La Rendicion de Granada de Francisco Pradilla (1882)

Reconquista y Conquista: dos términos a debate

Reconquista, un término que conquistó nuestro subconsciente.

Cuando hablamos de Reconquista a todos nos viene a la mente el enfrentamiento entre cristianos y musulmanes por el dominio de la península Ibérica. Es una de las fases de la Historia de España más conocidas y que, durante mucho tiempo, formó parte del ideario nacional colectivo, gracias sobre todo a figuras como las de Rodrigo Díaz de Vivar, popularizado por el más que célebre Cantar del Mío Cid.

Los cristianos, por lo general los «buenos» se enfrentaban a los musulmanes, «los malos», para recuperar las tierras de sus antepasados. Esta visión tan maniquea perdura aún hoy en el subconsciente de la población que, por lo general, desconoce los pormenores de un proceso histórico que se prolongó durante casi 800 años y en los que intervinieron multitud de factores tanto políticos, como económicos, sociales y dónde la religión tuvo mucho menos peso del que, a priori, podamos imaginar.

Una vieja polémica

Quizá el mayor exponente de la idea de Reconquista sea Santiago Matamoros. La tradición establece que el apóstol Santiago se apareció en la batalla de Clavijo en 844 para inclinar la balanza en favor de los cristianos. Años más tarde se convirtió en el santo patrón de España. Santiago en la Batalla de Clavijo. Hacia 1605. Óleo sobre lienzo, Vicente Carducho.

Si popular es el término Reconquista, mucho más controvertido es entre los historiadores. Después de ser el eje vertebrador de la Historia Medieval española durante más de doscientos años, desde hace unas décadas el término está estigmatizado y es considerado por muchos como poco científico, al estar contaminado por cierta ideología. Hoy día los medievalistas se encuadran en dos grupos respecto al uso del concepto de Reconquista, siendo en muchas ocasiones posiciones bastante encontradas.

Pero más allá de nuestras fronteras, el debate se diluye. Simplemente se entiende Reconquista como el proceso de expansión de los reinos cristianos desde el siglo VIII hasta la caída del Reino nazarí de Granada. Entre los más destacados medievalistas foráneos defensores del concepto de Reconquista, se encuentra el profesor británico, ya fallecido, Derek Lomax. A pesar de todo, muchos son los historiadores españoles que aún defienden el término y siguen considerándolo válido. Por ejemplo, el profesor Manuel González Jiménez, de la universidad de Sevilla, quien siempre ha afirmado que

[…] no cabe la menor duda que la Reconquista era a la altura del reinado de Alfonso III (866-910) algo más que un proyecto nebuloso.

Una posición intermedia, es la que adoptan otros historiadores como Thomas Deswarte, que pone el acento sobre el belicismo casi endémico de los nobles cristianos, cuya única vía de escape para sus ansias de guerrear, era la conquista de las tierras del sur. Las acciones de estos señores de la guerra, fue aprovechada por reyes y clérigos para expandir sus reinos y credo respectivamente.

En el lado opuesto, se encuentran aquellos historiadores quienes opinan que Reconquista cuenta con demasiados significados como para ser utilizado como un concepto historiográfico válido. Podemos otorgarle el significado de recuperación de las tierras perdidas ante los «moros», pero también como el proceso de cristianización de un territorio o la simple toma de una plaza o ciudad anteriormente perdida.

Quizá es demasiado complicado encontrar un término que englobe un proceso tan largo y complejo y en el que intervienen tantos factores en lo que hoy conocemos como Reconquista o, mejor dicho, el proceso de expansión cristiana en la península Ibérica.

Para muchos historiadores Reconquista es un término que ha sido demasiado contaminado por ideologías políticas y utilizado como propaganda desde tiempos de los Reyes Católicos hasta fechas bien recientes. Por lo tanto, no lo consideran un término científico legítimo para la historiografía, pues éste debe estar, libre de cualquier matiz ideológico.

Estatua dedicada a don Pelayo en Cangas de Onis.

No podemos afirmar con rotundidad si en el ánimo de los primeros reyes asturleoneses o de los condes de los pequeños estados pirenaicos, estaba o no el vengarse de las afrentas sufridas por sus antepasados al recuperar las tierras más allá del Duero. Lo que sí parece existir, y así nos lo cuentan las fuentes, es una idea de restitutio, es decir, de restauración. Había intención de restaurar el antiguo orden visigodo, más allá de motivaciones religiosas o militares, que pese a todo iban de la mano. Por lo tanto, los intereses militares, políticos y religiosos acabaron confluyendo y cristalizando en un proceso de expansión de los reinos cristianos durante un periodo de casi ocho siglos.

Reconquista y su uso político en la historiografía española.

Haremos a continuación un breve repaso sobre la historia del concepto de Reconquista, así como del uso que se le daba en cada momento.

Tras la subida al trono de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón se reactivó la durmiente empresa de la conquista del Reino nazarí de Granada. Al mismo tiempo, se puso en marcha la maquinaria propagandística del entorno de Isabel, que tan buenos resultados le había dado en el pasado con el asunto de su sobrina Juana. La toma de Granada se produjo finalmente en enero de 1492 y no tardó en calificarse este episodio como la culminación de un proceso iniciado por Pelayo en Covadonga setecientos años antes. Además, se presentó a Fernando como la antítesis de Rodrigo, el vicioso y despreocupado último monarca visigodo. También se presentó a ambos monarcas como los realizadores de una empresa divina, no solo para el Reino de Castilla también para la Cristiandad en su conjunto.

Pese a todo, los Reyes Católicos procuraron dar un barniz de legalidad a toda su empresa, fuera del estrictamente religioso. Es conocida la misiva que la reina Isabel escribió de su propio puño y letra al sultán de Egipto en la que justificaba sus acciones bélicas contra el reino de Granada, que seguía siendo, aunque de una manera más bien testimonial, feudataria suya:

[...]Era notorio por todo el mundo que las Españas en los tiempos antiguos fueron poseídas por los reyes sus progenitores; y que si los moros poseían ahora en España aquella tierra del reino de Granada, aquella posesión era tiranía y no jurídica. […]

No deja de ser significativo, que los Reyes Católicos aprovecharon este argumento y consideraran la conquista de América como una extensión de la lucha contra el islam y una recompensa por sus esfuerzos por defender la verdadera religión.

"El Cid" en la obra Historia universal de César Cantú ; traducida del italiano con arreglo a la 7a ed. de Turín, anotada por Nemesio Fernández Cuesta. - Madrid : Imprenta de Gaspar y Roig, 1854-1859

En las décadas sucesivas, ya con los Austrias en el trono, se buscó una nueva manera de legitimar la superioridad de la monarquía hispánica y su posición frente a otras monarquías. Como otras muchas veces —y como pasa hoy en día— se echará mano de la Historia. Y es que mientras otros monarcas (como la francesa que se disputaba entonces la hegemonía en Europa con España) se habían quedado cómodamente en sus castillos y palacios, los reyes españoles se habían puesto al frente de las huestes para combatir al infiel. Además de utilizar este argumento como defensa del poder y preponderancia españoles, se emplearía como catalizador para una sociedad rota aún por las revueltas de comuneros y las germanías, que seguían sin ver con buenos ojos a unos reyes foráneos y que se rodeaban de ministros extranjeros.

Ya en el siglo XIX, el término Reconquista comienza a aparecer no sólo en las obras de los historiadores, sino entre las proclamas políticas que intentan enardecer a las masas contra el invasor, ahora francés, que ocupa el solar patrio. Si un día fuimos capaces de derrotar y expulsar a los sarracenos —decían— hoy podremos vencer a Napoleón. Por lo que a historiografía se refiere, Reconquista sustituirá de manera paulatina al término restauración. La primera referencia al concepto la encontramos en la obra del valenciano José Ortiz Sanz (1739-1822) en su obra Compendio cronológico de la Historia de España. Si bien es cierto que el concepto aparece en la primera edición de su libro en 1795, las sucesivas reediciones decimonónicas (1841 y 1856) hacen uso del término Reconquista de manera más repetitiva, lo que vendría a significar el éxito y consolidaciónde este concepto.

Una vez generalizado el uso de Reconquista, no solo entre los historiadores sino entre toda persona culta y dada a la lectura en aquella España del último tercio del XIX, se comenzó a hacer un uso político del mismo. En una España rota por las invasiones, guerras civiles o la entrada y salida de reyes, era necesaria una reinvención del concepto de nación.

De nuevo se volvió a echar mano del pasado medieval (muy en sintonía también con el espíritu romántico de la época) y de su gloriosa lucha contra los sarracenos. Así pues, liberales, progresistas y conservadores, harían suya la Historia de España y la Reconquista en favor de sus intereses políticos. Quizás la utilización más hábil del término fue la que llevó a cabo el genial Cánovas del Castillo, que dotó al término de Restauración (que aún venía utilizándose en ocasiones como sinónimo de Reconquista) para referirse a la vuelta de los Borbones, el orden, el buen gobierno y la fe católica (no en vano durante el breve periodo republicano se permitió por primera vez en España la entrada de misioneros protestantes) después de los sucesivos descalabros de Amadeo I y la Primera República.

Siempre se representó a los sarracenos o lo moros como una horda de seres despiadados y bárbaros. Dicha imagen aún hoy permanece en el subconsciente colectivo de buena parte de la sociedad española. Ilustración de Giuseppe Rava.

Por otro lado, durante este periodo, gracias en gran parte al arte y la literatura se empieza a difundir una idea idealizada del proceso de expansión cristiano durante la Edad Media, como la pintura historicista que representan a Pelayo como un héroe nacional o las historias populares que han perpetuado esta idea hasta nuestros días.

La Guerra Civil y la posterior Dictadura selló de facto un antes y un después en la historiografía española. Las teorías alternativas a la que podríamos denominar Historia oficial, como las de Rafael Altamira, caerán en el olvido (quién sabe si de manera intencionada). Este historiador fue el primero en hablar abiertamente de la política de pactos de los musulmanes con las élites hispanorromanas y de la intrascendencia de la batalla de Covadonga a la que calificó, quizá con acierto, como una mera escaramuza elevada a mito nacional.

Biblografía

GONZÁLEZ JIMÉNEZ, Manuel. “Sobre la ideología de la Reconquista: realidades y tópicos” en Memoria y mito de la Historia Medieval. XIII Semana de Estudios Medievales, Nájera, 2003, págs. 151-170

LOMAX, D., “Novedad y Tradición en la guerra de Granada 1482-1491”, en La incorporación de Granada a la Corona de Castilla. Actas del symposium conmemorativo del quinto centenario (Granada, 2 al 5 de diciembre de 1991). Granada, 1993, págs. 229-262, citado por RÍOS SALOMA, Martín F. “Usos políticos e historiográficos del concepto de Reconquista” en Anales de la Universidad de Alicante. Historia Medieval, Alicante, 2011, págs. 41-65

RÍOS SALOMA, Martín F. “Usos políticos e historiográficos del concepto de Reconquista” en Anales de la Universidad de Alicante. Historia Medieval, Alicante, 2011, págs. 41-65

RÍOS SALOMA, Martín F. “De la Restauración a la Reconquista: la construcción de un mito nacional (Una revisión historiográfica. Siglos XVI-XIX)” en En la España Medieval, Madrid, nº 28, 2005, págs. 379-414

Si quieres utilizar este texto perteneciente a Historia 2.0, no olvides citarnos de la siguiente forma:

Fernández-Montes y Corrales, Luis Miguel: Reconquista y Conquista: dos términos a debate (14 de marzo de 2018) Historia 2.0. [Blog] Recuperado en: http://historiadospuntocero.com/reconquista-conquista/ [Consulta: fecha en que hayas accedido a esta entrada]

Luis Miguel Fernández-Montes y Corrales

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