La familia Brontë es uno de esos casos donde el talento es genético y ha recaído sobre todo el clan, aunque sus miembros más destacados han sido tres hermanas: Charlotte, Emily y Anne. Las tres manifestaron pronto su gran imaginación y su aptitud literaria, aunque la vida no se lo pondría fácil a ninguna. Tuvieron que lidiar con muertes cercanas en la familia desde muy jóvenes y con su desarrollo artístico en un mundo dominado por los hombres.

Dibujo hecho por su hermano Branwell Brontë

Su padre, Patrick Brönte, fue también un niño prodigio y destacó desde joven por su inteligencia. Fue un escritor muy prolífico, además de sacerdote anglicano. Estudió en su Irlanda natal y se trasladó a continuar su formación en Inglaterra, donde se casó con Maria Branwell. Tuvieron cinco hijas y un hijo, pero Maria murió al año siguiente de dar a luz a Anne. Las dos hijas mayores, Maria y Elizabeth, se contagiaron de un brote de tuberculosis en la escuela de Cowan Bridge, un colegio para hijos de sacerdotes al que asistieron todos los hijos de la familia. En este lugar vivieron también duras experiencias que Charlotte retrató luego en Jane Eyre, hasta que finalmente su padre las sacó de allí y quedaron al cuidado de su tía materna.

Los cuatro hermanos que quedaban vivos comenzaron a desarrollar un universo imaginario, Glass Town, del que salieron sus primeros textos, las crónicas del reino de Angria por parte de Charlotte y Branwell y las de Gondal, de Emily y Anne. De estas últimas no se conserva nada.

Charlotte y Emily se trasladaron a Bruselas para mejorar su francés —donde Charlotte se enamoró del propietario de la escuela, que estaba casado—, pero tuvieron que regresar al morir su tía para hacerse cargo de la casa. Emily la administró, mientras que Anne empezó a trabajar como institutriz —Emily también trabajó de ello un tiempo antes de ir a Bruselas—. El hermano varón, por su parte, tuvo problemas en el ámbito laboral al acusarlo de rondar a la mujer de su jefe, y desde ese momento se dio al opio y la bebida hasta su muerte. Emily fue quién se hizo cargo de él.

La primera publicación de las hermanas fue conjunta: un libro de poemas del que solo vendieron dos ejemplares, publicados con los pseudónimos de Currer, Ellis y Acton Bell. En ellos destacan los de Emily, seguidos por los de Anne. Al año siguiente, en 1847, las tres escribieron de forma independiente sus novelas más célebres: Charlotte, Jane Eyre; Emily, Cumbres Borrascosas y Anne, Agnes Grey.

Boceto de Anne hecho por Charlotte

Para Emily, su carrera terminó aquí. Murió en diciembre de 1848 de tuberculosis complicada con un resfriado que había cogido en el funeral de su hermano Branwell. Tenía entonces 30 años. Cumbres borrascosas, su única novela, no tuvo una buena acogida en su momento porque la estructura del libro rompía con las formas clásicas de novela, pero con la perspectiva del tiempo se la ha considerado adelantada a su época y una obra maestra.

En cuanto a Anne, su primera experiencia como institutriz fue un fracaso y abandonó el trabajo al no poder disciplinar a los niños como consideraba oportuno. En el segundo trabajo sí consiguió educar y ser querida por sus discípulos. Agnes Gray, su primera novela, tuvo buena aceptación, mientras que la segunda, La inquilina de Wildfell Hall, fue criticada hasta por su hermana Charlotte por tocar los espinosos temas del alcoholismo y la violencia de género. Anne murió pocos meses después de Emily y por la misma causa: la complicación de una tuberculosis. Sus últimas palabras fueron para su hermana Charlotte pidiéndole que tuviera valor.

Charlotte Brontë, de George Richmond (1850)

Charlotte, la última hija superviviente, fue la única que vivió un éxito literario inmediato. Jane Eyre tuvo una gran acogida tanto por parte del público como de la crítica. Mientras escribía la segunda novela, Shirley, sus tres hermanos murieron y Charlotte sufrió una gran depresión. Cuatro años después publicó la tercera y última novela, Villette, antes de casarse con Arthur Bell Nicholls. Estaba embarazada cuando murió en 1855, al igual que su hermano y sus cuatro hermanas, de tuberculosis.

Sus vivencias fueron fundamentales para sus novelas. Charlotte basó Jean Eyre en el colegio en el que estuvo con Emily y donde enfermaron sus hermanas mayores. Anne se basó en su experiencia como institutriz para Agnes Gray y en el alcoholismo de su hermano para la controvertida La inquilina de Wildfell Hall. Pero, sobre todo, desde el punto de vista actual se puede considerar algunas de ellas como pioneras en las novelas feministas, en las que sus protagonistas no actuaban según los estándares de la sociedad victoriana del momento. Lo que es innegable es que en sus breves vidas, las tres nos dejaron un maravilloso legado literario.

Marta Elías Viana

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