Martín Alonso Pinzón, el olvidado codescubridor de América

Por Julio E. Villarino Espino.

Este año 2018 se cumplen 525 años del retorno de la primera expedición de Cristóbal Colón, aquella que atravesó el Océano Atlántico y descubrió el continente americano. Fruto de esta onomástica, numerosas poblaciones relacionadas con el Descubrimiento (Baiona, Palos de la Frontera, Santa Fe de Granada) celebran el evento con fastos y charlas, especialmente centradas en la figura del Almirante Cristóbal Colón. Pero su segundo en esta expedición, Martín Alonso Pinzón, será levemente mencionado y notablemente olvidado como suele pasar con la figura de este genial y polémico navegante, que con su carácter cambió el curso de la historia.

 

Placa conmemorativa de Martín Alonso Pinzón

Placa conmemorativa en Palos de la Frontera (Huelva) dedicando una plaza a su vecino Martín Alonso Pinzón. (Fuente: www.pcstrescarabelas.blogspot.com).

Martín Alonso nació en Palos de la Frontera en 1441 y era el primero de los vástagos de una larga familia de hidalgos que repoblaron las tierras del Guadalquivir en la reconquista cristiana, probablemente procedentes de Asturias o Galicia. Algunos historiadores sospechan que el apellido Pinzón fuera un derivado de Pinzás, Espinzas, Espinosa o Espino. De cualquier forma Martín Alonso fue un marino experto con una amplia trayectoria en la mar y su nombre aparece ligado a diferentes tripulaciones pasando por todo el catálogo de roles, desde grumete a capitán. Esta notable carrera marina lo hace un personaje relevante en los viajes comerciales de cabotaje, y en los continuos conflictos entre España y Portugal que lo convierten en 1479 en uno de los regidores de la villa de Palos, hallándose esta  bajo el dominio de los duques de Medina-Sidonia, que le dispensaban su confianza. Testimonio de esto es la descripción que sus vecinos hacían de él, recogido el texto de un vecino de Huelva, Gonzalo Martín, en los textos de los Pleitos Colombinos:

«Martín Alonso tenía fama en el tiempo que era vivo, y que por la mar ni por la tierra no tenía el Rey otro hombre tan valiente ni tan esforzado como él, e que en el tiempo que había guerra con Portugal todos los portugueses lo temían porque cada día los tomaba el los prendía e les facía mucha e mala guerra.»

Por otro lado, para entonces Martín llega a tener al menos otro tres hermanos conocidos y que con él que pasarían a la posteridad: Vicente Yánez y Francisco Martín, que le secundaban en su carrera náutica y medraban la familia con notables y rentables viajes comerciales por el norte de África y el Mediterráneo. Fue en el retorno de uno de sus viajes a la ciudad de Roma en 1492 cuando el prior del Monasterio de la Rábida pone en contacto al cabeza de familia, el hermano mayor Martín Alonso Pinzón, con un desconocido Cristóbal Colón, que a pesar de tener el place de la reina Isabel de Castilla presentaba en esos momentos serias dificultades para desarrollar su expedición allende los mares. De esta reunión y gracias a la mediación del notable marino onubense Pero Vázquez de la Frontera (que presumiblemente habrían alcanzado unos años antes el Mar de los Sargazos y animaba a ambos exploradores a dar luz verde a aquella expedición) surge el pacto entre Pinzón y Colón para contribuir a la aventura como hermanos. Así lo recogen los pleitos colombinos:

«Señor Martín Alonso Pinçón, vamos a este viage que, si salimos con él y Dios nos descubre tierras, yo os prometo por la Corona Real de partir con vos como un hermano.»

Escultura en Huelva representando a los hermanos Pinzón (Martín y Vicente). Autor: Miguel Adolfo Barroso.

Fue gracias a la intervención de la marina y próspera familia de los Pinzón, capitaneada por su heredero, que se reunió la tripulación para la navegación, adelantando de su propio peculio buena parte de los anticipos para los gastos (se llega a estipular una deuda de medio millón de maravedíes, que supondrían casi un tercio del total de costos de la expedición) e incluso Martín Alonso desechó algunas naves que Colón había embargado de los astilleros próximos de Moguer, ya que carecían de la suficiente navegabilidad en mar abierta. En definitiva, Martín Alonso Pinzón impuso su superior conocimiento técnico de la navegación de ultramar, siendo Cristóbal Colón lo suficientemente inteligente como para cederle el predominio en ese ámbito, centrándose él en conseguir financiación de la Corona de Castilla y fortificando su posición legal, como veremos posteriormente.

 

 

Martín Alonso Pinzón sale, pues, de Palos de la Frontera como Capitán de la carabela La Pinta (o La “Pintá” como seguramente fuera su nombre original en el acento andaluz) por ser la nao más marina y rápida de la flota, llevando a su hermano Francisco como contramaestre de la misma. El menor de los Pinzón, Vicente, que era un gran marino en ciernes, capitaneará la carabela de La Niña —la más pequeña— que les dará maniobrabilidad. Cristóbal Colón se reservará la embarcación más grande, la única que no es carabela sino una nao, la Santa María (también llamada “La Gallega” por su procedencia de astilleros gallegos), cegado por su tamaño y que a la postre se convertirá en una rémora en el viaje ya que su perfil no es el más adecuado para este tipo de travesía.

Réplica de la Carabela la Pinta en Baiona

Réplica de la Carabela la Pinta en Baiona (Pontevedra), lugar de la Arribada, al abrigo de la fortaleza de Monte Real. (Fuente: www.baiona.org).

Partiendo de Palos el 3 de agosto y con una pequeña parada en las Islas Canarias por la rotura del timón de la Pinta, que rápidamente Pinzón supo guiar en su reparación en tiempo récord. La expedición estableció una ruta marcada por el Almirante Colón que extendió los plazos de navegación y provocó distensiones y molestias en la tripulación hasta llegar el 6 de octubre a los conatos de un motín que superó a Colón y que solamente la pericia y autoridad de Martín Alonso Pinzón pudo aplacar. Así nos lo cuentan nuevamente las probanzas de los pleitos colombinos:

Colón pregunta:

«¿Qué hacemos Martín Alonso? Porque la gente no quiere seguir.»

A lo que Pinzón le responde:

«Señor, ahorque vuesa merced a media docena de ellos, y si no se atreve, yo y mis hermanos barloaremos sobre ellos y lo haremos, que esta armada que salió con mandato de tan altos príncipes no ha de volver atrás sin buenas nuevas.»

En este momento es donde, con los ánimos caldeados, Cristóbal Colón cede a su ímpetu y permite a Pinzón establecer un nuevo rumbo «a una cuarta del sudoeste», variación en la demora que será fundamental para la llegada a América. Las embarcaciones alcanzan entonces, a 9 y 10 de octubre, el mar de los Sargazos y ante la inmovilidad de las aguas y corrientes se produce un nuevo motín, que Martín Alonso Pinzón logra calmar a duras penas, con una condición; si en tres días no divisan tierra, volverán a las Españas. Aprovechando la mayor velocidad de la Pinta, y su mayor pericia marinera, Martín Alonso Pinzón decide forzar la velocidad de su carabela y adelantarse al resto, ansiando el grito de tierra. Así comenzaron a descubrir indicios de tierra próxima, y en la madrugada del 12 de octubre del 1492, Rodrigo de Triana fue el hombre que divisa por primera vez la isla de Guananí. Así nos lo describía Bartolomé de las Casas en su diario colombino del «Primer viaje a las Indias»:

«Tuvieron mucha mar y más que en todo el viaje habían tenido. Vieron los de la carabela Pinta una caña y un palo, y tomaron otro palillo labrado a lo que parecía con hierro, y un pedazo de caña y otra hierba que nace en tierra, y una tablilla. Con estas señales respiraron y se alegraron todos...

Después del sol puesto, navegó a su primer camino al Oeste. Andarían doce millas cada hora, y hasta dos horas después de media noche andarían 90 millas. Y porque la carabela Pinta era más velera e iba delante del Almirante, halló tierra e hizo las señas que el Almirante había mandado. Esta tierra fue vista primero por un marinero que se decía Rodrigo de Triana.

A las dos horas después de medianoche apareció la tierra, de la cual estarían a dos leguas. Amainaron todas las velas (…) hasta el día viernes que llegaron a una isleta de los Lacayos, que se llamaba en lengua de indios Guanahani. Luego vieron gente desnuda, y el Almirante salió a tierra en la barca armada y Martín Alonso Pinzón y Vicente Yánez, su hermano, que era capitán de la Niña.»

 

"Primer homenaje a Colón en el Nuevo Mundo" (1892), de José Garnelo y Alda.

Llegados a tierra, y confirmado el descubrimiento, Cristóbal Colón comienza a actuar como Almirante, tornando su hasta ahora apaciguado carácter y su amabilidad para con los hermanos Pinzón en órdenes imperiosas. Constan serias acusaciones por parte del Almirante (recopiladas en los textos de los Pleitos Colombinos) de que Pinzón, el 21 de octubre se separó del resto de las embarcaciones en la navegación del Caribe, provocando un clima de desconfianza y de tensiones entre ambos líderes de la expedición. El caso es que en esta exploración se llegó a reconocer el tramo de las rutas desde las islas de Cuba a la de La Española. En esta última isla, en la Nochebuena de 1492, la nao Santa María fue mal amarrada y encalló en una playa con fondo rocoso, yéndose a pique la embarcación y debiendo reutilizar sus restos para establecer un fuerte, llamado de la Natividad por ser el día de la Natividad de Nuestro Señor, siendo éste el primer asentamiento colono documentado sobre el suelo americano. Es en este accidente donde también se muestra la previsión de los Pinzón al diseñar la escuadra, dado que fue solamente la Niña, por su menor tamaño y línea de flotación, la que permitió rescatar los aperos y materiales de la Santa María y evitar lo que hubiera sido un desastre incalculable para los expedicionarios.

En esta situación, el almirante decide retornar a España con las dos embarcaciones restantes. De forma unilateral decide Colón arrebatar la capitanía de la Niña a Vicente Yánez, volviendo este a la tripulación de La Pinta, lo que muestra las desavenencias del almirante con los hermanos Pinzón, ya que Martín Alonso no cede la embarcación más grande a la autoridad del Almirante. Al retorno (o «tornaviaje» tomando la palabra empleada por Colón en sus relatos), y saliendo de La Española el 15 de Enero, ambas embarcaciones navegan en escuadra aproximadamente un mes, pero el 14 de febrero una fuerte tempestad separa ambas embarcaciones, desconociendo uno y otro el paradero de la otra. Se produce entonces una muy curiosa carrera que a la postre será fundamental en el dominio del continente por parte de España. Cristóbal Colón, merced al amplio conocimiento de la costa portuguesa, decide tomar rumbo Sureste destino a Lisboa, y deteniéndose en las Islas Azores para pertrecharse (donde fue retenido por las autoridades de la corona lusa, en conflicto con la Española) toma la ruta más plácida, llegando a Lisboa el 4 de marzo de 1493.

Plano del primer viaje colombino a América, y rutas del tornaviaje. (Autora: Giovanna Ramírez Mejía).

Pero La Pinta, al mando de los Pinzón, decide tomar una ruta Noreste, a priori más peligrosa y que le permitiría no toparse con los portugueses. Se ha especulado con que parte de la tripulación, quizá el piloto llamado Cristóbal García Sarmiento que figura en la tripulación de La Pinta, fuera gallego y aportara su experiencia en esas aguas para guiar la nave al principal puerto mercante del noroeste peninsular, que en ese momento era Baiona (Pontevedra). Así, el 1 de marzo de 1493, tres días antes de que Colón toque tierra en Lisboa, La Pinta arriba en Baiona, a la seguridad de su fortaleza de Monte Real, y aquellos valientes marineros, que no habían tocado tierra en mes y medio, desembarcan exhaustos en la villa marinera.

Pinzón manda inmediatamente aviso a los Reyes Católicos, que en ese momento tenían su corte establecida en Barcelona, y la rapidez en su reacción muestra que en esos momentos primaba el tener la primicia del descubrimiento, desconfiando que Cristóbal Colón lo dejara fuera de las prebendas de este derivadas. Este mensaje de Pinzón es el primero que llega a Isabel de castilla, en un viaje del mensajero de solo tres días, pues se lee en la Corte el 4 de marzo, y en su contestación ordena a la villa de Baiona reparar y proveer la carabela para que esta se desplace a Palos, mientras se repone la tripulación de tan magno viaje. Asimismo se menciona la nueva expedición a las nuevas tierras, de que Pinzón aspira a formar parte o incluso comandar. Se cuenta que en este plazo, mueren varios indígenas de los que en La Pinta se llevaba en bodega, de extrañas fiebres y calenturas. Martín Alonso Pinzón será también presa de fiebres y dolencias, pero no obstante no dejará de mantener su frenética carrera por obtener los favores de la reina.

Por otro lado, Cristóbal Colón, habiendo llegado tres días después a Lisboa, se entrevista con el Rey de Portugal Juan II; que retiene tanto al almirante como su correspondencia, que llegará a Barcelona el 20 de marzo, quince días después de que lo hiciera la misiva de Pinzón. Esto fue clave para que los Reyes Católicos reforzaran su posición y adelantaran los preparativos de la nueva expedición e incluso comenzaran los movimientos legales y diplomáticos (especialmente con el papado) para reforzar el dominio legal de la Corona de Castilla respecto a la nueva ruta. Este tiempo de tardanza de Colón respecto a la comunicación de su retorno a la Corona Española dará que pensar mucho en los siguientes años. Respecto a Juan II de Portugal, llega a amenazar con enviar una expedición militar a las nuevas tierras, bajo la capitanía de Francisco de Almeida, para hacerse con el dominio de la nueva ruta de facto y arrebatársela en un golpe de mano a los españoles. Sería la presión diplomática española la que conseguiría en un primer momento la vital primera de las Bulas Alejandrinas del 3 de mayo de 1493, que consolida el dominio español en el Atlántico, aunque las tensiones con Portugal no se resolverán hasta el Tratado de Tordesillas en 1494.

Sea como fuere ambos capitanes retornan a Palos de la Frontera y curiosamente llegan el mismo día a puerto, el 15 de marzo, pero con suerte muy dispar. La Pinta arriba y traslada a su capitán, Martín Alonso Pinzón, muy aquejado de las fiebres que antes mencionamos, a Moguer y luego al Monasterio de la Rábida donde fallecerá el treinta de ese mes. Mientras, La Niña toca puerto y Cristóbal Colón, despreocupado de la salud de su compañero,  parte a Sevilla donde llega en cinco días y comienza a gestionar preparativos para un nuevo viaje, mientras espera su recepción en la corte, la cual se producirá en Badalona, en el Monasterio de San Jerónimo de la Murtra, —probablemente en mayo de ese mismo año, retornando a Sevilla en junio, investido ya oficialmente como Almirante de la Mar Océana y Virrey de las Indias Occidentales el 20 de junio—.

No obstante y a pesar del olvido al que el Almirante releva a su segundo en la expedición, la familia Pinzón seguirá vinculada a la mar. Francisco Martín Pinzón embarcará en numerosos viajes por África e Italia al servicio de la corona, que enriquecerán aún más a su casa. Pero será Vicente Yánez Pinzón, el benjamín, el que logrará la mayor fama al ser el descubridor de las tierras de Brasil, y en uno de sus viajes el primero en alcanzar la desembocadura del río Amazonas, amén de ser uno de los pioneros en explorar toda la costa del Yucatán. Ambos marinos fallecieron por consecuencia de las desventuras sufridas en sus viajes bajo el amparo de la Corona de Castilla.  Sin embargo, el recuerdo de la familia fue dejado bajo las sombras de la historia hasta que en 1519, se establece una comisión de numerosas familias marineras de Palos, encabezada por Juan Rodríguez de Mafra, solicitando al Emperador Carlos V escudo de armas y subsidios, que concedería, dada la lamentable situación en que habían quedado numerosos descendientes de los marinos de esta villa que habían participado en las iniciales expediciones americanas.

Entre ellas, destacaba la familia de los Pinzón a la que se concede (Texto recogido en los Reales Archivos de Indias):

«Por la presente vos hacemos merced e queremos que podais tener e traer por vuestras armas conocidas tres carabelas al natural en la mar e de cada una de ellas salga una mano mostrando la primera tierra que así fallaron e descubrieron en un escudo tal como este (…) e por orla de dicho escudo podays traer e trayais unas áncoras e unos corazones las quales dichas armas vos damos.»

Escudo de armas de la familia Pinzón, otorgado por Carlos V. (Fuente: www.heraldicaargentina.blogspot.com)

 

 


Bibliografía

ASENSIO, José María (1892). Martín Alonso Pinzón: estudio histórico. La España Moderna.

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FERNÁNDEZ DURO, Cesáreo (1892). Pinzón en el descubrimiento de las Indias. Madrid: Sucesores de Rivadeneyra.

RIVERA, Carlos (1945). Martín Alonso Pinzón. Ayamonte (Huelva): Imprenta Asilo Provincial.

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ISZÁSZDI, Adám, «El descubrimiento de Puerto Rico en 1492 por Martín Alonso Pinzón.» En: Revista de historia. San Juan, Año 1 (1985), Nr. 2, S. 9-45.

MANZANO Y MANZANO, Juan; MANZANO FERNÁNDEZ-HEREDIA, Ana Maria (1988). Los Pinzones y el Descubrimiento de América. 3 vol. Ediciones de Cultura Hispánica. ISBN 978-84-7232-442-8.

Pleitos Colombinos (1892). FERNÁNDEZ DURO, Cesáreo, ed. Colección de documentos inéditos relativos al descubrimiento, conquista y organización de las antiguas posesiones españolas de ultramar, 2ª serie. Tomo 8, II de los Pleitos de Colón. Madrid: Real Academia de la Historia.

ÍÑIGUEZ SÁNCHEZ-ARJONA, Benito (1991). Martín Alonso Pinzón, el calumniado. Sevilla: Haro. ISBN 9788460410126.

GONZÁLEZ CRUZ, David (Dir.) (2016). Versiones, propaganda y repercusiones del descubrimiento de América. Colón, los Pinzón y los Niño. Madrid: Sílex ediciones. ISBN 9788477379584.

 


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Villarino Espino, Julio E.:Martín Alonso Pinzón, el olvidado codescubridor de América (1 de marzo de 2018) Historia 2.0 [Blog] Recuperado en: https://historiadospuntocero.com/martin-alonso-pinzon/ [Consulta: fecha en que hayas accedido a esta entrada]

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