, un golpe de estado fallido contra la República.

Por todo ello, a pesar de su carrera política, que los romanos llamaban Cursus Honorum, transcurría con la máxima celeridad legal (todos sus cargos habían sido in suo anno según la tradición romana), lo cierto es que César no contaba con un peso político especialmente relevante a pesar de ser sobrino tanto de cayo Mario, el héroe de la plebe, como de Lucio Cornelio Sila, el reciente dictador romano. No parecía contar con fuerza para aspirar a los puestos de máxima responsabilidad en la República y tan solo su popularidad entre las clases bajas le habían permitido acceder por votación popular al Sumo Sacerdocio, un año antes.

César acababa de ser nombrado Prefecto (una especie de gobernador) de la Hispania Ulterior, lo que era una vía de escape perfecta para mejorar su situación económica y política, pero sus acreedores preparaban una demanda contra él y a su calor, los enemigos senatoriales de César (en especial la facción conservadora denominada los Boni, los Hombres Buenos, capitaneados por Bíbulo y Catón) trataban de desprestigiarlo públicamente e impedirle tomar posesión del cargo. Fue Marco Licinio Craso, socio y amigo de César, y considerado el hombre más rico de Roma, el que fue al quite de la situación, prestando a Julio César cinco millones para aplacar sus deudas más acuciantes y permitir a César viajar a Hispania.

imagen-1Dada esta situación, era evidente que César necesitaba algo más que una gobernación al uso (exprimiendo al máximo los impuestos de la provincia y accediendo a sobornos y prebendas) para solventar sus graves problemas financieros y de imagen. Pero probablemente la mente del César pensaba que una exitosa campaña militar, con un buen botín, permitiría sufragar sus deudas y mejorar su prestigio político en Roma de forma considerable.

A eso se aplicó César, acantonando una de las dos legiones a su cargo en Castra Caecilia (Cáceres), en la frontera de la provincia con los pueblos lusitanos, y reforzando sus fuerzas con auxiliares nativos, que tan efectivos se demostraron en las guerras precedentes contra Sertorio. Catón denunciaba en el Senado la actitud belicista de César, pero éste encontró la excusa perfecta para intervenir en la Lusitania cuando algunos pueblos aliados de Roma le pidieron formalmente ayuda contra las tribus del norte que habían asaltado las fértiles llanuras del Tajo. César encontró la cobertura legal que precisaba para iniciar una campaña, gracias a estos pueblos que denominó los Herminios, porque provendrían del Monte Herminio, en la Sierra da Estrela (cerca de Viseu, Portugal).

César se puso en marcha y con una legión reforzada, unos 8.000 hombres, sin excesivos problemas cerró el paso de los Herminios de regreso a sus puestos fortificados en la montaña, obligándolos a combatir en la llanura al sur del Duero, y venciéndolos sin paliativos, merced a su superioridad técnica. César fue clemente, y ordenó a los Herminios instalarse en aquellas tierras, desarmados y de forma pacífica, siempre bajo el control de Roma, que se anexaría de facto la región. Pero un grupo de rebeldes huyó hacia el norte, cruzando los ríos Duero y Miño, y tratando de poner tierra de por medio respecto a los contingentes romanos, pensando en que en invierno los romanos solían desistir de sus campañas bélicas, retirándose con el botín.

Ilustración de apuntesdehistoria.net

Ilustración de apuntesdehistoria.net

César vería entonces la oportunidad de incrementar sus escasas, y de penetrar en la lejana Gallaecia, aquella tierra con abundancia de oro donde el padre de su amigo Craso había hecho fortuna, hecho éste que César podría conocer de primera mano, dado que era íntimo amigo de aquel. Por ello emprendió una persecución de estos herminios, tomando tributos y regalos de manos de los atribulados reyezuelos locales, temerosos del poderío invasor a su paso por los territorios no conquistados, al norte de la región lusitana.

Esta persecución se frenaría al norte del río Miño, en el castro de Erizana (Baiona, Pontevedra), donde los Herminios decidieron refugiarse e invernar en las Islas Cíes, al amparo de su impresionante protección natural. César intentó tomar de forma improvisada las islas, mediante balsas y barcos de pesca requisados a las tribus locales, pero el intento fue un auténtico fracaso y tuvo algunas bajas de consideración. Tuvo mucho que ver el que los romanos no controlaban las mareas ni el fuerte oleaje del Océano Atlántico, que distaba mucho de la plácida marejada del Mare Nostrum, el Mediterráneo. César tomaría buena cuenta de ello en el futuro, con su planificada arribada a las islas británicas y en algunas expediciones en la Galia atlántica.

Panorámica de las Islas Cíes. Fuente web Concello de Vigo –Turismo

Panorámica de las Islas Cíes. Fuente web Concello de Vigo –Turismo

Consciente no obstante de la dificultad de asumir un desembarco en pleno invierno, acantonó a algunas cohortes en las proximidades de las islas, para evitar la fuga de los Herminios, mientras César retornaba a la provincia, cuidando de poner a buen recaudo las sumas incautadas en la campaña. Pasada la climatología adversa, y gracias a los banqueros de la familia Balbo, viejos aliados de su primo Sartorio, César desplazó a las islas Cíes desde Cádiz una pequeña flotilla, que un 24 de agosto asaltó con relativa facilidad las escarpadas islas, y masacró sin piedad a los rebeldes.

Por este final de la campaña el memorando de César, validado por su cuestor (por lo que cabe cierta credibilidad), cuantificaba la campaña en más de 5.000 soldados enemigos abatidos, por lo que fue aclamado Imperator por sus tropas (por primera vez en su vida) y se le concedería un desfile triunfal a su regreso a la capital. Era el año 60 AC. Siendo el Senado bastante reticente a la figura de César, parece bastante creíble esta cuantificación, a las que sus enemigos boni no pudieron oponerse.

Escultura de Cayo Julio César, por Nicolás Coustou

Escultura de Cayo Julio César, por Nicolás Coustou

Pero aprovechando el verano, César siguió costeando Galicia, bordeando el Finis Terrae hasta llegar a Brigantium donde estableció pactos –y posiblemente impuso tributos- a los líderes locales, aumentando su ya considerable bolsa. Es posible que uno de los Aras (altares) que vieran estos pactos se levantara en el lugar que actualmente ocupa la Torre de Hércules, en A Coruña. Se especula con que César otorgara a cuenta a los Balbo un jugoso contrato de monopolio para la explotación de esta nueva ruta comercial, que engrosaría aún más sus arcas de la gobernación. Es bien factible ya que Lucio Cornelio Balbo pasó a ser uno de los más fieles aliados de César en toda su carrera política a partir de entonces.

Fruto de esta campaña, César retorna a Roma como General victorioso y se presentaría al puesto de Cónsul, el máximo cargo político de Roma, aplacando a sus acreedores con sus enormes ganancias en Hispania y acallando a sus detractores en el Senado con su brillante trayectoria militar. La bolsa de César no sólo habría sufragado los veinte millones de sestercios de su endeudamiento (y devuelto a Craso su valiosa contribución), sino que habría financiado su posterior ascenso al consulado, y posiblemente sus primeras medidas de carácter político. El prestigio político de César llegaría a su cenit en la República romana, y su posición le permitiría establecer el pacto del primer triunvirato con Craso y Pompeyo, que fue la piedra angular para su dominio de Roma.

Financiera y políticamente, la prefectura de César en la Hispania Ulterior fue indiscutiblemente vital para conseguir este cambio radical en el posicionamiento de Julio César en Roma, y poder iniciar el ascenso a las más altas cuotas del poder en la decadente República, a pesar de la fuerte oposición que despertaba en el senado. Por tanto, la campaña de los Herminios, con su remate en Galicia sería el punto de inflexión para que la carrera de Julio César despegara y alcanzara los brillantes designios de una de las figuras fundamentales de la historia universal.

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BILBIOGRAFÍA:

  • Acuña castroviejo, Fernando. Vigo en su historia. 1980
  • Alonso Troncoso, Víctor. Primeras etapas en la conquista romana de Gallaecia. Artículo publicado en revista Militaria, Nº 8. 1996.
  • Álvarez Blázquez, José María. La ciudad y los días. Ed. Monterrey, 1960.
  • Blázquez, José maría y Tovar, Antonio.  Historia de la España romana. Alianza Editorial, 1975.
  • De la Huerta y Vega, Francisco Javier Manuel. Anales del Reyno de Galicia, Tomo 1º. 1759.
  • De Santiago y Gómez, José. Historia de Vigo y su comarca. 1989.
  • Dión, Casio. Historia romana.
  • Eslava galán, Juan. Grandes batallas de la historia de España. Ed. Planeta, 1994
  • Eslava galán, Juan.  Julio César, el hombre que pudo reinar. Ed. Planeta, 1995.
  • Ferreras, Juan. Sinopsis histórica cronológica de España. 1700.
  • Florez, Enrique. España sagrada, Tomo XIII. 1782.
  • García y Bellido, Antonio. España y los españoles hace dos mil años, según la geografía de Strabón. Espasa Calpe, 1968.
  • Mc Cullough, Colleen. Las mujeres de César. Ed. Planeta, 2007.
  • Muñón de Lara, Manuel, Tarradell, Miquel y Mangas, Julio, Historia de España I. Ed. Labor, 1980.
  • Ramos, Herminio. Crónicas históricas da vila de Baiona. 1925
  • Suetonio. Vida de César.
  • Torres Goberna, Javier. Los Herminios. Artículo en Celtiberia.net, 2007.
  • Verea y Aguiar, José. Historia de Galicia, 1º parte. 1832.
Historia 2.0

4 comments

  1. SPQR 25 noviembre, 2016 at 20:32 Responder

    Me alegra ver una amplia bibliografía tras el artículo. ¿Podrían indicar, por favor, qué fuente indica que Julio César fue sobrino de Lucio Cornelio Sila? Gracias

    • Irene Godino Cueto
      Irene Godino Cueto 27 noviembre, 2016 at 15:53 Responder

      Buenas tardes, SPQR

      Hemos hablado con el autor de este artículo -colaborador externo- y nos ha dado la siguiente respuesta que te copiamos a continuación:

      «El abuelo de Cayo Julio César, el famoso general, fue su tocayo Cayo Julio César, que tuvo cuatro hijos: dos varones, Sexto y Cayo -el padre del Julio César más famoso-, y dos mujeres, Julia (a la que llamaban Julia Maior) y Julilla (Julia Minor).

      Para financiar la carrera de sus hijos varones, Cayo Julio César -el cabeza de familia del clan- casó a Julia Maior con Cayo Mario, en aquel momento un ex pretor procedente de la región rural de Arpinum, que ambicionaba el consulado. La alianza con los Julios lo dotaría de componente nobiliario, mientras que la sustanciosa dote de boda -que podría alcanzar la astronómica suma de cuatro millones de sextercios- afianzaba pecuniariamente a la familia Julia. La alianza tuvo una finalidad estratégica, y la bolsa fue vital para el cursus honorum de los julios varones.

      Este matrimonio perduró hasta la muerte de Mario, quedando en el recuerdo Julia -la tía del famoso Julio César- como la viuda sempiterna de Mario.

      Por otro lado Julia Minor fue casada con Lucio Cornelio Sila, un joven de familia nobilísima, pero arruinada, que basó su ascenso social en herencias de varios matrimonios con acaudaladas viudas, y en su campaña militar en África, donde tomó exitosamente prisionero a Yugurta, enemigo de Roma.

      Sila desposó, pues, a Julia Minor como prometedor patricio en el ámbito político aunque la dote fue mucho menor que la de Mario. Para los Julios suponia afianzar su presencia política en el partido de los nobles, y equilibrar la influencia de Mario, líder de los populares. Para Sila suponía “limpiar” su nombre, asociándolo a los impolutos julios, de las correrías y aventuras de su juventud empobrecida en los suburbios, entre lupanares, actores y orgías poco reconendables para la moral romana tradicionalista.

      Pero Julilla falleció a los pocos años del matrimonio, por causas no aclaradas (se llega a hablar de asesinato o suicidio) y su memoria se perdió en la larga lista de esponsales del dictador Sila.

      Por consiguiente, el famoso Cayo Julio César era sobrino por ambas partes políticas de Mario y Sila, aunque este último contrajera otros enlaces matrimoniales.

      Una de las obras que más profundiza en la estrategia matrimonial de los Julios es el libro “El primer hombre de Roma” de la autora Colleen Mc Cullough, por si se quiere ampliar información.»

      ¡Un saludo!

  2. Alfonso Cuesta
    Alfonso Cuesta 27 noviembre, 2016 at 16:53 Responder

    Según tengo yo entendido la Julia mujer de Sila era hija de Lucio Julio César (¡el segundo!) y Popilia, y por tanto hermana de Estrabón Vopisco y Lucio Julio César (el que fue cónsul en el 90 a.C.)

  3. Julio E. Villarino Espino 30 diciembre, 2016 at 11:08 Responder

    Buenos días:

    Según Plutarco, Sila se casó un total de cinco veces, una de ellas con una joven de la gens Julia, sin identificar quién sería. Las fuentes de Plutarco recogen las propias memorias de Sila, perdidas tristemente, que no parecen aclarar el asunto.

    Ahora bien, la tremenda oscuridad con la que Plutarco (y entendemos que por tanto el propio Sila) tratan a esta Julia nos hace pensar en una relación de ésta con sus enemigos políticos, por lo que algunos autores (como la ya mencionada Colleen Mc Cullough o el historiador Carlos J. Pacheco) la vinculan directamente con Mario. Sería pues, esta doble alianza de los entonces amigos Mario y Sila un vínculo político que con su ruptura se trataría de llevar a las sombras. La existencia de una Julia Minor como tía de César está contrastada, con lo que coincidiría en tiempo y espacio con la esposa de Sila, aunque no haya modo de vincularlas directamente.

    En cualquier caso, nadie puede establecer sino por este tipo de teorías la identidad de la noble Julia casada con Sila, pero tampoco se puede negar el matrimonio, por lo que, fuera con una tía carnal o con una prima próxima, la vinculación familiar entre César y Sila es innegable.

    Muchas gracias por tu interés en el debate, Alfonso Cuesta

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