Minotauro, el hombre-toro de Creta

Cuenta la leyenda que, cada nueve años, siete muchachos y siete muchachas atenienses partían de su ciudad hacia la isla de Creta para ser sacrificados a una bestia mitad hombre, mitad toro. Vivía encerrada en un laberinto, y respondía al nombre de Minotauro.

 

La figura del toro ha jugado, tradicionalmente, un papel muy importante en la simbología de todo el ámbito mediterráneo, especialmente durante la Protohistoria y la Antigüedad. Creta no fue la excepción, de hecho es uno de los principales puntos de referencia a la hora de encontrar representaciones de este animal; entre las más famosas podemos citar el ritón en forma de cabeza de toro o el famoso fresco representando una taurocatapsia (acrobacia sobre un toro), ambos procedentes del Palacio de Knossos.

Taurocatapsia, Knossos

Fresco de la taurocatapsia, Palacio de Knossos (ca. 1450 a. C.).

Esta obsesión por el toro de la cultura minoica también tiene su reflejo en el mundo mitológico. Quizás la figura del Minotauro sea lo suficientemente importante como para explicar, por sí misma, las numerosas representaciones asociadas al toro que encontramos en las ruinas de las diferentes ciudades minoicas. Pero la relación, al menos mítica, de Creta con estos animales venía de mucho antes... y todas estas referencias mitológicas se juntan, precisamente, en el mito del Minotauro.

 

EL RAPTO DE EUROPA

Rapto de Europa

"El rapto de Europa", de Virginia Frances Sterrett (1921).

El dios Zeus, enamorado de la princesa fenicia Europa, llegó hasta la ciudad de Tiro y una vez allí, convertido en un toro blanco, se mezcló entre las reses del rey Agénor. Europa se sintió atraída por tan bello animal, y —tras comprobar que era manso— decidió montarlo. En ese preciso instante Zeus corrió hacia el mar con Europa en su lomo, y no paró hasta llegar a la isla de Creta. Allí, retornando a su forma humana, tomó a Europa a la fuerza y la dejó embarazada.

 

 

 

MINOS, PASIFAE Y EL TORO DEL MAR

Europa tuvo tres hijos fruto de este embarazo divino: Minos, Radamantis y Sarpedón. Abandonada por el dios olímpico, Europa y sus tres retoños consiguieron refugio en la corte del rey cretense Asterión, quien llegó a amarlos como si fuesen sus propios hijos. Prueba de ello es que, al morir Asterión, éste había declarado a los tres hermanos como sus legítimos sucesores, confiando en que ellos podrían decidir cuál de los tres reinaría. Minos se ofreció voluntario inmediatamente, argumentando que no lo hacía por él mismo, sino porque los propios dioses le habían elegido para reinar en Creta. Como prueba, prometió que al día siguiente Poseidón haría surgir del mar un toro. Pensando que tal cosa era imposible, los dos hermanos de Minos aceptaron el trato y decidieron esperar a que amaneciese. Durante la noche, Minos rezó al dios de los mares y le prometió que si hacía surgir del mar al toro, él se lo ofrecería como sacrificio en una gran ceremonia.

El dios aceptó, y —tal como se había acordado— al día siguiente un hermoso toro[1] surgió del mar, por lo que Minos accedió al trono de Creta. Y junto a él su esposa Pasífae, hija del dios Helios y la ninfa Perseis. Sin embargo, el nuevo rey —amparado por su mujer— faltó a la palabra dada a Poseidón. Asombrado por la tremenda robustez y el elegante porte del toro, Minos tramó un engaño. Cogería en su lugar a uno de los toros de su rebaño y lo haría pasar por éste, pudiendo entonces quedárselo y utilizarlo como semental.

Por supuesto Poseidón descubrió la artimaña de Minos, y a modo de venganza hizo que la reina Pasífae quedase prendada del toro surgido de los mares. La reina, obedeciendo el designio divino, intentó tener relaciones con el toro. Sin embargo éste, fiel a su naturaleza, no parecía interesado en ella.

Fue entonces cuando la reina decidió consultar a Dédalo, el gran inventor ateniense que se encontraba desterrado en Creta. Gracias a su ingenio, Dédalo ideó un armazón de madera al que cubrió con la piel de una vaca, y lo restregó con tierra y hierba para completar el señuelo. Tras llevar el armazón a los establos, Pasífae se desnudó y se metió dentro del falso animal; y el toro, pensando que era una vaca de verdad, procreó con ella. De este acto de bestialismo nacería un niño con cuerpo humano y cabeza de toro. Llamado en principio Asterión, en homenaje a su «abuelo», pronto empezó a conocérsele como «el toro de Minos» o, lo que es lo mismo, Minotauro. Aunque, irónicamente, Minos nunca fue el auténtico padre de este.

 

TESEO Y EL LABERINTO

Cuando se supo del nacimiento del Minotauro, la vergüenza se instaló en la casa de Minos. No se podía borrar lo que había pasado, pero sí ocultarlo. Con la ayuda de Dédalo, se construyó un intrincado laberinto donde desde ese momento, y hasta el fin de sus días, viviría recluida la infame bestia.

Superado el trauma, Minos y Pasífae tuvieron numerosos vástagos[2]: Androgeo, Catreo, Deucalión, Ariadna, Fedra y Glauco. Años más tarde, encontrándose Androgeo en Atenas, el hijo mayor de Minos y Pasífae acabó muerto[3]. Enfurecido, Minos declaró la guerra a Atenas, y tras la rendición de ésta les castigó obligándoles a que, desde entonces, los jóvenes atenienses sirviesen de comida al Minotauro. Cada nueve años[4], siete muchachos y siete muchachas atenienses embarcarían dirección a Creta para cumplir el castigo.

Parece ser que el propio Teseo, hijo del rey Egeo de Atenas, se presentó como voluntario para este tributo. Al llegar a Creta, la princesa Ariadna posó sus ojos en Teseo y quedó al instante enamorada de él. Queriendo proteger a su amado de una muerte segura, Ariadna se reunió con Dédalo, quien le dio un ovillo de lana. Atando el final de este ovillo a la entrada del laberinto, Teseo sería capaz de encontrar la salida.

El héroe ateniense se adentró en el laberinto. Sus intrincados pasillos y numerosos recovecos pronto pusieron de manifiesto que sin la ayuda del mismísimo constructor nadie hubiese sido capaz de salir vivo de allí. En su caminar hacia el interior del laberinto, Teseo hubo de sortear, evitando pisarlos, los descarnados huesos y cráneos de aquellos desafortunados que previamente habían servido de alimento al monstruo. Cuanto más se internaba Teseo, más se podía apreciar el penetrante hedor a muerte procedente del centro del laberinto. Finalmente, de entre las sombras, surgió la temible bestia, atraída irremediablemente por el olor a carne humana.

Minotauro, por Marta Hdez H.

Ilustración de Marta Hdez. H. realizada para Historia 2.0 © MARTA HERNÁNDEZ. Todos los derechos reservados /All rights reserved. PROHIBIDA su utilización.

Sin tiempo a reaccionar, Teseo vio como el Minotauro se abalanzaba velozmente sobre él. La descomunal fuerza del monstruo le hizo caer al suelo, donde por largos minutos continuó la encarnizada lucha, a vida o muerte, entre ambos. Finalmente Teseo consiguió asir al Minotauro por el cuello, y haciendo uso de su portentosa fuerza apretó firmemente sus manos hasta acabar con la vida del monstruo.

Y así termina la historia del Toro de Minos, un engendro surgido de la unión entre un toro y una mujer, y que pagó con su vida la terrible falta de respeto que tuvieron sus padres hacia los dioses. De lo que le ocurrió después a Teseo hablaremos, quizás, en otra ocasión.

 


[1] Este toro surgido del mar, conocido también como el Toro de Creta, es el mismo que tiempo después Heracles tendría que capturar para completar su séptimo trabajo.

[2] Aunque parece que esto no evitó que Minos mantuviese también numerosas infidelidades. Harta de ello, se dice que Pasífae acabó maldiciendo al rey con un hechizo; de tal manera que cuando Minos estaba con una nueva amante, éste eyaculaba serpientes y escorpiones.

[3] Hay distintas versiones de su muerte. Pudo ser durante su participación en las Panateneas (asesinado por envidia o muerto intentado capturar al toro de Maratón), yendo de camino a Tebas para participar en los juegos dedicados a Layo o, directamente, en las guerras entre atenienses y cretenses.

[4] Otras versiones (Higino) hablan de un tributo anual de siete atenienses (de ambos géneros) en total. Pero ésta, la de 14 cada 9 años, es la más extendida (Plutarco, Ovidio, Diodoro).


BIBLIOGRAFÍA

APOLODORO: Biblioteca mitológica, Epit.5-9

HIGINO: Fábulas, 38-43

 

 

Si quieres utilizar este texto perteneciente a Historia 2.0, no olvides citarnos de la siguiente forma:

Cuesta Hernández, Alfonso: Minotauro, el hombre-toro de Creta en: Cápsulas históricas. (20 de marzo de 2018) Historia 2.0. [Blog] Recuperado en: https://historiadospuntocero.com/minotauro/ [Consulta: fecha en que hayas accedido a esta entrada]

 

Alfonso Cuesta

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