Su nombre está escrito en mayúsculas en la historia de la gimnasia artística, y no es para menos. A los aficionados a este deporte, aun sin ser entendidos, nos hacen los ojos chiribitas viendo sus ejercicios. Nadia fue la primera gimnasta que obtuvo un 10, es decir, una puntuación perfecta, en unas olimpiadas, y no sería un hito aislado. Ganó en total siete en esos mismos Juegos, los de Montreal de 1976, y dos más en los de Moscú de 1980.

Nadia nació el 12 de noviembre de 1961 en Oneşti, una pequeña ciudad en los Cárpatos rumanos. Su madre dijo en una entrevista en 2011 haberla apuntado a gimnasia porque era una niña tan activa que era difícil de controlar. Con 6 años, el más tarde famoso entrenador Béla Károlyi la vio dando volteretas con otra niña en el patio del colegio y recorrió las aulas buscándola. La otra niña, por cierto, era Viorica Dumitru, que se convirtió en una gran bailarina. De esta forma, Nadia se convirtió en una de las primeras alumnas de la escuela de Károlyi y su esposa Márta.

En 1970 ganó el campeonato nacional de Rumanía y se convirtió en la gimnasta más joven en conseguirlo. Al año siguiente ganó el oro con su equipo en la competición internacional. A estos le seguirían varios oros y platas en diferentes campeonatos, rivalizando con la soviética Nellie Kim.

Las olimpiadas de Montreal (1976)

Nadia Comaneci y Bart Conner en la American Cup. New York, marzo de 1976 (Foto de Suzanne Vlamis)

La fama mundial la alcanzó en los Juegos Olímpicos de Montreal de 1976, pero había conseguido con anterioridad dos puntuaciones perfectas ese mismo año. Participó en la primera edición de la American Cup, el campeonato norteamericano de gimnasia, y se las dieron por sus ejercicios de potro y suelo. Como curiosidad, allí conoció al que sería su marido en el futuro —y sigue siendo en la actualidad—, Bart Conner. Ella tenía 14 y él 18. Conner participó también en la olimpiada, pero no volvieron a tener trato hasta años más tarde.

En este vídeo podemos ver el ejercicio que le dio su primer 10.

Pero volvamos a ese verano en Montreal. Había un problema con las notas perfectas, y es que en ese momento no se creía que nadie fuera capaz de conseguirlas, y mucho menos en unos Juegos Olímpicos —debido al sistema de puntuación, ya que no existía uno universal y se establecía según la competición—. Por ello, el Comité Olímpico Internacional pidió al fabricante solo tres dígitos en vez de cuatro. Cuando Nadia logró su primer 10 en las barras asimétricas, el marcador mostró 1,00. En un principio fue confuso, ya que su ejercicio había sido magistral y no era posible que le hubieran dado un 1, pero cuando se aclaró, el público la ovacionó. Esta fue la primera de las cuatro puntuaciones perfectas en barras asimétricas, y otras tres en la barra de equilibrio.

Nadia Comaneci celebrando su 10 perfecto el 19 de julio de 1976 en los Juegos Olímpicos de Montreal.

Para no haber previsto que nadie pudiese conseguir un 10, la segunda mujer que lo consiguió fue en esas mismas olimpiadas. La rival de Nadia, Nellie Kim, consiguió dos: uno en potro y otro en suelo.

Comăneci también consiguió otro récord en esos Juegos, y fue el de la campeona de gimnasia más joven de la historia. Algo difícilmente superable a día de hoy, ya que ahora es obligatorio que los participantes tengan 16 años y ella tenía 14 en ese momento.

 

Su carrera entre 1976 y 1984

Nadia continuó con éxitos deportivos, pero tras ellos se escondía una infelicidad que la llevó hasta un primer intento de suicidio tras ser separada de sus entrenadores —aunque un año más tarde le permitieron volver con ellos—. Se convirtió en un símbolo nacional y ganó 21 medallas para su país, que la presionó hasta el extremo. Como curiosidad, se cortó en la muñeca con un objeto metálico y eso le produjo una infección. Nadia abandonó el hospital contra la voluntad de los médicos y ganó un 9,95 compitiendo en la barra de equilibrio. Su equipo ganó el oro, pero tuvo que volver al hospital y ser operada.

Olimpiadas de Moscú 1980

Las olimpiadas de Moscú del 80 también marcaron indirectamente un punto de inflexión. Al margen del boicot al que se sumaron muchos países en protesta por la invasión soviética de Afganistán, la queja de su entrenador, Károlyi, por una puntuación injusta fue retransmitida por televisión y avergonzó a los dirigentes rumanos, que le hicieron la vida imposible desde ese momento.

En el 81 hizo una gira por Estados Unidos en la que ella era la protagonista, y en la que coincidió por tercera vez con su futuro marido Bart Conner. Pero el último día de la gira, sus entrenadores desertaron. Esto fue un golpe para Nadia, ya no solo por perderlos. El gobierno rumano controló sus movimientos ante el temor de que desertara ella también. No se le permitió volver a viajar fuera de Rumanía con la excepción de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles de 1984, pero solo como observadora; sin participar. Allí se encontraban también sus antiguos entrenadores, pero no le dejaron hablar con ellos. Béla y Márta Károlyi estaban con su nueva alumna estadounidense Mary Lou Retton, que, por cierto, fue la primera mujer de su país en ganar un oro olímpico y ninguna volvió a hacerlo hasta veinte años después.

Su deserción y llegada a Estados Unidos

El presidente por aquel entonces, Nicolae Ceaușescu, quería casarla con su hijo, cosa a la que Nadia se negaba. La presión fue aumentando hasta que volvió a intentar suicidarse, esta vez bebiendo detergente. A los pocos meses llevó a cabo lo que tanto temían las autoridades de su país: desertó. Primero a Hungría y de allí a Estados Unidos.

Tanto para el plan de fuga como una vez en Norteamérica, su aliado fue un rumano nacionalizado estadounidense: Constantin Panait. Sin embargo, una vez allí nadie podía contactar con ella. Panait no le daba los mensajes que sus amigos en el país, como sus ex entrenadores o Bart Conner, intentaban hacerle llegar. Nadia iba a aparecer en un programa de televisión y el productor, que conocía también Bart Conner, habló con él sobre esto y organizaron una aparición del gimnasta para sorprenderla.

Panait desapareció de un día para otro, y aunque se especuló mucho sobre esta relación, ella dice que consiguió escapar de Rumanía de forma segura y siempre le agradecerá eso.

Sus lazos con el deporte y su actividad profesional no terminaron aquí, y está implicada en diversos proyectos. Alguno, como el de las Olimpiadas Especiales —para discapacitados psíquicos— la llevó incluso a recibir de Trump la famosa frase “estás despedida” en su reality show en 2008 cuando buscaba recaudar fondos para ese fin. Pero eso ya es otra historia.

Nadia Comăneci y Bart Conner

Marta Elías Viana

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