Senda Berenson, la madre del baloncesto femenino

Senda Berenson no inventó nada nuevo ni destacó por sus logros deportivos individuales, pero su figura es clave para la creación del baloncesto femenino. Adaptó las reglas a las mujeres y organizó el primer equipo y el primer partido.

Senda Berenson

Senda era lituana; nació en 1868 con el nombre de Senda Valvrojenski en el seno de una familia judía ortodoxa. Sus padres tenían un negocio maderero que perdieron en un incendio, tras el cual decidieron emigrar a Boston, en Estados Unidos.

Una vez en Norteamérica, la familia abandonó progresivamente la ortodoxia y acabó occidentalizándose hasta el punto de cambiar su apellido por Berenson. Tanto Senda como su hermano se sentían inclinados hacia las artes y entraron en Harvard para estudiar. Su hermano se convirtió en el famoso historiador del arte y crítico Bernard Berenson, pero ella no pudo entrar en el conservatorio para aprender piano, como era su deseo, porque sufría problemas de espalda.

Precisamente eso fue lo que la puso en contacto con el mundo del deporte. Para mejorar su estado físico quiso apuntarse a la Boston Normal School of Gymnastics, pero pedían ya un mínimo de forma física para entrar que Senda no cumplía. Sin embargo, la directora le vio potencial y pensó que sería un buen reclamo para otros clientes si demostraban su efectividad con el caso de Senda. Y así fue. No solo mejoró, sino que se convirtió en una de las mejores alumnas e incluso pospuso su entrada en el conservatorio.

Finalmente, la directora consideró que estaba preparada para convertirse en profesora y le consiguió un puesto en la universidad femenina Smith College de Massachusetts. Allí, y para que sus alumnas no se aburrieran con la simple gimnasia, pensó en una forma de amenizar las clases.

La invención del baloncesto

James Naismith, inventor del baloncest

En 1891, el canadiense James Naismith se convirtió en profesor de educación física en la Escuela Internacional de Entrenamiento YMCA en Springfield, Massachusetts. Pero se encontró con una clase alborotada que no podía desfogarse con los deportes populares de aire libre como el rugby o el beisbol durante los meses de invierno. Por ello, el director de su departamento le pidió —o más bien le dio un plazo de dos semanas— para que crease algún juego que pudiese practicarse en interior, con techo bajo y poco espacio y que mantuviese en forma a los alumnos, que fuera inclusivo con todos y no demasiado agresivo.

Con esas directrices, Naismith tomó como referencia los deportes de más éxito en esos tiempos y empezó a seleccionar lo útil de cada uno y valorar sus peligros para adaptarlos. Una pelota como la de fútbol haría menos daño. Pasarla limitaría el contacto físico y, con ello, las posibilidades de agresiones, pero más aún lo haría si colocaba el objetivo del juego con encima de sus cabezas. Organizó todo en 13 reglas, y en diciembre de 1891 se jugó el primer partido —diferente al que conocemos hoy, por supuesto—.

Pero, aunque interesante, no nos centraremos en este momento en esa historia. Volvamos con Senda.

El primer equipo femenino

Recordemos que Senda estaba en busca de algo que hiciera la gimnasia más divertida para sus alumnas. Cuando ella comenzó no era capaz de aguantar sentada tocando el piano más de dos horas, y aunque confesó que sus primeros meses fueron durísimos, acabó convencida de la necesidad de implantar un ejercicio físico obligatorio. Pero eso no iba acorde con la mentalidad de la época, sobre la que ella misma escribió más adelante:

“Hasta los últimos años, el ideal de mujer era una damisela de cintura pequeña, pies pequeños y cerebro pequeño, que se enorgullecía de su delicada salud, que pensaba desmayarse era interesante, y el histerismo, fascinante”.

Era el año 1892, y leyó acerca de la invención de James Naismith y pensó que sería interesante aplicarlo a sus alumnas para motivarlas. En vez de las cestas de melocotones que Naismith clavó en los extremos del gimnasio para los hombres, Senda utilizó cubos de basura e implantó el juego con las mismas reglas originales. El éxito fue inmediato entre las chicas.

Equipo de baloncesto del Smith College de 1902

El primer partido de baloncesto femenino

El 22 de marzo de 1893 se celebró el primer partido de alumnas de primer curso contra las de segundo. Se hizo con público exclusivamente femenino y las jugadoras llevaban bombachos y un uniforme azul con un lazo del color de su clase; verde para las de segundo y lavanda para las de primero. Fueron las mayores las que ganaron este primer encuentro.

Como curiosidad, cuando Senda hizo el saque inicial, dislocó sin querer el hombro de una jugadora que tenía el brazo demasiado estirado. Esto provocó que el primer partido de baloncesto femenino de la historia empezara con retraso.

Tras él, Senda lo calificó como un experimento y no quiso fomentar la competencia con otros colegios, pero sí entre clases dentro de la misma escuela. También realizó una encuesta y todas las chicas —salvo una; siempre tiene que haber una excepción— dijeron sentirse mejor, más resistentes, hábiles, valientes, saludables y felices.

Las reglas del juego

Uniforme femenino del Smith College

A pesar del éxito, Senda consideró que era demasiado violento y decidió adaptar las reglas a las condiciones físicas de las chicas. Además, pretendía que el baloncesto fuera más allá de un simple entretenimiento para la asignatura de educación física y sirviera también como complemento a los estudios con el hecho de aprender a seguir unas normas y una disciplina, y aprender a tomar decisiones durante el juego. Como aliciente, si alguna suspendía otras asignaturas, no se le permitía jugar.

En 1899 publicó la primera edición de la Guía del Baloncesto para Mujeres, y pasó los siguientes años perfeccionándola. Su reglamento se continuó utilizando hasta 1960. Ella murió en 1954, antes de que dejara de utilizarse, y llegó a ver el primer Mundial femenino de baloncesto, pero no cómo se convertía en un deporte olímpico —cosa que sucedió en los Juegos de Montreal de 1976—. Años después, en 1985, se convirtió en la primera mujer que entró en el Salón de la Fama del Baloncesto.

Pero, aunque se centró en este deporte, no fue el único que adaptó a las mujeres. Hizo lo mismo con el hockey sobre hierba y el voleibol.

Marta Elías Viana

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