Uno de los combates de Paulino. @RosaAlonso. Todos los derechos reservados.

Normalmente en Historia 2.0 dedicamos las Cápsulas a grandes momentos o personajes de la Historia, hombres y mujeres que dejaron una impronta inigualable. Otras, sin embargo, abrimos en nuestra humilde web un hueco para dar a conocer otros personajes que, si bien no están en los grandes libros de Historia, merece conocer el gran público.

Es el caso de Segundo Espallargas (1920-2012), un aragonés que de combatir en la Guerra Civil española todavía siendo un adolescente, dio con sus huesos en el campo de concentración de Mauthausen donde sobrevivió gracias a sus puños.

Nació en la localidad turolense de Albalate del Arzobispo, en el año 1920, pero muy pronto viajó junto con toda su familia a Alcañiz. Desde niño destacó por su gran envergadura y fortaleza física. De hecho, con tan sólo 12 años se inicia en el mundo del boxeo, en una época en la que el deporte de las dieciséis cuerdas estaba de moda en nuestro país.

En los años 30 en España aún sonaban campanas de gloria para Paulino Uzcudun, un púgil guipuzcoano que se había alzado con el cetro de campeón de Europa de los pesos pesados. Fue precisamente este boxeador el que dio el sobrenombre a Segundo, pues desde entonces sería conocido por amigos y familiares como Paulino. Con 16 años Segundo Espallargas es llamado a filas para combatir en el ejército republicano. La contienda cortó de raíz sus aspiraciones deportivas, aunque en los escasos ratos libres y de ocio que la contienda ofrecía seguía entrenándose y combatiendo contra otros compañeros.

Aunque consiguió sobrevivir a la guerra sin apenas un rasguño, la victoria del bando nacional le empujó a él y a otros miles de españoles a los campos de prisioneros al otro lado de los Pirineos. Allí pasaría un par de años hasta que una noche fue encerrado en un vagón de tren sin ventanas ni asientos, como si de ganado se tratara, junto con otros cientos de compañeros. Con apenas 22 años, el día 27 de enero de 1941 más de 1.500 prisioneros españoles, todos ellos republicanos, ingresaban en el campo de concentración de Mauthausen (en la actual Austria, en las inmediaciones de la ciudad de Linz). Hasta 7.000 compatriotas acabaron varados en aquel antro de destrucción, enfermedad, tristeza y muerte. Pero Paulino había aprendido gracias al boxeo que la vida puede golpear fuerte, pero siempre te da la oportunidad de devolver el golpe.

Segundo hizo valer su gran tamaño y habilidad para el pugilato desde el principio. Pese a que desempeñó otras funciones como la de mecánico o mozo en la estación de trenes, sus cualidades para el deporte no pasaron desapercibidas para un grupo de oficiales nazis que cada fin de semana, en ausencia de otra cosa mejor que hacer, organizaban combates de boxeo con los reclusos en los que se jugaban las pagas.

Pronto Paulino comenzó a ganar un combate tras otro. Pero su éxito conllevaba un gran peligro, ahora que era uno de los preferidos de los oficiales (pues les hacía ganar mucho dinero) no se podía permitir una derrota pues ésta le podría acarrear, no sólo la pérdida del favor de la oficialía, directamente la propia muerte. Es por ello que cada vez se exigía más a sí mismo y daba hasta la última gota de sudor (y de sangre) en cada combate. Los testimonios de sus compañeros hablaban de su espíritu de campeón, su entrega y su tenacidad. El gran carisma de Paulino lo convertía en un campeón total.

Gracias a sus victorias fue destinado a tareas más livianas, dejando su anterior puesto de porteador en la estación de ferrocarril del campo por la de pinche de cocina. Allí, siempre que podía, escamoteaba algo de comida para sus compañeros españoles y para hacer más llevadera su mísera existencia.

Quizá a muchos de vosotros la historia de Paulino os recuerde a la del personaje interpretado por Williem Dafoe en El triunfo del Espíritu (1989), en este caso un judío griego que tras participar en los Juegos Olímpicos acaba boxeando por su vida en Auschwitz.

Para Segundo, los días de cautiverio acabaron tras la liberación del campo en mayo de 1945. Pero ahora se veía de nuevo exiliado y sin una patria que lo acogiera pues, aunque su corazón anhelaba regresar a las tierras aragonesas, la dictadura del general Franco vetaba la entrada a todos los prisioneros de campos de concentración.

Finalmente, y tras muchos devenires, acabó en Francia, que se convirtió en su nuevo hogar. Consiguió un trabajo decente y aunque continuó boxeando ya no lo hacía por su vida, sino por diversión. Ahora con una familia que lo quería y admiraba, solo quería olvidar aquellos años en los que sus puños consiguieron salvarle la vida.

Si quieres utilizar este texto perteneciente a Historia 2.0, no olvides citarnos de la siguiente forma:

Fernández Montes y Corrales, Luis Miguel: Paulino, el boxeador imbatible  (10 de abril de 2018), Historia 2.0 [Blog]. Recuperado en: https://historiadospuntocero.com/paulino-el-boxeador-imbatible/ [Consulta: fecha en que hayas accedido a esta entrada]

Luis Miguel Fernández-Montes y Corrales

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