Los Grandes Mogoles II: Humayun

En el artículo anterior conocimos a Babur, el primero de los Grandes Mogoles, que conquistó y perdió tres veces Samarcanda antes de dirigirse a la India y establecer el inicio de un imperio allí tras derrotar al sultán de Delhi y al líder de los rajputs. En este conoceremos a su hijo y heredero, Humayun. Su reinado guardó cierta similitud con el de su padre: perdió el reino que había heredado, pasó su vida dando tumbos de un lugar a otro y recuperó el trono en sus últimos años. Pero los motivos fueron bien distintos.

Infancia y juventud

Sabemos poco sobre los primeros años de Humayun. A diferencia de su padre, no escribió una autobiografía, y el propio Babur tampoco habló demasiado de él en la suya. Sabemos que nació el 10 de marzo de 1508 en la ciudadela de Kabul y recibió una educación adecuada a su posición como príncipe timúrida, especialmente siendo hijo de alguien que valoraba tanto la cultura como era Babur.

Con 12 años lo colocó como administrador de la provincia de Badakhshan para que adquiriera experiencia y no tuvo serios problemas en ese cargo. En el adiestramiento militar, ya hablamos en el artículo anterior de cómo acompañó a su padre en la quinta invasión de la India y participó con valentía en la batalla de Panipat y la toma de Agra.

Cuando murió su padre, su ascenso al trono no estaba del todo garantizado. Entre los musulmanes no existía una ley de primogenitura y, a pesar de ser tanto el hijo mayor como el favorito de Babur, todos los hermanos creían tener derechos sucesorios. En este caso Babur le legó el imperio directamente, pero sus hermanos no se conformaron.

Pero no solo la actuación de los hermanos hizo que se tambaleara el poder del nuevo emperador mogol. Para entender la deriva del gobierno de Humayun, primero hay que hablar de su carácter. Babur tenía buena reputación gracias al trato que daba a sus seguidores y a haber derrotado a dos hombres poderosos. Tenía carisma, era buen estratega y contaba con la lealtad de sus hombres. Su hijo no tenía nada de eso. Despertaba simpatía, pero no tenía el carisma suficiente. Todos los testimonios escritos dan fe de su valentía luchando y de su gran humanidad, pero era impulsivo, incapaz de pensar con la cabeza fría y un estratega pésimo que descuidaba la guerra para celebrar que había ganado una batalla. Y lo de celebrar le encantaba, ya que era una buena excusa para darse al opio. Era también extremadamente supersticioso, incluso para su época, e infantil y excesivamente sentimental. En este punto debemos recordar las últimas palabras de su padre en el lecho de muerte: “No hagas nada contra tus hermanos, aunque ellos puedan merecerlo”. Esta petición de su padre, las normas no escritas de su cultura —que implicaban un respeto a los lazos familiares por encima de la política— y su sentimentalismo nato hacia sus hermanos a pesar de las peores traiciones, fueron condicionantes habituales, que sumados a los vicios, la mala estrategia y su peculiar administración, hicieron que no fuera capaz de conservar el imperio.

Administración

Nos detenemos en este aspecto, más que por su importancia, por lo curioso del asunto. Como hemos dicho, Humayun era supersticioso en extremo. Disparaba flechas al aire con su nombre y el de su enemigo para interpretar la situación según su caída, y nunca entraba —ni dejaba entrar a ningún subordinado en su presencia— en ningún lugar con el pie izquierdo. Pero llevaba esta obsesión, hasta aquí aparentemente inofensiva, mucho más allá.

Como Babur murió poco después de establecerse en el Indostán, no tuvo tiempo de organizarlo y consolidar su dinastía. Su hijo se encargó de darle forma a la administración, pero a su manera: basada en la astrología. Sobra decir que era de todo menos eficaz.

Se dividía en cuatro departamentos según los elementos:

  • Fuego: se ocupaba de todo lo referente a las cuestiones militares.
  • Agua: canales y bodega.
  • Tierra: agricultura y arquitectura.
  • Aire: Como no había nada que encajara tan bien como en los casos anteriores, este departamento era para “cabos sueltos”. Cocina, establos, etc.

Pero no acababa ahí. Cada día era para un asunto diferente según el planeta que dominara y, de la misma forma, el color de su ropa dependía de ello. Los lunes iba de verde y estaba alegre, y los domingos vestía de amarillo y atendía asuntos de Estado. ¿Pero qué pasaba si alguien tenía un asunto urgente y ese día no se podía tratar porque el planeta oportuno no era el dominante? Pues que había que esperar. Lógicamente, esto causó malestar. Se cuenta que unos pobres incautos fueron a quejarse de este sistema precisamente en martes, cuando Humayun iba de rojo y se sentaba en el trono de la ira y la venganza. El castigo por ello fue desproporcionado.

Pero no todo fue malo en esos primeros tiempos de gobierno. Puso la primera piedra de una nueva ciudad en Delhi que pretendía que fuera un refugio para todos los poetas y filósofos árabes que sufrían persecución en Turquía y Persia. Quería crear un epicentro cultural. Al igual que para su padre, para Humayun era sumamente importante la cultura. Como solían hacer los timúridas, viajaba con su biblioteca. Sin embargo, este proyecto quedó incompleto por falta de tiempo.

Dos nuevos enemigos

Humayun contra Bahadur Shah de Gujarat, en el año 1535.

Al principio de su reinado tuvo dos enemigos externos importantes. Por el sudoeste le amenazaba Bahadur, del sultanato de Gujarat. El motivo fue una disputa sobre la protección que el sultán le había dado a un familiar de Humayun y la respuesta insolente que recibió cuando éste reclamó. El conflicto subió de nivel y, en 1535, el mogol marchó sobre Bahadur y tomó las fortalezas de Mandu y Campaner. Esto obligó al sultán a retroceder y buscar ayuda portuguesa en la isla Diu. Hubiera sido un buen momento para eliminar la amenaza de Bahadur definitivamente pero, como ya hemos dicho, la estrategia no era lo suyo. Se dedicó a descansar en sus nuevos fuertes y a celebrar su victoria con fiestas con sus vicios favoritos: vino, opio y poesía.

Pero por el este se le sublevó un nuevo enemigo, mucho más poderoso que Bahadur. Sher Khan era un pastún de la tribu afgana Sur que había sido comandante a las órdenes de Babur. En 1537 invadió Bengala, y esto obligó a Humayun a dejar las fiestas y marchar hacia ese frente.

Bahadur aprovechó para recuperar sus fuertes perdidos con suma facilidad, pero ya no volvió a ser una amenaza para Humayun gracias a los portugueses. Ambos tenían recelos y planes de conquista mutuos. Bahadur volvió a Diu con la intención de secuestrar al virrey, pero en manos de éste había caído un documento interceptado en el que Bahadur buscaba alianza con otros gobernantes musulmanes contra los portugueses. El virrey lo invitó a su barco, donde lo asesinaron.

Volviendo a Sher Khan y su amenaza por el este. Humayun se embarcó junto a dos de sus hermanos, Askari y Hindal, y gran parte de su harén en una travesía por el Yamuna y el Ganges para llegar hasta Bengala. Pero de camino consideró importante capturar la fortaleza de Chunar, en manos del hijo de Sher Khan. Esto los retrasó seis meses e hizo que llegara tarde a Gaur, su destino en Bengala. Para entonces, los graneros estaban vacíos y solo quedaban cadáveres en las calles.

La traición de sus hermanos

En medio de esa situación, su hermano menor Hindal abandonó la retaguardia para volver a Agra, donde dio un golpe de Estado y ejerció como emperador. Humayún mandó a uno de sus más queridos consejeros, el anciano jeque Buhlul, para hablar con él y hacerlo entrar en razón, pero Hindal lo asesinó e hizo leer la khutba en su nombre. Recordemos que este hecho era de suma importancia, pues si el pueblo la escuchaba en paz implicaba la aceptación del nuevo gobernante. Tras eso, Hindal marchó sobre Delhi, donde lo interceptó Kamran —el segundo hermano—. Él sí consiguió que Hindal entrara en razón y abandonara esa sublevación, pero no para ayudar a Humayun, ya que cuando éste le pidió ayuda reiteradamente ante la situación crítica en la que se veía en la lucha contra Sher Khan, Kamran lo ignoró.

Hindal, en su breve mandato, le había dado un territorio a Sher Khan —que había pasado a llamarse Sher Shah al establecerse como fundador de la dinastía Suri— y Humayun tenía grandes dificultades para atravesarlo en su huida. Ambos ejércitos quedaron atascados frente a frente en el área rural de Chausa, donde pasaron los tres meses siguientes mejorando su defensa y llevando a cabo una intensa actividad diplomática. Las lluvias inundaban el campamento mogol y la escasez de alimentos comenzaba a hacer mella. Las narraciones de la negociación relatan que el embajador de Humayun, el mullah Mohamed Aziz, se encontró a Sher Shan en persona arremangado y con pala en mano, ayudando a reforzar una barricada, y que allí mismo se sentaron en el suelo a negociar.

Imagen idealizada de Sher Shah Suri, del artista afgano Abdul Ghafoor Breshna (c.1943)

El resultado fue un acuerdo de pantomima por el que Humayun le concedía las provincias de Bengala y Bihar a condición de que dejaran avanzar a su ejército y el de Sher Shah se retirara “con temor y humillación”. El afgano, que era mucho mejor estratega, le dijo que sí y rompió el trato en cuanto el ejército mogol abandonó su posición defensiva. La batalla de Chausa, en la noche del 25 de junio de 1539, fue una carnicería en la que los pocos mogoles supervivientes tuvieron que huir hacia el Ganges y, de estos, muchos murieron ahogados. Desapareció también una gran parte del harén que viajaba con él, y que incluía una hija muy pequeña de Humayun. Algunas de las mujeres fueron capturadas, pero devueltas sanas y salvas por esta norma no escrita entre príncipes musulmanes de respeto a las familias, a la que nos hemos referido al inicio del artículo.

El propio Humayun sobrevivió gracias a su porteador, que hinchó un odre con aire para que flotara y esto permitió cruzar el río al emperador. En realidad era un truco de los campesinos de la zona de Ahmedabad, que utilizaban tras la temporada de lluvias, pero Humayun quedó impresionado y prometió a su porteador el trono de Delhi.

Cuando regresó a Agra perdonó a Hindal por su traición y cumplió la promesa hecha al porteador, al menos por un rato. Las fuentes no se ponen de acuerdo en la duración del “mandato” de Nizam, que así se llamaba, pero osciló entre dos días y dos horas.

Se avecinaba otra batalla contra Sher Shah. Kamran disponía de 12.000 soldados leales solo a él y estaba dispuesto a luchar, pero no en nombre de su hermano. Tras discutir, Kamran se retiró a Lahore y dejó solo a Humayun, que  tenía un ejército numeroso pero desmotivado.

La batalla de Kanauj, el 17 de mayo de 1540, fue su segunda gran derrota. Una vez más se las apañó para situarse entre el ejército enemigo y con el río a su espalda, teniendo que huir a nado. Pero, en vez de un odre hinchado, esta vez consiguió escapar en elefante. Lo acompañaron en esta campaña sus otros dos hermanos, Askari y Hindal, que sobrevivieron pero igual de maltrechos que el propio emperador. Los campesinos los hostigaron durante su regreso por su humillante derrota.

Una vez en Agra reunieron a la familia y el tesoro y huyeron hacia Lahore mientras escuchaban día a día los avances de Sher Shah. Para cuando éste llegó a Sirhind, muy cerca de él, le mandó un emisario diciéndole que ya le había dado el Indostán y que se detuviera allí y dejara Lahore. El afgano le respondió que era él quien le dejaba Kabul y que más valía que se retirara hacia allí. Pero Kabul formaba parte de la provincia gobernada por Kamran, y ya hemos visto que no había buena relación entre los dos hermanos. Según un testimonio que nos ha llegado de su escanciador, que equivaldría en Europa a su ayuda de cámara, Humayun no sabía a dónde ir ni qué hacer a continuación.

Paralelamente, Kamran traicionaba otra vez a su hermano intentando negociar con Sher Shah su apoyo a cambio de Punjab, provincia limítrofe en la que se encontraba el afgano en ese momento. Pero éste no necesitaba el apoyo de nadie y rechazó la oferta. Los seguidores de Humayun insistían en la necesidad de matar a Kamran, que cada día era una amenaza mayor, pero el mogol se negaba citando las últimas palabras de su padre.

Esta fue la última vez que los cuatro hermanos estuvieron juntos; Kamran volvió a Kabul y Humayún se dirigió hacia Sind. Askari se unió a Kamran, puesto que eran hermanos de la misma madre, mientras que Hindal fue leal a Humayun hasta su muerte después de que éste lo perdonara por su traición.

Los años de huida

En Sind permaneció 18 meses, entre los años 1541 y 1542, buscando la ayuda del emir Husain. Pero éste no era tan tonto como para provocar a Sher Shah, que sabía que era mucho más poderoso, y evitó dar apoyo a Humayun.

A pesar de eso, algo bueno salió de su estancia allí, y fue su matrimonio con Hamida. Tardó un mes en convencerla, ya que la diferencia de edad —ella tenía 14 y él 33— y que, en ese momento, el mogol no era el mejor de los partidos, hacían que la joven tuviera sus reservas.

Salieron de Sind en dirección Malwar invitados por su rajá; el más poderoso del Rajastán. Éste quería proponerle una alianza, pero cuando Humayun estaba a mitad de camino cambió de opinión y se alió con Sher Shah. Ya casi estaba llegando cuando recibió una advertencia aconsejándole que huyera. Otra vez se vio obligado a una retirada penosa, esta vez a través del desierto y en plena estación calurosa. Situación que se vio agravada porque los hombres de Humayun habían matado algunas vacas en la provincia de Jaisalmer y el hijo del rajá de allí se vengó yendo por delante y llenando los pozos de agua de arena. Las fuentes relatan escenas de gran violencia cuando conseguían encontrar un poco de agua, y que sobrevivieron a base de bayas.

Hamida Banu Begum, esposa de Humayun y madre de Akbar.

Hamida los acompañaba y para entonces estaba embarazada de ocho meses. Entre las anécdotas que se cuentan de este viaje está la de que se quedó sin caballo y nadie quiso ofrecerle el suyo a pesar de su avanzado estado de gestación, así que lo hizo Humayun y él montó en camello, que era algo totalmente indigno para su posición —aunque fueron solo unos kilómetros antes de que uno de sus oficiales le ofreciera, por fin, su caballo—.

Llegaron a una aldea en el desierto, Umarkot, que sería después conocida por ser el lugar en el que Hamida dio a luz a Jalaluddin: el futuro Akbar. En esta aldea, además, les ofrecieron siete mil jinetes para ir contra Husain, el gobernador de Sind que no le prestaba ayuda. Los de Umarkot tenían una rencilla personal con él. Sin embargo, Husain estaba harto ya de que Humayun merodeara por Sind y lo pusiera en un compromiso, así que le ofreció dos mil cargas de grano y trescientos camellos para que se fuera. Este trato era más tentador que embarcarse en otra guerra contra un gobernante que ni le iba ni le venía, así que lo aceptó y cruzó el Indo en dirección a Kandahar.

En dicha fortaleza había estado Hindal, pero Kamran lo había expulsado y lo tenía en arresto domiciliario en Kabul mientras colocaba allí como gobernador a Askari. Cuando Humayun se acercó le informan de que su hermano lo esperaba con un gran ejército y, una vez más, huyó solo con unos cincuenta seguidores y su mujer Hamida. Se dirigió a Persia para pedir ayuda al Shah, pero era pleno invierno y en ese viaje tendrían que atravesar pasos montañosos nevados. Es por ello que dejaron a Akbar en el campamento, donde lo atrapó Askari. Quizá debido una vez más a esas normas familiares, no hizo daño al niño —que en ese momento tenía poco más de un año—. No solo eso, sino que su esposa lo cuidó con todo el cariño.

La ayuda persa

En Persia gobernaba el Shah Tahmasp, hijo de Ismail —con quien Babur había tenido sus más y sus menos—, que los acogió amigablemente y les proporcionó todas las comodidades. Humayun se dedicó durante los siguientes meses a hacer turismo y disfrutar de los lujos a los que ya no estaba acostumbrado. A pesar de haber llegado en enero, no fue hasta julio cuando Humayun y el Shah Tahmasp se encontraron cara a cara. Después de las oportunas fiestas e intercambio de regalos, llegaron las negociaciones y se encontraron con el mismo problema que habían tenido sus respectivos padres: el persa era un fanático chií que pretendía que Humayun adoptara su fe y la impusiera en sus futuros territorios. Humayun, al igual que su padre, en un principio se negó, pero acabó cediendo. Por su parte Kamran, una vez más, intentaba en paralelo y en secreto llegar a un acuerdo con el Shah para que éste le entregara a Humayun a cambio del gobierno de Kandahar. Pero Tahmasp incluyó la ciudad en el trato con Humayun y la balanza acabó inclinándose hacia él gracias a que la hermana favorita del Shah simpatizaba con él.

El Shah Tahmasp recibe al Emperador Humayun.

Inició así el retorno hacia su antiguo reino, aunque a su estilo: con un gran rodeo turístico que exasperaba a sus nuevos aliados persas. Por fin tomó Kandahar el 3 de septiembre de 1545 y, cumpliendo su promesa, se la entregó al Shah. Para ello, Tahmasp había mandado con esa expedición a su hijo Murad, que era un niño muy pequeño aún.

A partir de este momento todo le fue todo rodado: la victoria hizo que recuperara el apoyo de los nobles. Se dirigió a Kabul y la conquistó con facilidad gracias a que Kamran era muy impopular y sufrió un gran número de deserciones en sus filas. Kamran consiguió huir, pero recordemos lo descuidado y mal estratega que era Humayun. Su hermano reconquistó Kabul dos veces más, y si Humayun salió victorioso fue porque la propia población no soportaba a Kamran y no se lo puso fácil.

El fin de sus hermanos

Hindal murió peleando por él en 1551. Askari fue capturado, encadenado y enviado en peregrinación forzosa a La Meca, con la oposición de los nobles, que preferían medidas más drásticas. Pero Humayun nunca perdió la fe en reconciliarse con sus hermanos y quería mantener la promesa que le había hecho a su padre. Askari, de todas formas, murió durante ese viaje.

Pero el que más problemas había causado y más intrigas había tramado contra él era Kamran. La presión de sus seguidores para hacer algo con él era aun mayor. Los nobles exigían su muerte y Humayun siempre se negaba.

Humayun vence al fin a su hermano Kamran en Kabul en 1553.

Kamran intentó una última alianza con el emperador del Indostan. Islam Shah había sucedido a Sher Shah en el trono y a él se dirigió, pero solo obtuvo una ayuda ridícula de mil rupias, que era más una ofensa que otra cosa. Kamran se vio obligado a escapar de la corte de Islam Shah, llegando incluso a disfrazarse de mujer, hasta llegar al Punjab, donde su gobernador se lo entregó a Humayun.

El emperador accedió al menos a cegarlo —después de una fiesta para reflexionar—, y cuentan las fuentes escritas que esto se llevó a cabo con varios hombres sentados sobre él sujetándolo mientras le pinchaban las órbitas y rellenaban con sal y zumo de limón. Después, Humayun le dio dinero y lo obligó también a peregrinar a La Meca. Kamran sí llegó y permaneció allí hasta su muerte en 1557.

La figura de Kamran ha tenido distinta interpretación en la historiografía. Para la mogola, por supuesto, era un ambicioso y vil traidor. Sin embargo, otros aluden a su herencia turca y mongola, por la cual sus reclamaciones se basaban en el tradicional reparto del territorio entre todos los hijos. Como ya hemos dicho, entre los musulmanes no existía ese principio de primogenitura todavía. Humayun, sin embargo, había adoptado el modelo de herencia lineal a través del primogénito que predominaba en Persia y en la India. Según la perspectiva, los dos tenían razón, y a la vez ninguno.

Reconquista del Indostán y muerte de Humayun

Por el oeste, el niño persa que había quedado en el trono de Kandahar murió de repente y Humayun vio la oportunidad para recuperar la ciudad. Por el este, la muerte de Islam Shah hizo que el reciente Imperio de la dinastía Suri se desmoronara con una lucha por el trono de tres pretendientes distintos. El ejército de Humayun se enfrentó a uno de ellos comandado por Bairam Khan, personaje bastante mejor estratega que el mogol y que será importante más adelante como tutor de Akbar. Lograron una aplastante victoria que terminó con las aspiraciones al trono de ese candidato.

Tumba de Humayun en Delhi.

El 23 de julio de 1555, Humayun recuperó por fin el trono de Delhi. Esta vez, por suerte, no impuso su administración astrológica y utilizó la que había establecido Sher Shah, que resultó ser muy eficiente y sirvió de base para Akbar.

Pero no ocuparía el gobierno mucho tiempo. El 24 de noviembre de 1556, año y medio después de recuperar su Imperio, se encontraba en el tejado de su biblioteca reunido con algunos viajeros que traían nuevas de La Meca. Al marcharse se disponía a bajar las empinadas escaleras, pero cuando empezaba a hacerlo escuchó al muezzin llamando a la plegaria desde la mezquita. Se dio la vuelta para arrodillarse, pero su pie se enredó con la ropa y cayó rodando por las escaleras con la mala suerte de golpearse la sien contra un canto. No murió en el acto, sino tres días después.

Bibliografía

  • Gascoine, Bamber: Los Grandes Mogoles. Barcelona, Noguer, 1971.
  • Spear, Percival: Historia de la India II. México, D. F., Fondo de Cultura Económica, 1969.
  • Saggar, Balraj: Mongols in India: Babur and Humayun. The first two Mughal Emperors. New Delhi, Aravali Books, 2003.
  • Battle of Chausa (23 de agosto de 2017), Indian Contents [Blog]. Recuperado en: http://www.indiancontents.com/2017/08/battle-of-chausa.html [Consulta: 26 de noviembre de 2017]

Si quieres utilizar este texto perteneciente a Historia 2.0, no olvides citarnos de la siguiente forma:

Elías Viana, Marta: Los Grandes Mogoles II: Humayun (30 de noviembre de 2017), Historia 2.0 [Blog]. Recuperado en: https://historiadospuntocero.com/los-grandes-mogoles-ii-humayun/ [Consulta: fecha en que hayas accedido a esta entrada]

Marta Elías Viana

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